Sebastián Lelio y su nuevo musical La Ola a siete años del mayo feminista: “No hay manera de prever que tu película caiga en el momento justo”
A pocos días del estreno de “La Ola”, su musical feminista inspirado en el mayo chileno de 2018, Sebastián Lelio reflexiona sobre la osadía de abordar temas incómodos con humor, la coautoría con mujeres y el péndulo social que hoy parece moverse en contra de las conquistas feministas. “La película está con ellas”, dice el director, a 20 años de su debut con “La sagrada familia”.
Por Felipe Betancour 2 de Agosto de 2025
Compartir
Suscríbete al newsletter
Sebastián Lelio se conecta puntual a la videollamada desde su casa. El realizador chileno está ad portas de estrenar en el país su nueva película: “La Ola”, un musical feminista gestado durante siete años, que se perfila como la obra más ambiciosa del ganador del Oscar por Una mujer fantástica.
El propio Lelio ha destacado la complejidad de desarrollar una propuesta de este tipo en un contexto donde casi no existen antecedentes del género. Su impulso por explorar el musical tuvo como inspiración el mayo feminista de 2018, movilización nacida principalmente en las universidades chilenas.
Fueron las estudiantes quienes alzaron la voz y coparon el espacio público para exigir, entre otras demandas, la implementación de protocolos de género y sanciones efectivas para agresores que ejercían funciones o cursaban estudios en esas instituciones.
Ese momento histórico de reivindicación feminista en el país es representado en “La Ola” a través de la historia de Julia, una estudiante de música becada —interpretada por la joven actriz Daniela López— que atraviesa el proceso de denunciar a su ayudante del ramo de canto, en medio de la toma de su universidad. La película llega 7 años después del peak de las movilizaciones, en medio de un auge del discurso “anti-woke” a nivel mundial. Para el director la oscilación del péndulo hoy está sufriendo el efecto rebote de esos años y por eso hoy se escuchan voces de “venganza” contra las mujeres.
Lelio adelanta que esta no es una película sobre las mujeres hecha por un hombre; recalca que es una película hecha con mujeres. La coescribió con Paloma Salas, Manuela Infante y Josefina Fernández. Esa misma moral también se traduce en la forma en que se compusieron las canciones de los números musicales, en conjunto con 17 músicas chilenas.

A días del estreno de La Ola, Sebastián Lelio dice que hay un patrón que se repite en la antesala de cada lanzamiento: “Lo enfrento con mucho interés y con curiosidad, pero sobre todo con el deseo de ver qué va a pasar realmente en el momento preciso en que se exhiba, porque también tiene mucho que ver con la temperatura que exista en la sociedad en ese momento particular”, señala sobre la película que se estrena el próximo 28 de agosto en salas.
—¿Es misión del director y sus películas estar en el momento preciso de un debate?
—La Ola se escribió durante cinco años y la realización tomó otros dos, así que realmente no hay manera de prever que tu película caiga en el momento justo, porque ese momento siempre es desconocido por definición.
—En el caso de Una mujer fantástica, la película llegó en el momento preciso donde la discusión en cuanto a mujeres trans se tomaba la agenda no solo nacional, sino internacional.
—Claro, Una mujer fantástica es prueba de lo mismo. No teníamos manera de prever que el tema que la película trataba iba a explotar en la cultura popular a nivel mundial exactamente cuando se estrenó.
—¿Y ahora en qué momento estamos para estrenar La Ola?
—Es un momento hiperpolarizado, donde todo el mundo está con la piel demasiado delgada, ofendido, donde todo el mundo se siente atacado de manera personal y, además, en el que todo el mundo tiene un megáfono. Entonces estamos en una especie de coro de censores moralistas, enojados, ofendidos, increpándose entre ellos —o entre nosotros, me incluyo—. Entonces es un momento súper especial para que una película como La Ola, que entra en un tema que nos compete a todos, que no está resuelto, que toca a todos los sectores de la sociedad, que divide.

Un “juego” que analiza un tema doloroso
El director hace una recomendación a los espectadores antes de entrar al cine a ver el musical feminista: define a la película como un “juego” que analiza un tema que es “complejo y doloroso”. “Invitaría a la gente a que en ella como un juego porque si no puede ser un poco difícil de ver si se mira con gravedad y sin la mínima distancia y el humor que la película ofrece”.
—¿De dónde nació la idea de hacer un musical?
—Hace tiempo venía alimentando la ilusión de algún día hacer un musical, porque me interesan los géneros, los distintos géneros, y el musical era uno con el que yo anhelaba algún día poder explorar, sobre todo porque el musical es un género que exige juego inventiva, exige exceso, te libera el realismo y esas son cosas muy, por mí, muy apreciadas en este momento.
—¿Y que naciera desde el feminismo?
