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Opinión

25 de Octubre de 2026
Gonzalo Arenas
Gonzalo Arenas

Perfil de Kike Mujica a Gonzalo Arenas: El pararrayos de Kast

El nuevo vocero es un viejo conocido del Presidente y del biministro Claudio Alvarado, artífice de su llegada a La Moneda. Después de más de cinco meses sin un portavoz —desde la salida de Mara Sedini—, el Gobierno estrena un diseño singular e inédito para enfrentar los problemas comunicacionales que le reprochan desde sus propias filas. ¿Cuál es la misión de Arenas?

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El día de furia

18 de agosto del 2009. Gobierno de Bachelet. La Cámara decide interpelar al ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, por la violencia en la Araucanía.

De pronto, flash. El diputado de la UDI, Gonzalo Arenas, se acerca, enardecido, a la testera del hemiciclo y encara a Pérez Yoma.

“Toma, viejo de mierda”, grita y le lanza un papel en la cara.

Pérez Yoma, de armas tomar, le devuelve, ojos desorbitados, el papel.

“¡Llévate tu hueva, huevón!”, responde.

El papel de marras es un decreto de indulto al comunero mapuche Víctor Manuel Ancalaf, condenado por ataques incendiarios.

Cuando la situación parece desbordarse, aparece el diputado Claudio Alvarado, compañero de bancada de Arenas, para calmarlo y apagar el polvorín.

Un viejo conocido

Desde esos días que Alvarado y Arenas tienen una estrecha relación política. De hecho, el actual ministro, en Piñera 2.0, lo llevó como asesor a la Segpres.

“Se conocen desde que eran diputados. Alvarado fue quien propuso el nombre de Arenas y quien lo promovió frente al presidente. Esa relación pasada presume que van a jugar como tándem. Arenas será leal con Alvarado”, me dice un UDI.

También es cercano a Máximo Pávez, el otro subsecretario que depende de Alvarado. Se conocieron en la UDI en 2010. Arenas era muy cercano a Kast. Pávez entró ese año al partido. Kast lo reclutó para que fuera su jefe de gabinete.

“Después fui asesor de la Fundación Jaime Guzmán y Gonzalo era de la bancada”, me cuenta el subsecretario Pávez. “Nos hicimos cercanos y amigos. De hecho, fue a mi matrimonio. Me acompañó ese día. Le tengo mucho cariño y nos llevamos muy bien”, agrega.

Firme junto a Kast

Dicen que el presidente Kast no olvida. Para bien o para mal. Su arriesgada apuesta por presidir la UDI tanto en 2008 como en 2010 —Juan Antonio Coloma le ganó las dos veces— contó con el apoyo decidido de Arenas. “Un respaldo que no resultaba sencillo otorgar: Kast arremetió contra los coroneles”, recuerda un UDI.

“Con Arenas viajamos por todo el país apoyando a Kast en 2010”, recuerda Pávez.

“Arenas, Squella y Álvarez fueron los más jugados por José Antonio”, me cuenta un UDI.

Arenas y Kast coincidieron en la Cámara. Y compartían posturas “valóricas” dentro de la UDI: eran los más conservadores dentro de un mundo conservador. La “derecha cavernaria”, como los llamó Mario Vargas Llosa.

Kast renunció a la UDI en 2016. Arenas en 2022.

Gonzalo Arenas (2)

FORMACIÓN MILITAR Y PORTALIANA

Arenas tiene 53 años. Su madre es Pamela Hodar, estrella de la TV ochentera; su padre, Juan Arenas, fue militar. Antes de ingresar a Derecho en la UC —se tituló de abogado en 2021—, estuvo en la Escuela Militar. “Para él, ese paso fue clave en su formación. Siempre lo decía: ‘Ahí me formé en el rigor’”, cuenta una persona que lo conoce desde hace 30 años.

Otra inspiración es Diego Portales, figura tutelar de la derecha conservadora criolla. Arenas ha escrito siete libros, dos de ellos sobre Portales y otros dos sobre Antonio Varas.

“Hablar de Diego Portales es hablar de la política presente. Era una mente muy potente con una voluntad aún más potente. Por eso era un político excepcional”, ha dicho.

Arenas alaba el pragmatismo de Portales: “No es lo que nos gustaría, lo que soñamos: lo que funciona es lo que hay que hacer, pensaba”.

Para el nuevo vocero, ser portaliano es “adscribir al orden y al servicio público. Que exista una autoridad que mande, no porque tenga el poder, sino porque representa sabiduría, entrega, abnegación. Que esté dispuesto a jugarse por el bien común, por sobre el bien individual. Ser portaliano hoy es un ethos republicano más que un sistema político”.

“Arenas tiene peso intelectual, es muy culto y estudioso. No son atributos muy propios de los políticos hoy”, me dicen. Es magíster en Historia de la U. de los Andes y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid.

Ha trabajado en varias universidades: Andrés Bello, en Los Andes y en la San Sebastián, su último trabajo antes de llegar a La Moneda: era hasta hace unos días decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad San Sebastián.

