Raúl Soto, presidente del PPD: “El progresismo debe abandonar la batalla cultural y volver al sentido común”
El diputado plantea que se debe volver "a lo básico, a lo simple" para que el sector del que es parte recupere la confianza perdida en las últimas elecciones. Fundamenta su punto con los resultados que anotaron los sectores progresistas en Estados Unidos y Brasil. También aborda la acusación constitucional que elabora la izquierda contra el ministro Fernando Rabat, que cuenta con pleno respaldo del Presidente José Antonio Kast. "Esta es una crisis grave y profunda de confianza, ética y política", sostiene. Y sobre la tensión por la que pasa su partido con el PS, a propósito del papel de Pedro Araya en el Senado, plantea que son los integrantes de esa corporación los que deben arreglar sus asuntos antes de que las directivas se involucren.
Por Rodrigo Córdova 8 de Noviembre de 2026
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Raúl Soto afirmó que el progresismo debe “abandonar la batalla cultural e ideológica” y centrarse en los problemas materiales de la gente. En la entrevista, sostuvo que la acusación constitucional contra Fernando Rabat “va avanzando a paso firme” y que la crisis del Gobierno es “grave, profunda, de confianza, ética y política”.
- Soto dijo que la acusación contra Rabat “va avanzando a paso firme” y será presentada en los próximos días.
- Pidió renuncia del ministro y cambios legales para revertir decretos y proteger a las víctimas.
- Afirmó que el Gobierno vive una crisis “grave, profunda, de confianza, ética y política”.
- Reconoció un perjuicio entre PPD y PS, pero sostuvo que la coordinación opositora sigue vigente.
- Sostuvo que el progresismo debe enfocarse en empleo, seguridad y costo de la vida.
La entrevista aborda la postura de Raúl Soto sobre la crisis política que enfrenta el Gobierno y la acusación constitucional contra Fernando Rabat. También analiza la coordinación de la oposición, las tensiones entre PPD y PS y el rol que podrían tener Boric y Bachelet en una eventual reorganización del progresismo.
El diputado y el presidente del PPD, Raúl Soto, está con una agenda ajustada. Viene del Congreso de Santiago tras la reunión con los timoneles del bloque progresista, los jefes de las bancadas parlamentarias y abogados afines al sector para analizar la acusación constitucional contra el ministro de Justicia, Fernando Rabat.
Para esta entrevista recibe a The Clinic en su oficina, en el Barrio París-Londres, pero rápidamente tiene que participar de la reunión de la mesa del partido y luego ir a su distrito, en la región de O’Higgins.
Soto cuenta con poco tiempo, pero aún así parece abocado a la tarea. Saluda, deja sus cosas, responde las preguntas y luego posa para las fotografías para entrar rápidamente en la reunión. Señala que hoy la prioridad del sector está en avanzar en la acusación constitucional.
Sobre el libelo, el timonel del PPD dice que “va avanzando a paso firme”. Asimismo, confía en que “los argumentos jurídicos, constitucionales y también políticos que se van a presentar en los próximos días tienen la contundencia necesaria”.
Esa atención en Rabat, de hecho, ha opacado el quiebre que había entre el PPD y el PS luego de que la bancada del Socialismo Democrático del Senado removiera al senador Pedro Araya de la presidencia de la comisión de Constitución. Soto, en esta entrevista, reconoce que la contingencia se impuso sobre las rencillas internas entre ambas tiendas.

—¿La crisis en la que está el Gobierno se soluciona una vez que se remueva al ministro Rabat?
—Es un paso importante, pero sin duda debe ser complementado con otras acciones. Lo segundo que le hemos pedido, además de la renuncia del ministro, es que quien asuma la cartera de Justicia asuma como tarea propia el poder liderar el proceso de revocación e invalidación de cada uno de los decretos para revertir esa decisión. Para aquello tiene que haber un reconocimiento explícito de que acá se cometió un error legal, jurídico, político y administrativo, y a partir de allí iniciar todas las acciones judiciales o administrativas que sean necesarias para dar esa tranquilidad a las víctimas.