—Al mismo tiempo venía graduando, pensando en los temas que explotaron desde el 2017 como el Me Too, y también el anhelo de hacer un musical moderno, un musical que no fuese un ejercicio de nostalgia por un género muerto, que ha sido la mayoría de los casos de los musicales en los últimos 20 años.

—¿Qué musicales moderno tiene como referencia?
—El último musical realmente moderno es Dancer in the Dark (Lars Von Trier), y eso es del 2000. Entonces, las ganas de hacer un musical contemporáneo, filoso, político, que mezcle el esplendor y el juego del musical —la escala, la desmesura del género— con la política, hicieron click en un momento. Me pareció que el mundo del Mayo Feminista ofrecía esa posibilidad, digamos, porque una de las cosas que creo que se necesita para hacer un musical es descubrir una especie de planeta completo: un mundo que tiene una estética, que tiene una sonoridad, que tiene incluso una musicalidad natural, que tiene colores, que tiene temáticas, que tiene conflicto. Y, de alguna forma, las problemáticas del Mayo Feminista —las tomas, las máscaras, todo eso— parecían reunir los elementos suficientes como para habitar ese planeta.
—¿Fue un desafío no pasarse en los elementos de comedia a una posición que al espectador pueda parecerle frívola, la manera de hablar un tema tan serio y con tantas víctimas?
—Por supuesto, es un gran riesgo caer en la frivolidad absoluta, pero peor es caer en las estrategias del tonto grave. Me parecía más interesante el riesgo de pecar de frivolidad que el de caer en la solemnidad. Sobre todo porque, para poder decir algo nuevo, es necesario encontrar estrategias distintas a las que han sido usadas tradicionalmente. Y claro, La Ola tiene esa provocación en su ADN. El corazón de la película está con las mujeres; a la película le incumbe lo que está contando, le importa. Pero es justamente en la contradicción entre lo lúdico, lo pillo, lo pícaro, lo juguetón, y lo delicado y peliagudo de los temas, desde donde saltan probablemente las chispas más interesantes de La Ola.
—¿Es esta película una reivindicación del movimiento feminista chileno del 2018?
—La película sigue con cariño y admiración el intento de cambio de estas jóvenes mujeres cuyas demandas eran y son de todo sentido común, me parece a mí. Pero también la película intenta darle espacio a todas las visiones y es una especie de ensalada, digamos, de colisión de máximas, de verdades, de ideas absolutas que chocan entre sí. Entonces también es, de alguna manera, sí, el reconocimiento de lo que ha ocurrido, pero también el intento de retratar la cacofonía política en la que estuvimos sumidos y en la que estamos sumidos hoy en día.
El Chile pendulante, según Sebastián Lelio
“El péndulo se está moviendo a la derecha”, dice el director, quien cree que es una respuesta a cómo el movimiento feminista fue punta de lanza de un proceso que desplazó demasiado para los “sectores conservadores, asustadizos”.
“La idea de que estamos en un momento de venganza en contra de los avances sociales, y en este caso específico en contra de las demandas del movimiento feminista, me parece que hoy en día es súper concreta. Hay un momento de acallamiento, de decir ‘quédense en su casa, ya pasó la cuestión’”, dice.

“La película está con ellas, está con las mujeres cuando están en la fiebre épica del cambio, pero también se toma el largo tiempo de observar cómo el movimiento es apropiado, cómo las traiciones vienen a veces de afuera y a veces de adentro, el precio que se paga por la revictimización. Intenta, en esta extraña fiesta que la película es, retratar las luces pero también las sombras de toda esta problemática que a todos nos compete”.
Con el estreno de La Ola, Sebastián Lelio pone nuevamente a las mujeres en el centro de sus historias tal como el caso de Una mujer Fantástica, Gloria, El Prodigio con Florence Pugh o Desobediencia protagonizada por Rachel Weisz y Rachel McAdams. A pesar de repetir este patrón, el director dice que nunca se lo planteó de esta manera y que ha nacido de un trabajo intuitivo mezclado con los proyectos que se le han presentado.
—¿Ha sentido la necesidad de contar otro tipo de historias que sean protagonizadas por hombres?
—En realidad, todo lo que he hecho ha sido siempre muy intuitivo, nunca ha sido programático; siempre ha surgido desde la entraña, digamos. Y claro, si me muero mañana, probablemente la sensación que quedará es que estuve explorando narrativas con protagonistas femeninas al centro durante muchos años. Pero así como estoy interesado en distintos géneros, también me interesan los tipos de historias, y ahora estoy empezando a expandir esos intereses en los proyectos que vienen.
Esos proyectos que menciona Sebastián Lelio es la adaptación al cine de Poeta Chileno, la novela del premiado escritor chileno Alejandro Zambra, un proyecto del que prefiere no referirse en este momento ya que se encuentra en un momento muy preliminar. “Es un gran libro sobre el dolor y la belleza de la masculinidad”, reflexiona Lelio quien recalca que la feminidad en el cine no es su único tema.