Ingresó a la Juventud de la UDI en 1993. Postuló como diputado en 1997 por Puente Alto: perdió. En diciembre del 2005 llegó a la Cámara por el distrito 48 (La Araucanía). Ganó de nuevo en 2009, pero perdió en el 2013.

Al igual que Kast, renunció a la UDI.

“Yo fui militante de la UDI desde los 18 años. Me fui porque consideraba que no era compatible la academia con la militancia en un partido político”, dijo esta semana al asumir como portavoz.

“Hoy es más cercano a republicanos que a la UDI”, me dice un parlamentario gremialista.

CONVIVIENDO CON LOS GERENTES

“Hay algo en la derecha que nos mata: la distancia con lo político y que en lo privado está la virtud y la eficiencia. Todos los presidentes de derecha, Alessandri, los Piñera y Kast, han tenido el mismo inicio: mucho independiente, muchos gerentes, pocos políticos… después de un tiempo se dan cuenta que necesitan a los partidos, que la política es distinta a una empresa y vuelvan los de más experiencia. Entonces, lo que me sorprende siempre es cómo caemos en el mismo error y terminamos haciendo la misma rectificación… algo falla”.

El que habla es Arenas. Sin guitarra aún. Es junio de 2026. Conversa en un podcast con Marco Antonio Núñez. Parece una profecía autocumplida: él, según el oficialismo, es uno de “los experimentados”. “El mejor nombre que podían elegir”, agregan.

Ahora deberá entenderse con “los gerentes” del gabinete. Cuando los políticos, los de derecha, hablan de “los gerentes”, se refieren a las personas que llegan a La Moneda y que no conocen los códigos no escritos de la política cotidiana: sus tiempos, sus prácticas, sus humores, las bajezas, las traiciones, las convicciones cambiantes y lealtades circunstanciales.

Políticos y gerentes —de derecha— viven en el mismo vecindario, el de las élites. Pero se olfatean con desconfianza.

“A los ‘ministros gerentes’, por llamarlos de alguna manera, les cuesta identificar escenarios riesgosos. No viven atentos y ‘saltones’ tal como los buenos políticos. No fuman bajo el agua. Quizá lo hacían en sus cargos profesionales: todos son exitosos y brillantes. Pero en la política no basta con eso”, define un dirigente del oficialismo.

Arturo Squella, tras el nombramiento del primer gabinete, habló del equilibrio entre lo técnico y lo político.

“Tiene que haber conocimiento político, conocimiento de cómo funciona el Congreso Nacional, de cómo son los partidos políticos, cómo somos de mañosos quienes estamos en alguna de las Cámaras y en el detalle de algún proyecto de ley, en una comisión, y le dedicamos mucho tiempo, como para que venga alguien que no conoce el mundo de la discusión legislativa a decirnos ‘esto tiene que ser así porque yo en una empresa lo hacía así’. (…) Eso se va supliendo en función de un trabajo en equipo”.

Arenas tendrá que activarse, como todo portavoz, a apagar incendios, pero sobre todo a adelantar escenarios riesgosos. Un buen portavoz no soluciona problemas: los evita.

Y vaya que necesita eso este gobierno. Experiencia política para siempre salir jugando. Capacidad para instalar temas en la agenda (y sacar otros).

“Lo que ocurrió esta semana con la rebaja de penas es el mejor ejemplo de la ausencia de un análisis político previo de las consecuencias y del impacto de una medida en la opinión pública. ¿Estaba todo dentro de lo legal? Sí. ¿Políticamente se actuó bien? Pésimo”, me dice un dirigente oficialista.

La decisión del gobierno, de echar marcha atrás con la rebaja de penas, fue una reacción. El viernes optaron, tardíamente, por la acción. Tardío.

Squella nuevamente sacó a colación la inexperiencia política: “Es evidente que, frente a algo así, una persona que lleva muchos años en política habría dicho ‘mire, si yo firmo esto como me mandata la ley, en el fondo me van a cuestionar, así que prefiero lavarme las manos y que sea el tribunal el que me mandate’. Claro, eso efectivamente se le ocurre a alguien que lleva más años en política. Eso no significa que alguien que actúa en función de lo que mandata la Constitución y la ley esté en falta. Todo lo contrario”.

Otra de las falencias de La Moneda es la parsimonia con que el Gobierno ha enfrentado crisis que ameritaban urgencia.

Ejemplo: las pérdidas del Fondo E. El viernes 9 de octubre la Superintendencia de Pensiones difundió la mala noticia: el fondo E cayó 10,39% entre enero y septiembre. Recién el 14 de octubre, un ministro se refirió al tema: Daniel Mas. El 19 de octubre, cuando el problema ya se había convertido en un avispero, el biministro Alvarado decidió marcar un punto político, no técnico, que era lo que se necesitaba. Dijo: “Con el ahorro de los chilenos no se juega”. Lo podría haber dicho el lunes 11, no el lunes 19.