Esperamos que el Gobierno, en caso de existir un cambio de ministro, pueda también involucrarse en ese proceso de protección y resguardo de las víctimas. Por último, para lo cual estamos completamente disponibles, es que se hagan todos los cambios, todas las modificaciones legales, constitucionales o incluso reglamentarias que sean necesarias, de manera tal de tener un acuerdo transversal que impida que esto, cualquier otro Gobierno de aquí en adelante, pueda cometer un error tan grave como el que cometió el ministro Fernando Rabat.
—¿Cree que ha habido problemas en la conducción política del Presidente?
—Veo una falta de liderazgo del Presidente José Antonio Kast. Tendría que haber enfrentado esta crisis cortando por lo sano, poniéndose del lado de las víctimas, entendiendo que aquí hay un quiebre de confianza con la ciudadanía respecto de su principal promesa de campaña, que era la seguridad. Su Gobierno ha puesto en riesgo a la sociedad al liberar no solamente a abusadores y violadores de niños, sino también a narcotraficantes y a miembros del crimen organizado. Eso es totalmente contradictorio con lo que prometió en campaña. Es por eso que el Presidente Kast se está desfondando en su base de apoyo social. Lo que corresponde a un liderazgo firme es que le pida la renuncia a su ministro para que no lleve a una crisis y a un hoyo aún más grande a la totalidad de su Gobierno.
—Chile Vamos ha solicitado un rediseño del Segundo Piso y del gabinete. ¿Cree que un cambio ahora responde a una necesidad de corregir el rumbo o es un intento de contener el desgaste político?
—El Gobierno no está ante cualquier desgaste o crisis. Esta es una crisis grave, profunda, de confianza, ética y política. Por lo tanto, debe existir un golpe de timón del Presidente de la República que implique también un cambio de rumbo, de dirección y un cambio estructural en su equipo y en su diseño. Sin eso va a ser muy difícil recuperar esa confianza con la ciudadanía y restablecer un buen clima para que el país pueda seguir avanzando de buena forma.
Sería una señal positiva un cambio de gabinete estructural, pero no solamente un cambio de personas, también hay que revisar y reevaluar el diseño, la estrategia, el relato y las prioridades del Gobierno.
—¿Cómo ha visto las diferencias entre Chile Vamos y Republicanos? Usted también integró un oficialismo que no era una sola coalición.
—Todos los gobiernos tienen diferencias entre sus partidos o coaliciones. Sin embargo, me parece que el quiebre que hay entre Chile Vamos y Republicanos es mucho más profundo: no es solamente coyuntural, se viene arrastrando desde los orígenes. De cierta forma, a Chile Vamos le ha pasado algo similar a lo que le pasó al Socialismo Democrático en su momento con el Frente Amplio, pero por la derecha ahora con los republicanos. Y eso los tiene muy disminuidos, los tiene siendo vagones de cola de republicanos y de libertarios.
Me da la impresión de que hay distintas miradas de país, que hay distintas estrategias y distintas miradas respecto de cómo enfrentar los problemas que vive el país y, por lo tanto, eventualmente también hay una diferencia profunda respecto de cuál es el proyecto de país que ellos quieren. Probablemente, el Partido Republicano está utilizando a Chile Vamos por su experiencia en gobernar, para tener la gente que le permita sostener el Gobierno de la mejor manera posible, pero sin una convicción de querer hacer una alianza más política, ideológica y de futuro con ellos.
—¿En qué es diferente a la experiencia del Gobierno anterior con el Socialismo Democrático?
—También existieron tensiones y diferencias, pero que fueron muy coyunturales y que lograron abordarse de buena forma para que el Gobierno concluyera mejor de lo que comenzó. En este caso particular, me da la impresión de que el quiebre, las diferencias, son mucho más profundas. Hay una confrontación mucho más explícita que, en definitiva, los va a llevar a tener que tomar decisiones respecto de qué camino tomar hacia el futuro.

