Hace 15 años que Sergio González (58) viene investigando el centenar de crímenes impunes a mujeres en Juárez, una ciudad que se caracteriza por sus altos índices de pobreza, carteles de narcotráfico, delincuencia, prostitución y por ser puente para cruzar a EE.UU. Estas mafias cuentan con toda la impunidad de las autoridades para delinquir y matar mujeres por el simple placer de hacerlo. “Tienen compradas a todas las autoridades, por eso nadie hace nada por estos crímenes”, se queja González, escritor que denunció todo esto en “Huesos en el desierto” (2002), libro que casi le costó la vida. De paso en Chile, vino invitado para hablar sobre este tema en la Cátedra Roberto Bolaño de la UDP. Bolaño, justamente, lo tuvo como informante y lo puso como personaje de 2666.

Por Macarena Gallo • Foto: Jonathan Espíndola

¿Cómo pasa de ser escritor de ficción a uno que denuncia hechos cruentos y reales?
-Quise aplicar mi formación literaria a analizar un fenómeno cotidiano e inmediato, como en su momento fue la noticia sobre asesinatos sistemáticos de mujeres en la frontera de México y EE.UU. Es la curiosidad de un escritor tratando de explicar temas de la inmediatez. El resultado está en manos de los lectores y las autoridades (“Huesos en el desierto”). Lo que hago es poner a la consideración de ellos la información que he obtenido en una investigación desinteresada e independiente que me trastornó la vida.

¿Tanto así?
-Cuando me enfrenté a la realidad de Ciudad Juárez -non fiction-, entré en una zona que no preví. Yo llegué a Juárez sin tener idea: era el detective salvaje más torpe que existe. No tenía idea de cómo se hace crónica roja, pero tenía curiosidad por saber el origen de esos cuerpos encontrados con rasgos de violencia sexual, arrojados como basura en los alrededores y a veces en el centro de la ciudad. Quería ver hasta qué punto era eso real y no una invención mediática.

¿Y?
-Y me encontré con un drama mexicano horroroso. Poco a poco empecé a seguir el rastro de la sangre. En Juárez se da este tipo de crímenes porque hay mucho machismo, crimen organizado y narcotráfico. Porque no es solamente el narcotraficante llevando droga de aquí a allá, es además el apoyo de gente poderosa, del mundo económico y político, para que funcione esa red delincuencial que mata mujeres simplemente por hacerlo.

¿Cómo es ese vínculo del narcotráfico, que mueve casi el 63% del PIB, con el gobierno mexicano?
-Los delitos del narcotráfico son posibles porque algunos gobiernos les han dado cierta impunidad, por razones políticas o a cambio de dinero. El problema es hasta qué punto esto se vuelve un arma contra el propio gobierno, pues lo que al principio era un pacto de conveniencia se ha convertido en un pacto de sumisión.

¿Por qué?
-México sin el narcotráfico está cagado. Sin narcotráfico, no habría economía en el país y éste se iría a pique. ¡Es muy grave! Estamos convertidos en una narcodemocracia, tal como fue Colombia en los 80. Incluso, es más contundente, porque no sólo implica el régimen político. Es la conversión de sociedades civilizadas en sociedades de barbarie. A partir del miedo, la corrupción y la violencia, México es una sociedad donde el crimen organizado se ha establecido para quedarse. Eso es muy peligroso y se llama carencia de instituciones, falta de un estado de derecho, simulación de una democracia. Estamos hablando de un índice de 99% de impunidad. Puedes matar y tienes prácticamente asegurado que nunca te van a detener.

LA ZONA OSCURA

Más allá de la complicidad política y policial que permite que todo esto suceda, ¿cuál es su teoría sobre el femicidio en México?
-Lo de Juárez es simplemente matar mujeres por el gusto de matarlas. Nada más. Son acciones sádicas, donde los violadores se sacian en el abuso, en la perversión con mujeres inermes. Arrojan los cuerpos de las víctimas como si fueran basura. Todo este proceso se ve rodeado de una cobertura mediática morbosa y sensacionalista. Son crímenes con extrema violencia sexual… Es un placer de estos delincuentes, pero también es un placer en rituales de fraternidad masculina de gente de poder.

¿Cómo?
-Les gusta matar mujeres porque cuando las están violando, estrangulándolas, les rompen el cuello y eso provoca espasmos y convulsiones en los esfínteres anales y vaginales, lo que les provoca mucho placer a los asesinos. Es incomprensible desde el punto de vista racional, pero estamos en la zona oscura de la condición humana.

¿Hay algún caso que lo haya impactado especialmente por su brutalidad?
-El de una muchacha holandesa, de 28 años, arquitecta, que vino a México a ver a su hermana. Además, tenía pensado ir a EE.UU. a estudiar la arquitectura de los rascacielos. Después de visitar a su hermana, ella va con sus padres a la sierra de Chihuahua y decide seguir su viaje sola. Los padres se regresan a Capital Federal y ella decidió pasar por ciudad Juárez.

¿Y?
-A las 24 horas fue hallada muerta en la ciudad. La encontraron debajo de la cama de un hotel, estrangulada, desnuda y con una toalla atada. Es un caso verdaderamente impactante. No hay ninguna explicación todavía sobre por qué la mataron a ella. Los padres siguen tocando las puertas, sin encontrar respuesta en el parlamento europeo, en el gobierno mexicano, en la embajada.