Esta semana el ministro del Trabajo, Tomás Rau, enervó al oficialismo cuando sugirió que las personas afectadas por el Fondo E pensaran posponer su jubilación.  “Necesitamos conocer esta investigación, si va a haber sanciones, si va a haber restitución patrimonial o no. Entonces, en la medida que uno pueda no tomar la decisión en estos meses actuales, la prudencia es buena consejera en este caso. Nosotros pedimos no tomar decisiones apresuradas, en la medida en que se pueda postergar por unos meses”.

El senador Andrés Longton le respondió yendo, nuevamente, a la experiencia política:  “Claramente que son muchos ministros los que llegaron al gobierno sin experiencia política previa, por lo tanto es un constante aprendizaje desde el punto de vista de las expresiones que utilizan.

“Falta de sensibilidad social y, sobre todo, política”, criticaron desde Evopoli a la UDI.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ya había recibido las mismas críticas al decir, antes de la ola de lluvias y frío y olvidando que existe el sur de Chile, “hoy día nadie consume parafina, porque a estas temperaturas la verdad es que el consumo es mínimo”.

Un férreo aliado de Quiroz, fue duro con él. El senador Rodolfo Carter en el podcast “Entender es todo” de The Clinic me dijo: “la frase no fue feliz, fue muy desafortunada. Este tipo de torpezas son muy duras. Dos taxistas en Temuco me pidieron que le dijera al ministro que en “Temuco no hacen 30 grados”

Conocidas son las desavenencias ministeriales y los arrebatos verbales. Trabajo de Arenas: ordenar voces y afiatar a la orquesta. Restarle espacio a la improvisación. 

Duda: ¿el presidente debe hablar más o menos?

SUBIR EL VOLUMEN

“Fui parlamentario ocho años. Dije muchas cosas. Fueron opiniones personales en su momento. De algunas me arrepiento, de otras más o menos, de otras no. Pero hoy día estoy en mi rol de vocero de gobierno y, por lo tanto, es lo que me corresponde”, dijo al asumir el cargo.

Alguien que lo conoce “desde hace 30 años” —camaradas en la UDI— dice que su gran talón de Aquiles es el mal genio. “No lo he visto últimamente, pero era muy irascible, muy picota, muy visceral”.

El buen portavoz debe ecualizar a la perfección la severidad con la templanza. Cara de póker, en buen chileno. Habrá que ver.

“Está más viejo: ya no es polvorita. La experiencia suele moderar”, dicen en Palacio.

“El temperamento le puede jugar a favor. Alvarado y García Ruminot son grandes negociadores, pero su fuerte no son las comunicaciones. Lo suyo es más las bambalinas, son callados, menos elocuentes que Arenas. La idea es transmitir seguridad, aplomo”, me dicen en Palacio.

Se trata, entonces, de subir el volumen.

¿UN CAMELLO?

Se repite tanto que se convirtió en cliché: “el problema del gobierno es comunicacional”. Que no hay relato ni definiciones. Que los logros se los lleva el viento y los errores quedan varados.

El oficialismo fue majadero: necesitamos un vocero. RN y la UDI miraron con hambre el cargo. Perdieron en esta pasada. “El gobierno no quería un vocero”, me dicen.

“El éxito o no de la gestión de Arenas tiene que ver con cuánta cintura tendrá para moverse a sus anchas”, me dice un ex-Secom del gobierno de Piñera.

“Hay que ver cuál será la verdadera responsabilidad que tendrá Gonzalo Arenas o simplemente va a ser alguien que hace de speaker o parlante de lo que determinan otros”, dijo Mara Sedini en Radio Bío-Bío.

“Lo primero es definir quién conduce la estrategia y quién toma las decisiones comunicacionales: ¿va a ser Arenas?, ¿va a ser el ministro Alvarado?, ¿va a ser el Segundo Piso?, ¿va a incidir directamente el presidente?”, se pregunta.

Para muchos en el oficialismo, el modelo diseñado es “singular”. “Un ministro que no es ministro. Un vocero que es subsecretario. Y que además integra el comité político. Eso no lo habíamos visto nunca. Habrá que ver si funciona”, dice un RN.

El diseño, que está en desarrollo y que pocos dicen conocer en La Moneda, es vocerías de Arenas programadas los lunes, miércoles y viernes. La idea es que los martes hable el ministro de Seguridad, Martín Arrau. Eso aún está en veremos. Y que los jueves se turnen ministros del área económica con los del área social.

“Es un camello”, me dice un ex-Secom. “Debería ser ministro. Por rango. ¿Podrá tratar de tú a tú a los ministros? Además, los subsecretarios tienen mucho trabajo administrativo”, agrega.

“Hay claramente que ordenar la coordinación entre ministerios y ahí creo que hay una patita floja por el hecho de que es un subsecretario y no es un ministro”, argumenta Sedini.

En La Moneda argumentan que al andar se verá si el esquema funciona. “Les tiene que funcionar: no resiste otro fracaso con la vocería. Si eso pasa, el vocero no sería el problema: es el modelo. Y eso es estructural”, dicen en el oficialismo.

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