“Una cosa es reorganizarse y reunificarse para oponerse a un proyecto político distinto y otra cosa es hacerlo para construir un proyecto común de cara al futuro”
—El vocero de Gobierno señalaba que con cada día que se postergaba la presentación de la acusación constitucional se dejaba entrever que a la oposición le faltaban argumentos. ¿Hay un aprovechamiento político respecto del tema?
—No, es una convicción. Acá hay infracciones legales, constitucionales y de tratados internacionales. Se están redactando, por ahora, tres capítulos muy contundentes. Uno relativo a la rebaja de condenas y la liberación de pedófilos. El segundo, relativo a la rebaja de condenas y liberación eventual de violadores de derechos humanos. Y el tercero, por las faltas de prioridad, por las mentiras y los incumplimientos explícitos que el ministro Rabat ha tenido frente a otro poder del Estado, como el Congreso Nacional, y ante la opinión pública.
Desde esa perspectiva, tenemos la convicción de que estamos en el camino correcto, que estamos en el lado correcto de la historia. Una vez que se presente la acusación constitucional, hecho que va a ocurrir en los próximos días, va a haber dos caminos posibles. De un lado, vamos a estar quienes nos ponemos del lado de las víctimas, de los niños, niñas y adolescentes, de sus familias y de una sociedad que está atemorizada por los criminales liberados por este Gobierno, y del otro van a estar quienes se ponen en la defensa de los victimarios, que son abusadores, violadores y criminales altamente peligrosos a quienes este Gobierno sigue defendiendo.
—Usted habló del desfonde del Gobierno. ¿No cree que la oposición corre un riesgo al interpretar la debilidad del Gobierno como una recuperación de su propia fortaleza?
—Falta para eso. Es evidente que la debilidad del Gobierno, los errores del Presidente Kast y de sus ministros y las divisiones en el oficialismo han contribuido a un reordenamiento y a una reunificación de la oposición. Ha facilitado este proceso. Pero una cosa es reorganizarse y reunificarse para oponerse a un proyecto político distinto y otra cosa es hacerlo para construir un proyecto común de cara al futuro. Ese paso está pendiente y yo creo que está por verse en lo sucesivo si es posible construirlo.
—Entonces, la unidad actual responde a un enemigo en común más que a una convicción política…
—No un enemigo, un adversario político, un proyecto político que no nos representa y que hoy día creemos que es contrario al interés y al sentido común de las grandes mayorías de nuestro país.
Esas mayorías que pusieron al Presidente Kast en La Moneda, pero que hoy día se sienten profundamente decepcionadas. Porque no hay solamente una crisis política en el Gobierno de Kast, hay también una crisis moral y ética, hay una crisis también desde la perspectiva de la pérdida de confianza y de credibilidad por las decisiones que ha tomado. Es muy difícil recuperarlo. Además, cuando tenemos un Presidente que no asume su liderazgo, no toma decisiones, sigue respaldando al ministro que lo llevó a este estado de cosas, evidentemente que la crisis se va alargando y se va profundizando.
—O sea que aún está pendiente la conversación entre el PS y el PPD…
—Efectivamente, hay tiempo por delante para las próximas elecciones políticas. Por lo tanto, no hay que tener apuro o ansiedad. La coyuntura de hoy ha contribuido, pero para construir un proyecto de futuro que sea común falta todavía que pasen muchas cosas.
—¿Cuál es el estado de salud de la oposición ahora?
—La oposición pasa por un buen momento. Hemos logrado tener una coordinación que ha permanecido en el tiempo, que se ha robustecido y está en un muy buen pie. Se han ido generando buenas confianzas entre los partidos y también las bancadas parlamentarias. Más allá de diferencias puntuales que en algún momento puedan existir, eso que tiene un rango de relaciones institucionales se ha logrado cuidar y se ha logrado mantener de buena forma.