¿Quién ayuda a los familiares de éstas víctimas si están en la impunidad?
-¡Nadie! No hay autoridades que quieran investigar, porque, como te dije están corrompidas. Se burlan de los familiares, los insultan, los amenazan para que no sigan investigando, los mandan a golpear. Les dicen que para qué buscan si su hija se dedica a la prostitución anda con ropa provocativa.

¿Qué ha pasado con las denuncias con nombre y apellido que usted ha hecho a las autoridades? ¿ha tenido respuesta o qué?
-Yo le he entregado datos e información con los nombres de los asesinos pero no han investigado nada. No han querido. Lo único que han hecho es reducir las víctimas a números, que por cierto son imprecisos. Se olvidan de la historia de aquellas personas, nombre y apellidos, personas de carne y hueso. ¡Están ahí! ¡Fueron asesinadas! ¡Desaparecieron casi todas! Pero a las autoridades les importa un carajo eso. ¡Es una brutalidad ver como todo se vuelve abstracto! Llevamos 15 años denunciando estas atrocidades y nadie responde.

AMENAZAS

Usted ha sido amenazado de muerte en reiteradas ocasiones.
-Mientras escribía el libro y luego de terminarlo, entré en una realidad que nunca imaginé. No vislumbré que recibiría amenazas, golpes, terminando en un hospital, salvando la vida apenas para después recibir otra vez amenazas de muerte. Nunca imaginé que por ser escritor me quisieran matar. Fue ingenuo de mi parte. Pero sucedió un día, cuando me secuestraron en un taxi. Ahí sufrí maltratos verbales, puñetazos, heridas con picahielo en las piernas, golpes en el pecho, rostro y la cabeza con las cachas de las pistolas. Me dijeron que me matarían y abandonarían mi cuerpo en un sitio eriazo. No sé qué los hizo abandonar la idea de matarme y a cambio dejarme tirado en la calle. Pensé que era un simple asalto, como me lo hizo “saber” la policía, pero coincide que fue justo un día antes que denunciara en un reportaje la impunidad con que atacan estos carteles.

Qué fuerte…
-Ahí empecé a recordar que días antes me habían intervenido el teléfono y sentía que seguían mis pasos. Dejé de visitar Juárez y a los dos meses de ese episodio empecé a sentirme mal. No podía expresarme verbalmente y tuve problemas a la memoria. Caí al hospital y estuve a punto de morir. A los meses seguí recibiendo amenazas para que no siguiera investigando. Con decirte que desde el 2004 no puedo ingresar a Juárez por estar amenazado de muerte.

¿Por qué sigue viviendo en México e investigando sobre el mismo tema?
-Nunca desistí de seguir denunciando a todo el mundo la impunidad con la que trabajan estas redes. No me da miedo poner en riesgo mi vida. Menos me voy a andar escondiendo, si no soy un delincuente. Es mi tierra, es mi ciudad, no puedo irme. Tengo que enfrentar todo y a mí me tocó lidiar con lo más bajo que puede existir. No me arrepiento, ¡para nada!, de lo que he hecho en estos 15 años. Al contrario, seguiré denunciando. Porque cuando te acuerdas de cómo murieron las víctimas, ¡es horrible! ¡te indigna! ¡Es una barbarie!

LA DISTANCIA DE 2666

“Cuando Roberto Bolaño escribe la parte de los crímenes en 2666, recupera una vinculación con la máquina expansiva del mal. Pero no es un mal abstracto ni metafísico, es una realidad inmediata de explotación, de abusos, de exterminio”.

¿Cuándo se enteró que sería un personaje de 2666, de Bolaño?
-En 1999 decidí escribir “Huesos en el desierto” y en el 2000 me encontré con alguien que estaba haciendo lo mismo pero para una novela. Se llamaba Roberto Bolaño. Empezamos a intercambiar correos electrónicos y creamos una suerte de agencia de detectives salvajes. Él terminaría en su novela magistral, yo en mi libro que aspiro a que sea simplemente el reverso documental de su obra.

¿Y?
-Un Roberto Bolaño de absoluta vitalidad y lucidez, sumamente generoso y cálido, me dice un día: “te voy a poner como personaje de mi nueva novela. Vas a ser un detective que se llama como tú y es como tú. Le estoy robando la idea a Javier Marías, que ya hizo lo mismo en ‘Negra espalda del tiempo’ ”.

¿Cómo lo toma usted?
-Me hizo mucha gracia y muy feliz en el momento. Roberto fallece dos meses después de que lo conociera y el 2004 sale la novela y lo que encuentro es un tejido de narrativa extraordina, donde yo aparecía investigando en una ciudad llamada Santa Teresa. Ver el horror narrado por un maestro de la narrativa, ver un personaje que es trasunto de mi mismo, me dio una sensación muy ambigua. Satisfactoria y a la vez horrible.

¿Por qué?
-Cuando uno vive las cosas, está inmerso y no tiene la distancia para juzgar. Y la novela de Roberto me dio una distancia que me estremeció.

Huesos en el desierto
Sergio González
Editorial Anagrama, 2002, 344 páginas.