Muchos perciben que la violencia en el pololeo es preocupantemente masiva sobre todo en los sectores populares donde las niñas están siendo educadas por sus familias y su entorno para ser sumisas, no tener ambiciones y aceptar como algo inevitable que la violencia es parte de su vida.

Ingrid tiene 15 años y convive con muchas mujeres golpeadas y hombres golpeadores. Por ejemplo, su hermano mayor, Arturo (20), golpea a su polola con frecuencia. Le da empujones, la arroja sobre la cama y le pega uno que otro puñetazo.

-El otro día la dejó llorando. La empujó y cayó en la cama, rebotó a la pared y se pegó en la cabeza. Le quedó el medio cototo. Cuando él se enoja, ella casi siempre lo deja solo como para que se calme, pero nunca termina con él- cuenta Ingrid.

En el resto de su familia sucede lo mismo. Su tío, golpea a su tía cuando ella no quiere tener relaciones sexuales. Y su madre, también le ha contado que su padre, cuando estaban juntos, le pegó un par de veces. Todo eso sin denuncias de por medio.

Ingrid odia la violencia, pero el estar tan cerca de ella, ha tenido un efecto terrible. A los 15 años dice que no sabría como reaccionar si algún día su pololo la golpea.

-A veces el amor ciega a las personas. Entonces si estoy enamorá, capaz que le perdone todo… Yo creo que es un tema de familia, porque mi tío igual le pegaba a mi tía y mi mamá también me cuenta que mi papá a veces le pegaba, pero ella lo perdonaba por nosotros. Gracias a Dios yo no he pasado por eso, pero no sé qué haría si mi pololo me pegara… -explica Ingrid.

Para algunos la violencia contra las mujeres es solo un cúmulo de casos sin conexión. La reflexión que hace Ingrid, sin embargo, muestra que esa violencia puede verse también como un proceso “educativo” al que son sometidas las mujeres desde niñas. Proceso donde el mundo familiar juega un rol clave.

Una encuesta realizada por el Centro de Estudios de Opinión Ciudadana (CEOC) de la Universidad de Talca, retrata la masividad de este fenómeno: 57,8% de los jóvenes de entre 15 y 18 años ha sufrido algún tipo de agresión física, sicológica o sexual de parte de sus parejas. El estudio titulado “Violencia en el Pololeo”, recoge datos de Santiago y Talca y es el único disponible sobre la violencia a esa edad. Pese a ello, muchos perciben que el fenómeno es preocupantemente masivo, sobre todo en los sectores populares, donde muchas niñas están siendo educadas por sus familias y su entorno para ser sumisas, no tener ambiciones y aceptar como algo inevitable que la violencia es parte de su vida.

La asistente social Electra González experta en temas adolescentes, es una de las que piensa que la violencia en el pololeo es un enorme tema que permanece aún en las sombras. Por su experiencia sabe que el que Ingrid no tenga claro qué hará frente a la violencia, el que fantasee con la posibilidad de que el amor la haga aguantar golpes, no es algo extraño.

La violencia en la casa, dice, hace que las jóvenes la vean como algo inevitable.

-Si la violencia es un tema de todos los días dentro de la familia, difícilmente las niñas pueden identificarlo como algo que no deben permitir en sus relaciones. Muchas veces, es justamente por la violencia en la familia, que ellas establecen relaciones con sus pololos, que finalmente terminan siendo relaciones de pareja violentas. Hay que trabajar mucho con las adolescentes, para que ellas puedan detectar la violencia desde los primeros grados y detenerla-señala la experta.

Pero ese no es el único motivo por el que una muchacha se puede dejar golpear.

MAL ACOMPAÑADA PERO NO SOLA

Marcela (16) está pololeando por primera vez. Lleva seis meses y hace cinco que mantiene relaciones sexuales con su pololo (22). Ocho semanas atrás comenzó a tomar anticonceptivos, porque la mamá de una amiga se lo recomendó. “Los primeros tres meses tuve suerte, porque no me cuidaba con nada y igual no quedé embarazada”, cuenta con algo de orgullo.

Marcela vive en la comuna de Puente Alto. Su padre, murió hace ocho años, justo cuando nacieron sus hermanas gemelas. Ella no tiene muy buena relación con su madre. “Ella se enoja por todo”, dice y es por eso que no le pide consejos y no le cuenta nada sobre su vida diaria.

Como su madre trabaja, Marcela se hace cargo de sus hermanas. Tampoco tiene muchas amigas, ni amigos. Su círculo es más bien estrecho. De hecho su pololo es un primo lejano que conoció en un viaje familiar. Ahora él es su única compañía y la mayor parte del tiempo están juntos. Reconoce que pelean bastante, pero que se reconcilian rápido, y que a veces ella es la culpable de los conflictos.

¿Le has pegado a tu pololo?
-Si, por celos.

¿Cómo reacciona él?
-También me pega, por celos también, y se enoja, pero se le pasa luego, jaja.

