Opinión
23 de Octubre de 2026
Crítica de película / “Clayface”: mucho talento, poco riesgo
Por Cristián Briones
A medio camino entre el terror corporal y el cine de superhéroes, “Clayface” apuesta por explorar la caída de un actor obsesionado con recuperar su belleza y su fama. En su columna, Cristián Briones analiza una película que tenía todos los ingredientes para destacar, pero que, a su juicio, no se atreve a llevar sus riesgos hasta las últimas consecuencias. "El punto con una buena película de terror, es que “haga daño”. Que te remueva en el asiento y en el recuerdo posterior. Y cuestiono muchísimo que 'Clayface' logre esos objetivos. Que no es lo mismo que decir que no tenga un valor propio", escribe.
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“Clayface” es un personaje de DC Cómics. Un villano de Batman cuya primera iteración data de 1940, homenajeando a Boris Karloff y Basil Rathbone y que terminaría cambiando de protagonistas hasta asentarse en su versión definitiva: un actor hollywoodense en busca de recuperar la fama perdida, termina sometiéndose a experimentos que destruyen su cuerpo y lo convierten en una maleable arcilla viviente. De ahí, se entrega al crimen.
En el papel, una historia de caricatura. En las manos correctas, un estudio de personaje sobre las encrucijadas de la belleza hegemónica, y las tragedias de la fama y el estrellato. Que fue, básicamente, lo que hizo Coralie Fargeat con “La Sustancia“. Aunque agregó el factor de la perspectiva de género, algo que puso un nuevo foco a la añeja y en apariencia simplona idea de Clayface.
Así funciona el crisol creativo. Los medios se mezclan y se remezclan, y las historias se empujan a sí mismas gracias a los puntos de vista de autores y cineastas con el talento para poner en pantalla relatos supuestamente trillados, en géneros cuyos clichés ya debieran estar agotados. Pero que siempre terminan con la posibilidad de entregar algo nuevo.
Esa era la tarea James Watkins, cineasta británico que iniciara su carrera de manera inquietante con “Eden Lake” en el 2008, y luego “Shut Up And Dance“, uno de los mejores episodios de “Black Mirror“. De ahí, un bajo perfil hasta que vuelve al terror con el remake de “No Hables Con Extraños” y de manera casi inmediata se haría cargo de este proyecto que forma parte del nuevo Universo DC de James Gunn y Peter Safran. Un guión que iniciara Mike Flanagan, hoy en boga por su serie de “Carrie“, con Matt Reeves como respaldo y que terminaría en los textos de Hossein Amini, guionista de “Drive“. Todo para una película que transcurre en Gotham y en Coast City, y pertenece al mismo mundo en donde existen Superman, Supergirl y Lanterns.
Muchos nombres. Mucho talento. En el papel, toda la gente indicada, tomando la decisión correcta. Porque todos estos recovecos sirven para llegar a una nueva versión de esta historia del actor que desea recuperar su bello rostro después de haber sido desfigurado y así volver al estrellato. Sólo que esta vez, el atrevimiento es en clave de terror corporal. Un subgénero del horror que cuadra preciso con el material base.
Entonces, ¿por qué no estamos destapando el champagne y celebrando? Perdonando el usar una referencia bíblica para algo tan pueril, estamos ante esa parábola en que uno de los siervos tan sólo entierra el talento, por miedo a perderlo y fallarle a su amo.
No es que “Clayface” sea una mala película ni mucho menos. Es que tenía todo para ser una película muchísimo mejor.
Tom Rhys Harries encarna a Matt Hagen y no falla en poner matices interpretativos en su descenso a la locura y al crimen. Naomi Ackie cumple a la perfección con el rol de la científica creadora de aquella sustancia que termina convirtiendo a su paciente en un ser incontrolable y que en ese camino, confunde sus emociones. La música del ganador del Oscar Volker Bertelmann, funciona. La fotografía de Rob Hardy, colaborador fijo de Alex Garland, es la responsable de que sea la primera vez que vemos Gotham en este nuevo Universo DC, calcada a la Gotham de Matt Reeves, y está impecable en su cometido. La historia es precisamente un clásico de los cómics ambientados en esa ciudad: Si tener un mal día en Gotham te convierte en un héroe o en un villano.
Todo está bien. Es simplemente que nada es excepcional. Y en el papel, con la gente y el talento incluido, y especialmente con los riesgos tomados, esto último era lo que se esperaba. Y ocupo el término “riesgo”, porque hacer una película de body horror en una franquicia de superhéroes, no es exactamente algo que se hubiera hecho antes. Y esta parte vuelve más interesante el fenómeno del DCU: el hacer apuestas creativas en un momento en donde todos están jugando sobre seguro. Si esto es mérito suficiente, dependerá justamente del género escogido. Porque si hay algo que nunca se sabe con el terror, es qué tanto sentido le haga algo a sus audiencias.
“Clayface” se expone justamente a esto. A lo que le pasó a “Joker” cuando quiso estar en las ligas scorsesianas o a “Logan” y el western crepuscular. Las virtudes se miden en la categoría en la que te pesas. El mayor problema para destacar en el terror, es que o se ejecuta de manera precisa, o se instala un tema de fondo. Y el director James Watkins se quedó sin firma autoral o no las suficientes imágenes grotescas de esas que sacan barullo en la sala de cine. Decidió enterrar el talento. Lo que es lamentable, porque “Clayface” eligió ser otra cosa. Y no sé si alguien pueda justificar el terminar molesto al salir del cine, pero el punto con una buena película de terror, es que “haga daño”. Que te remueva en el asiento y en el recuerdo posterior. Y cuestiono muchísimo que “Clayface” logre esos objetivos. Que no es lo mismo que decir que no tenga un valor propio.
Porque hay algo en lo que acierta “Clayface“. No es otra película de origen de villano. No es un anti-héroe por el cual sintamos empatía y celebremos hasta que la secuela nos envíe rumiando de vuelta al hogar. Es un descenso a la locura de un personaje que no dimensiona el daño que causa, algo muy idiosincrático de Gotham City. Y este viaje está en otro tono. No es una película que se parezca a cualquiera de las otras 50 películas allá afuera que están basadas en cómics. Hay un tema de fondo, el cómo reaccionas a la caída, cómo te ve el resto cuando estás en el suelo y cómo te ves a ti mismo cuando vuelves a tener una mota de poder para levantarte. Lo que no hay en la película, es la intención de subir esa apuesta y forzar todavía más la mano para ponerlo en pantalla.
Puede que “Clayface” no sea extraordinaria en esos aspectos, pero quedará ver si tendrá éxito en relación a su bajo presupuesto ($44 millones de dólares) y con ello abre la puerta a más experimentos como este. Si el estudio está repartiendo talentos en ese nivel de presupuesto, ojalá lleguen autores menos timoratos y más dispuestos a invertirlos. Gente que aproveche cualquiera sea el género en el que puedan poner estas historias de caricatura y convertirlas en algo más. Enterrar el talento para no correr el riesgo, ya no es una opción.



