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De cultivar hortalizas a aprender robótica en Aysén: los 57 años del Programa Haciendo Escuela y las oportunidades que abre en la educación pública

Desde un colegio en la Patagonia que incorpora robótica, ciencia y un huerto escolar hasta otro que recibe a cientos de estudiantes de familias migrantes en Santiago, dos directores y sus equipos educativos cuentan los desafíos de la educación pública y cómo el programa Haciendo Escuela de Falabella busca apoyar los aprendizajes de niños y niñas.

Por 6 de Noviembre de 2026
Foto: Francisco Paredes / The Clinic.
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Una escuela con huerto, acercamiento a la ciencia con foco en cerrar las brechas de género, clases de programación y robótica que llevan a sus estudiantes a concursos fuera de la ciudad, un grupo folclórico que realiza giras nacionales e internacionales… Para muchos niños y niñas en Chile, estudiar en un establecimiento con esas características es un privilegio económico al que no todos pueden acceder.

Para los niños de la población Víctor Domingo Silva, en Coyhaique, esa es su realidad. En la escuela que lleva el mismo nombre de la población donde se ubica, estudian 178 niños cuyo aprendizaje no solo se relaciona con lo que ocurre en la sala de clases, sino también con los numerosos talleres y proyectos que ofrece el establecimiento.

Estudiantes de la Escuela Victor Domingo Silva trabajan en el huerto de la escuela. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

Las brechas de aprendizaje —en su mayoría socioeconómicas— siguen siendo uno de los principales desafíos del sistema educativo chileno. Se reflejan en los resultados del SIMCE de enseñanza básica y media: En 2025, los estudiantes de cuarto básico pertenecientes al grupo socioeconómico alto obtuvieron, en promedio, 49 puntos más en Matemática y 43 puntos más en Lectura que aquellos del grupo socioeconómico bajo.

Y se evidencian, en mayor proporción, en quiénes acceden a la educación superior y obtienen un título universitario. Según un informe de la OCDE, en Chile el 68% de los adultos jóvenes de entre 25 y 34 años que tienen al menos un progenitor con estudios superiores también consiguió una titulación de ese nivel. En cambio, entre quienes tienen padres que no completaron la enseñanza media, la proporción llegó apenas al 25%.

Más allá de las políticas públicas, distintas organizaciones e instituciones desarrollan iniciativas para enfrentar estas desigualdades. Entre ellas se encuentra el programa Haciendo Escuela de Falabella, que existe desde 1969, cuando la empresa ayudó a reconstruir parte de las instalaciones de la escuela E-53, en Estación Central, afectadas por el terremoto de La Ligua de 1965.

Hoy, el programa —que en sus inicios se concentraba en la ayuda económica directa— apoya con iniciativas de fortalecimiento de aprendizajes, formación docente y desarrollo de habilidades a las 53 escuelas que forman parte de él a lo largo de Chile. La última escuela en integrarse fue la Víctor Domingo Silva, en Coyhaique.

Coyhaique es la principal ciudad de la Patagonia chilena, ubicada en la Región de Aysén al extremo sur del continente. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

La historia de la escuela patagónica

“Recibí la escuela en un estado bastante bajo. Los funcionarios me manifestaban constantemente que la escuela era una escuela abandonada, que no era considerada por la autoridad educacional”, cuenta Marco Navarro a The Clinic, quien dirige el establecimiento desde hace seis años.

“Hoy día eso ha cambiado. Nuestros resultados de aprendizaje van avanzando cada día más, al igual que nuestras prácticas pedagógicas”, relata.

Uno de los principales orgullos de la escuela es su huerto. Lo que antes era un terreno baldío hoy alberga un espacio donde los estudiantes cosechan hortalizas y plantas que después consumen en su iniciativa “Del huerto a la mesa”, donde aprenden recetas y cocinan lo que ellos mismos cultivan.

Hay más de diez niñas trabajando en el huerto, todas de distintas edades. En un extraño día soleado para el clima habitual de la Patagonia, plantan los primeros girasoles que tendrá la escuela. Todas aran la tierra, utilizan los materiales con confianza y saben identificar lo sembrado por las hojas que se asoman sobre la superficie. Una de las niñas, de primero básico, trae unas hojas de perejil para que sus compañeras las prueben.

Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

“En el huerto hemos encontrado aliados. Que cosechen las hortalizas y que después las transformen en un panqueque de acelgas que no comen en su casa y que acá en la escuela lo deleitan porque le encuentran un sabor distinto”, cuenta el director con una sonrisa.

Relata además que el lugar donde está el huerto e invernadero era un sector donde antiguamente estaba la leña para calefaccionarse la escuela, y por lo tanto ese espacio quedó como un sitio baldío. Cuando decidieron arreglarlo, estaba lleno de restos de madera, vidrio y piedra. En una jornada de fin de semana los apoderados y los funcionarios fueron a trabajar un sábado y limpiamos todo el sector.

Al huerto se suman otros talleres. El de robótica, por ejemplo, destaca por su participación en la First Lego League, una competencia de robótica a la que han asistido en los últimos años.

Según el director, también es importante acortar las brechas de género, sobre todo en el área científica. “Hoy día tenemos niñas que representaron a nuestra escuela en el Congreso Regional de Ciencia y yendo a representar a Coyhaique en el Congreso Nacional. Esas cosas nos van llenando de esperanza”.

También está el grupo folclórico del colegio. Todos los instrumentos, así como el canto y el baile, están a cargo de los alumnos. El año pasado participaron en la Expo Patagonia, en Santiago, y llegaron hasta el Congreso Nacional, en Valparaíso, con una presentación de chamamé, el baile típico de la Patagonia. Una de las estudiantes —que toca el acordeón como una profesional—, recibió clases particulares para aprender a tocar el instrumento, pagadas por el director de la escuela, luego de que él notara su interés.

Ensayo del Conjunto Folclórico de la Escuela Victor Domingo Silva. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

“Todo lo que hablo es generar oportunidades de vida para nuestros estudiantes, para nuestros niños”, afirma el director.

Este es un espíritu que comparte el resto de la planta directiva del colegio. La actual jefa de la Unidad Técnico Pedagógica, Elizabeth Prat, cuenta que cuando llegó al colegio en el 2021, uno de los principales desafíos fue “sumar fuerzas para que construyéramos una idea en común”.

“Una de las primeras tareas que empezar a dar forma a las ideas que teníamos de cómo íbamos a enfrentar la educación de nuestros estudiantes. Nos pusimos desafíos y empezamos a ponernos metas altas para nosotros. Dejamos de hablar de que llegaran a octavo básico o a cuarto medio y empezamos a hablar de universidad, de institutos. Y desde entonces empezamos a generar algunos talleres que nos dieron luces”.

Sin embargo, pese a los avances, el establecimiento todavía enfrenta dificultades. Navarro estima que la escuela tiene un 89% de vulnerabilidad y explica que, aunque sus cursos no superan los 25 estudiantes, las necesidades educativas de sus alumnos exigen un trabajo constante de los profesores.

Entre las principales carencias menciona la necesidad de seguir mejorando la infraestructura y, especialmente, ampliar las posibilidades de capacitación docente. Según el director, para él es importante “recibir las capacitaciones correspondientes para que nuestros docentes estén al día en cuanto a metodología y que no tenga que salir esa capacitación de su bolsillo”.

Ese fue uno de los motivos por los que la escuela decidió integrarse al Programa Haciendo Escuela. Tras conocer el programa, el establecimiento recibió una visita de representantes de Falabella. Menos de un mes después recibieron la confirmación de que serían parte de la iniciativa.

“Estamos muy entusiastas de ser parte del programa Haciendo Escuela, porque queremos recibir el acompañamiento que ofrece el programa. Hemos avanzado mucho en este tiempo, pero queremos seguir avanzando”, afirma.

Los desafíos de Santiago

A más de 1.600 kilómetros de Coyhaique, la primera escuela que ingresó al programa sigue siendo parte de él, 57 años después. Rebautizada como Escuela Arnaldo Falabella tras su incorporación, hoy es uno de los establecimientos con mayor demanda en Estación Central.

Frontis de la Escuela Arnaldo Falabella, en Estación Central, Santiago. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

Tiene aproximadamente 730 estudiantes y funciona a su máxima capacidad, con una lista de espera de al menos 100 alumnos. En el último proceso de postulación recibió más de 200 solicitudes para los 50 cupos disponibles en prekínder.

Esto se debe, en parte, a los cambios demográficos del sector. Según estimaciones de la escuela, el 70% de sus estudiantes son migrantes, mientras que los demás son chilenos hijos de inmigrantes establecidos en el país.

