*Por Marco Kremerman

Hace algunos días, a raíz de un reportaje emitido por TVN, en el programa “Esto no tiene Nombre”, se conoció de primera fuente cómo en la cadena de supermercados Santa Isabel perteneciente al Holding Cencosud del multimillonario Horst Paulmann, en los turnos de noche se dejaba encerrados a los trabajadores y trabajadoras arriesgando su seguridad y violentando su dignidad y sus derechos.

Al día siguiente, la ministra del Trabajo, comentó que estaba indignada y que “con razón hay trabajadores que odian a sus empleadores”. Además dijo que quería escuchar la voz de los empresarios condenando esta situación. Si bien, uno podría estar de acuerdo con el tono de los comentarios de la ministra, resulta preocupante e igualmente grave que las autoridades recién estén descubriendo las particularidades del modelo chileno y de quienes son los principales beneficiados cuando Chile crece.

No bastaba con el vergonzoso episodio de los 33 trabajadores mineros que quedaron atrapados bajo la tierra. No bastó con las huelgas de Farmacias Ahumada, PISA o el reciente conflicto en Ekono, que nos colocó en evidencia como en empresas que ganan mucho dinero no se pagan gratificaciones o se pagan salarios mínimos.

Tampoco ha servido conocer la situación de los trabajadores de empresas de buses, que ni siquiera cuentan con un lugar digno para cambiarse de ropa o descansar ni el caso de las cajeras de supermercado que usaban pañales, ya que no les daban permiso para ir al baño.

Al revisar los resultados de las grandes sociedades anónimas abiertas que están en el IPSA, se puede observar que durante el año 2010, tres de cada cinco empresas han reportado ganancias por sobre las expectativas del mercado. Además, Cencosud (el holding que deja encerrado a sus trabajadores en la noche) cerró 2010 con un récord de ingresos y utilidad, tras crecer 23% y 35,8%, respectivamente. Finalmente, las autoridades celebran que nuestro país sigue creciendo, alcanzando un aumento del PIB de 5,2% el año pasado y proyectando un crecimiento que incluso puede sobrepasar el 6% para el 2011.

La simple racionalidad económica, luego de conocer estas cifras nos podría llevar a concluir que el país va por un buen camino. Se recuperó el crecimiento, las empresas rompen los récords y se dinamiza la inversión. Sin embargo, en Chile estas conclusiones lamentablemente no cuentan con respaldo empírico.

Cuando Chile crece, quienes se llevan la mayor parte de ese crecimiento son las empresas y personas que cuentan con mayor caudal de poder, aprovechando la concentración de los mercados, la institucionalidad diseñada por las elites y para las elites, y las débiles regulaciones y nuestro profundo déficit democrático.

La herencia del plan Laboral de 1979, “ingeniosamente” nos dejó un modelo cuyo diseño minimiza los espacios reales para disputar una mejor distribución de las ganancias. Cuando uno asiste a seminarios internacionales se ríen de nuestra legislación en relación a la huelga y de nuestras prohibiciones para sindicalizarse y negociar colectivamente. Tampoco tenemos un mecanismo democrático que permita distribuir las utilidades que generan las empresas de manera más equitativa.

Por otro lado, nuestra ambigua estrategia de desarrollo, no se sustenta en las micro y pequeñas empresas, por tanto se reducen los espacios para que estas puedan generar más y mejores empleos y tengan mayor poder para disputar las utilidades en las cadenas de producción que lideran y explotan las grandes empresas.

La ministra está indignada y ahora entiende a los trabajadores, los empresarios todavía no se han pronunciado claramente condenando el encierro de los trabajadores en Santa Isabel como ella esperaba y el país sigue creciendo.

Pero al final del día lo que se necesitan son medidas concretas. Si después del escándalo del reportaje de TVN o del desastre humano de los 33 mineros, hubiéramos escuchado que se venía una nueva estrategia de desarrollo o cambios profundos a la legislación sobre la huelga, la negociación colectiva y la sindicalización, el sacrificio y el menoscabo de los trabajadores y trabajadoras de algo hubiera servido. Como ello no ha ocurrido, sólo podemos decir: Con razón las grandes empresas ganan tanto dinero.

*Investigador Fundación SOL