La película, basada en el libro publicado en 2020, narra la historia de Gonzalo y su hijastro Vicente, unidos por la poesía. El proyecto se presentó en el marco de la última edición del Festival de Cannes, donde Lelio estrenó La Ola. Fue parte de la tercera edición del Investors Circle, una iniciativa que incluyó tres paneles de industria y culminó con una sesión de pitch a puertas cerradas, en la que se presentaron diez largometrajes de autor inéditos, todos en busca de financiamiento mediante capital privado, según publicó Variety.
—¿Por qué sigue apostando por historias locales?
—Siempre he filmado como he podido según las oportunidades que se me han ido presentando. Había empezado a filmar en inglés antes de ganar el Oscar y tengo proyectos para filmar en fuera de Chile pero también me interesa mucho filmar en mi país. Hacer La Ola implicó muchísimo tiempo de estudio es un desafío también técnicamente súper alto nivel. Entonces, pasaron siete años e hice películas entre medio, pero mi intención no era no seguir filmando acá de hecho lo que anhelo es poder ir y venir con la mayor ojalá soltura posible
Justo el año en que Sebastián Lelio estrenará La Ola, se cumplen 20 años de la ópera prima del director, La Sagrada Familia, película que filmó en tan solo tres días y con un guion de 12 páginas.
—¿Cómo mira el tiempo que ha pasado entre el estreno de La Sagrada Familia y este momento de su carrera?
—Encuentro impresionante que se cumplan 20 años del estreno de La Sagrada Familia, no sé en qué momento ocurrió todo eso. Hace poco hubo una proyección de la película en la Cineteca Nacional y la sala estaba llena de jóvenes que la estaban viendo por primera vez, y fue súper emocionante ver cómo la película funciona, cómo la película sigue vibrando y generando conexión, sobre todo con los espectadores más jóvenes.
El director entró los últimos 20 minutos de la cinta a ver una película que sigue reconociendo como propia. “Filmé en pocos días porque era la única forma que tenía de hacer una película, y ahora hice La Ola en nueve semanas con un equipo de 400 personas, porque tenía la posibilidad de hacerlo. La actitud de tener audacia, de curiosidad, de hambre, sigue latente, sigue moviéndome”.
—¿Cree que lo que llamaron el “novísimo cine chileno” logró consolidarse?
—Es una etapa del cine chileno que merece tener un nombre, porque no muchas veces en la historia del cine chileno ha ocurrido que haya irrumpido una generación que genera películas con una cierta continuidad, que forman un cuerpo, que tiene conexiones entre sí y que, de alguna manera, habla desde distintos ángulos de las problemáticas del país en ese momento histórico.
—¿Ocurrió en otros momentos?
—Eso ocurrió en el nuevo cine chileno de los 70. Y después, lo que pasó en los 80 y 90 fue, yo diría, fue menos la irrupción de generaciones, sino que más bien casos de cineastas operando con muchas más dificultades, además en un momento histórico mucho más complejo, más bien aisladamente. Pero aquí se dio algo entre los coetáneos y también con la periodicidad de la producción. Ahora, yo no soy la persona adecuada para hacer un análisis histórico. Lo que más rescato es la conversación que se dio a través de las obras, tal como ocurría en la poesía.
“Estábamos haciendo películas en ese momento, muchos de los cuales todavía seguimos haciendo películas, que era como contestar a través de las películas. Siento que tuvimos mucha suerte, ¿no?, de poder estar creando en un momento en que tu generación entera está en un momento de ebullición, de hambre artística, de búsqueda. Sí, yo te diría que sí fue algo que existió. No tengo idea si paró o si no paró. Faltan, yo creo, varios años para poder mirar para atrás con más perspectiva”.
—¿Vio Denominación de origen?
—Me encantó Denominación de origen, me parece que es una película que hace algo que mucho del buen cine chileno siempre ha sabido hacer, que es hacer de la carencia virtud y hacer de nuestra pobreza nuestro mayor patrimonio. Además está muy bien ubicada, es una película que explora un tema con ironía, pero lo hace perteneciendo, desde el cariño. Me parece que eso es súper valioso y se conecta con una tradición de realismo autoconsciente que se emparenta con Ruiz, que se emparenta con Sánchez, que se emparenta con muchas cosas que son muy nobles de la historia del cine chileno. Así que yo me saco el sombrero por Denominación de origen.
—¿Hay elementos de ese estilo en La Ola?
—Intentamos también hacer una película muy chilena, una película que intenta retratar también Pelotillehue, de alguna u otra manera. O sea, en esos planos donde hay, no sé, 300 personas mirando, hay algo de eso allí: ahí está la sociedad completa sintetizada. Pero claro, hay algo en esas caricaturas, en esos juegos, en ese humor absurdo que yo también creo que tiene anclas en tradiciones que son muy chilenas también.