Para el director, la diversidad cultural es parte de la identidad actual del establecimiento, pero también plantea desafíos particulares. Uno de ellos es la relación con las familias, muchas de las cuales enfrentan extensas jornadas laborales.

En algunos casos, explica, ambos padres deben trabajar durante gran parte del día para sostener económicamente el hogar. “Son niños llave, que a veces uno les llama, y que traen su llavecita colgando porque están prácticamente el día solos”, relata el director Marcelo Ramírez.

Por eso, la escuela también cumple una función de acompañamiento cotidiano. Los estudiantes asisten a jornada escolar completa, desde las ocho de la mañana hasta las tres y media de la tarde, y una parte importante recibe alimentación a través de los servicios del establecimiento.

Un curso de cuarto básico en sus minutos de lectura, parte del material pedagógico que reciben de Haciendo Escuela. Foto: Francisco Paredes / The Clinic.

Para Ramírez, ese contexto vuelve especialmente relevante el trabajo en habilidades socioemocionales, inclusión y liderazgo, ámbitos que forman parte de las iniciativas del programa. “Para nosotros los temas de inclusión son relevantes, es parte del perfil del colegio, parte de la cultura con tanta población inmigrante”, afirma.

El apoyo de Haciendo Escuela también se concentra en los aprendizajes de Lenguaje y Matemática, especialmente entre primero y cuarto básico. Ese acompañamiento se realiza mediante Aptus, organización especializada en asesoría pedagógica.

Ramírez explica que el trabajo incluye asesoría permanente a los docentes, acompañamiento dentro de la sala de clases, entrega de libros y materiales didácticos y coordinación con la jefatura técnico-pedagógica. Las actividades se desarrollan tanto presencialmente como en modalidad remota.

A diferencia de las jornadas de voluntariado, en las que trabajadores de Falabella participan en talleres y actividades puntuales con los estudiantes, las iniciativas pedagógicas mantienen una presencia durante todo el año escolar. “Ese para nosotros es el programa más fuerte y relevante”, asegura.

“Para ser transparentes y sinceros, este tipo de asesoría y acompañamiento se dan más bien en el sistema privado, donde hay recursos disponibles para ello. En el caso de nosotros como servicio público, sería imposible, no podríamos tener acceso”, asegura el director.

El acompañamiento también busca fortalecer las capacidades de los propios docentes, quienes pueden incorporar nuevas metodologías y materiales a su trabajo cotidiano.

Una de las profesoras de tercero básico de la escuela, Claudia Tapia, tiene 16 años en el establecimiento. Cuenta que en ese momento “se implementó lo que era Aptus, el tema del método matemático, apoyo a la lectoescritura, que los niños aprendieran a leer, a escribir, metodología y estrategia matemática, resolución de problemas, el trabajar con material concreto, todo eso es un aporte para que uno pueda seguir enseñando y ayudando a los chicos a salir adelante”.

“Todo lo que tenga que ver tanto en lo social, en lo económico, en lo pedagógico, es un aporte, siempre va a ser bienvenido para un colegio, sobre todo un colegio vulnerable”, cuenta.

Resultados del programa

Según los resultados de las evaluaciones de Haciendo Escuela de 2024, la proporción de estudiantes evaluados que alcanzó el nivel considerado deseable en comprensión lectora pasó del 25% al 54%. En Matemática, el indicador aumentó del 23% al 50%.

Tras más de medio siglo de relación con Falabella, la expectativa del establecimiento es seguir profundizando las iniciativas pedagógicas: “Estamos abiertos a contribuir desde nuestra experiencia al programa”, asegura Ramírez.

Desde la empresa, expresan que “desde hace más de cinco décadas que en Falabella asumimos un compromiso que sigue muy vigente, que es trabajar junto a las escuelas para abrir más oportunidades a niños y niñas a través de la educación. Con el Programa Haciendo Escuela acompañamos a más de 12 mil estudiantes, generando impacto en todas las comunidades educativas de las comunas donde estamos presente”, dijo Malena Marcalle, gerente de sostenibilidad de Falabella.

“Es un programa que busca mejorar el aprendizaje de niños y niñas en la enseñanza básica a lo largo de todo Chile. Busca poder entregar más oportunidades a estos niños y niñas para que puedan desarrollar su máximo potencial”, agrega.

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