¿Y cuando te pega, tú qué haces?
-Nada. O sea, a veces me enojo, porque na que ver que me pegue, pero no me puedo enojar mucho, porque después viene a pedirme perdón y yo lo quiero caleta, así que siempre lo perdono. Además que yo sé que él va a cambiar.

¿Tú justificas que te pegue?
No en estos casos. Sólo si yo lo engañara, justificaría que me pegue, pero no por tonteras. Aunque a veces yo le dejo rasguños en los brazos, entonces ahí se puede entender más que reaccione mal. Pero no me pega todo el tiempo po.

¿Te ha obligado a hacer cosas que tú no quieres cuando tienen relaciones sexuales?
-No es que me obligue… Pero yo igual hago cosas que no quiero pa que él se sienta bien po.

¿Por qué no le dices que no?
-Es que me vuelve a insistir. Y al final termino haciéndolo.

¿Y tú le pides cosas que él no quiere hacer?
-No sé, es que yo nunca le pido nada.

Según Electra González, niñas solas, por la carencia afectiva a la que están expuestas, son buenas candidatas para una vida violenta. “Por una parte no tienen modelos de relaciones “normales” con los que comparar; por otro, está la dependencia emocional de sus pololos. Eso se refuerza con este pensamiento ilusorio que tienen las niñas, y que también tienen las mujeres adultas, de creer que por la fuerza del amor, el hombre golpeador va a cambiar”.

Esa fragilidad afectiva, produce otro pensamiento perverso. El temor a quedarse sola es tan grande que empieza a justificarse la violencia.

-Tras los golpes la niña empieza a pensar ‘en realidad fue culpa mía, porque yo le contesté, porque yo hice que se enojara’. Esto también se va transmitiendo de madres a hijas y de padres a hijos, etc. -explica la especialista.

SIN FUTURO

La idea de la mujer como un objeto al que se puede maltratar recibe muchos refuerzos, más allá de la experiencia familiar. Se lo puede encontrar, por ejemplo, en las letras del reggaeton que bailan estos adolescentes. “(…) Agárrala, pégala, azótala, pégala/ sácala a bailar que va a toa, pégala, azótala, agárrala que ella va a toa (…) pégala, azótala, sin miedo que no hace naa/ mírala, mírala, si se ríe le gusta /yo le doy, tu le das, por delante y por detrás/ ella va a toa (…)”, dice uno de los temas que se corean en las fiestas.

-A mi me dan lo mismo las letras, total, mientras lo canten y no lo hagan, está todo bien. Como que me dan risa y me molestan, jaja, pero las bailo no más. Si total es pa pasarla bien- dice Priscila.

Ella tiene 14 años y está pololeando por segunda vez. Su pareja la humilla públicamente, la ofende delante de sus compañeras. Ella dice que no le importa. Así no más es la cosa, explica, encogiéndose de hombros.

-El Marcos siempre me hace sentir mal, me deja en vergüenza con mis amigas, me dice que soy fea, o a veces me pongo extensiones y él me dice: “te veis tan fea con esas cuestiones”. No le importa hacerme sentir mal. Aunque ahora ya está cambiando su actitud, porque si seguía así yo iba a terminar con él”, cuenta Priscila.

A sus cortos 14 años, Priscila tiene relaciones sexuales hace casi un año. Ahora, visita a la matrona para que le recomiende un método anticonceptivo. “Siempre uso condón, pero ahora quiero tomar pastillas ”. Ella no repara en el contagio de enfermedades venéreas o el VIH. Tampoco cree en el sexo sólo cuando se está en relaciones de pareja.

-Yo creo que el sexo es pa cuando estás y cuando no estás enamorada, porque, yo no he estado enamorada nunca, pero igual tengo sexo. A mi no me interesa mucho esto del sexo, pero igual hay que hacerlo porque a los niños les gusta po, entonces mejor cuidarse para que no pase nada. Yo creo que si el sexo es con amor mejor, pero si no, no importa- declara.

Sobre su futuro, no tiene mucha claridad. En el colegio no le va muy bien. Quiere salir rápido para trabajar.

-La mujer tiene que trabajar, porque después te embarazai y si el hombre se va, nadie te va a mantener-reflexiona.

Entre los muchos motivos sociales que explican la aceptación de la violencia entre las niñas, está ese estado de ánimo que sugiere Priscila: la sensación de que no hay otro futuro posible, que esto es lo que le tocó y punto. Por lo pronto, ella ya tiene sexo, aunque no quiera, para satisfacer a su pareja.

-Cuando no hay ningún proyecto claro en su futuro, la niña está expuesta a caer en círculos de violencia al pensar que no le va a cambiar tanto la vida si se inician en actividad sexual a corta edad o si quedan embarazadas-dice Electra González. Agrega que en ese vacío de expectativas, las niñas incluso pueden buscar el embarazo, porque “no tienen otro norte en sus vidas más que ser mamás”. Estas niñas no sienten que la educación las valide para salir adelante. Se sienten muy indefensas para enfrentarse al mundo laboral. Tener hijos es un escape, por el que están dispuestas a pagar un alto costo.

“No logran pensar que pueden ser independientes, que puedan tomar decisiones de sus propias vidas”, concluye González.