Los errores del Gobierno han logrado, de alguna forma, poner en valor a la oposición y obligarnos a articularnos, a unificarnos mucho más, pero también lo hemos hecho desde la convicción de que lo que estamos construyendo es un espacio de unidad en la diversidad y eso significa que tenemos que respetar nuestras diferencias, que tenemos que procesarlas, que tenemos que aspirar a representar espacios de la sociedad distintos que el día de mañana podamos sumar para recuperar la mayoría social y política.
—¿Cómo pretende la oposición capitalizar políticamente esta crisis?
—La oposición no tiene que intentar capitalizar los errores o el mal momento del Gobierno. Eso sería una mezquindad política. Lo que tenemos que hacer es defender a la gente. En función de esa defensa de los intereses de la ciudadanía, volver a recuperar la confianza que en algún momento también respecto del progresismo se fue perdiendo y se fue desgastando.
—¿No habla de una debilidad de la oposición el hecho de que se le exija la salida al ministro Rabat, se amenace con una acusación constitucional y el Presidente mantenga su decisión de mantenerlo en el gabinete?
—Habla de una debilidad del Gobierno y, especialmente, del liderazgo del Presidente, que es incapaz de asumir el estado de la crisis en la cual su propio proyecto político se encuentra y las consecuencias que eso genera en el país. Cuando el Presidente decide respaldar y mantener al ministro de Justicia no le hace un daño a la oposición, le hace un daño a su propio Gobierno, porque la crisis se va a perpetuar y se va a seguir profundizando, y el quiebre de confianza con la sociedad chilena, que no le va a perdonar que haya liberado a pedófilos, narcotraficantes y miembros del crimen organizado, eso va a persistir.
—¿Pero qué tiene que hacer la izquierda y el progresismo para recuperar esa confianza?
—El progresismo tiene que abandonar la batalla cultural e ideológica y tratar de sintonizar con el sentido común de los chilenos y chilenas desde propuestas que vayan en directa relación con los problemas materiales de la vida de las familias, en relación con su calidad de vida, sus condiciones económicas, laborales, de seguridad y también respecto del alto costo de la vida.
Si volvemos a lo básico, a lo simple, se va a recuperar esa confianza que se perdió. Pero para eso tenemos que sacar lecciones de la elección de medio término en Estados Unidos, donde el Partido Demócrata, con una estrategia muy pragmática y centrada no tanto en las batallas culturales e identitarias, sino que más bien en las preocupaciones de la gente y con propuestas y soluciones concretas, ha logrado un excelente resultado. Lo mismo respecto del Presidente Lula en Brasil, que en una situación muy adversa, con una campaña digital muy fuerte, pero también sobre la base de gestión y capacidad de representar, con propuestas y soluciones, el sentir de la gente, ha logrado imponerse a la extrema derecha.
Soto y la polémica entre el PS y el PPD: “Se causó un perjuicio que yo creo que debe ser reparado”
—El mes pasado, la tensión entre el PS y el PPD estaba en uno de sus momentos más álgidos a propósito de la remoción del senador Pedro Araya de la presidencia de la Comisión de Constitución. ¿Se superaron esas diferencias?
—Los partidos políticos tienen que seguir funcionando. Nosotros, semana a semana, nos reunimos con todos los partidos de oposición en igualdad de condiciones. Tenemos buenas relaciones con todos y con cada uno de ellos, y eso va a continuar de esa forma.
Por supuesto que siempre hay diferencias, problemáticas particulares que hay que resolver en función de esas particularidades y, en ese caso, por supuesto que hubo un tema que nos afectó, que nos dolió, se causó un perjuicio que yo creo que debe ser reparado. Eso lo tendrán que conversar los senadores en su momento, pero por lo pronto nosotros hemos seguido funcionando y creo que estamos funcionando de buena manera.
—Pero usted habló de quiebre de confianza y exigió una reparación por parte del PS. ¿Se ha producido esa conversación? ¿Qué espera de esa reparación?
—Esa es una conversación que tienen que tener primero los senadores y, en segunda instancia, si así se establece, con el respaldo de los partidos políticos. Evidentemente que fue una situación conflictiva y se produjo un perjuicio que debe ser reparado, pero yo me quedo en eso. Mientras tanto eso ocurre, tenemos que seguir coordinándonos, tenemos que seguir trabajando juntos y en eso hemos estado para representar a esa parte de la sociedad que es muy importante y que hoy día se ve desafectada del Gobierno que nos tiene en la crisis en la que estamos hoy día.
—¿Esto fue un problema puntual o evidenció una distancia más profunda entre el PPD y el PS?
—Eso se responde por sí solo con la actuación institucional de los partidos. La coordinación continúa y, de hecho, se ha fortalecido. No hay un tratamiento especial con nadie, sino que hay un tratamiento en igualdad de condiciones de todos los partidos, de todas las bancadas. Sobre esa base se está generando confianza y vamos a seguir trabajando juntos porque es necesaria esa coordinación. Ese problema que ocurrió en su momento tendrá que ser abordado y resuelto cuando sea el momento oportuno, primero por parte de la bancada de senadores y segundo con el acompañamiento de los partidos involucrados.

—Se está hablando de una postergación del encuentro del progresismo junto a Michelle Bachelet y Gabriel Boric. ¿Eso responde a un tema de oportunidad política por la crisis de Rabat o hay diferencias en el sector?
—La contingencia ha estado muy intensa y, por lo tanto, hemos estado abocados a trabajar en conjunto por la acusación constitucional, a elaborar propuestas en materias económicas y laborales. Chile no solamente vive una crisis política y de confianza a propósito de la liberación de estos criminales altamente peligrosos, Chile también vive una crisis de empleo muy profunda. Chile vive una crisis económica y de alto costo de la vida muy profunda, y nosotros estamos trabajando en conjunto para poner también una mirada distinta a las propuestas del Gobierno sobre la mesa hoy día.
—Una vez que se realice el encuentro, ¿qué se debería esperar más allá de una foto entre los dirigentes?
—Son hitos importantes. Ese es un paso significativo justamente en esa dirección. Espero que sea una instancia para que esta coordinación se vaya fortaleciendo aún más y que dé paso al comienzo de la construcción de un proyecto político común que tenga en la base la diversidad que todos representamos.
—¿Qué papel deberían desempeñar el expresidente Boric y la expresidenta Bachelet en la reorganización del progresismo?
—El presidente Boric y la presidenta Bachelet son los principales liderazgos del progresismo chileno, tienen un respeto transversal dentro de nuestro sector. Si trabajan juntos, unidos, pueden ser una contribución muy importante en este nuevo proceso, en esta nueva etapa, no solamente para articular a la oposición en función de lo que está haciendo el Gobierno de Kast, sino que también respecto de cómo proyectar eso de cara a la construcción del proyecto común que hay que empezar a construir.
—¿Recurrir a ellos no es una señal de que hacen falta nuevos liderazgos en el sector?
—No, es una señal de que su liderazgo sigue vigente, que son importantes, que mantienen el respeto y el cariño de nuestro sector y que, por lo tanto, deben seguir poniéndose en función del interés colectivo, de la unidad, de la diversidad que estamos trabajando, y yo respecto de eso no veo ningún problema. Creo que ambos también tienen la generosidad y la visión de entender que, si surgen nuevos liderazgos, eso también es positivo para el sector, sobre todo pensando en el futuro.
Hay que dejar que florezcan todas las flores. Hay que mirar los liderazgos actuales, los liderazgos pasados, pero también abrir espacio y apoyar los liderazgos que puedan ir surgiendo.



