WWF hablará con la Casa Real del asunto de la cacería de elefantes en Botswana por parte del Rey Don Juan Carlos, una vez que haya recopilado los comentarios de “malestar” de sus socios, simpatizantes, y no socios. La organización de conservación de la naturaleza tiene como presidente honorífico al monarca desde su fundación el 30 de julio de 1968, cuando aún era Príncipe de España.

Además, ha señalado que en el momento de la constitución de la ONG en 1968 se buscaba una figura de máxima relevancia política y social en un momento en el que la conservación del medio ambiente no era un tema importante en la sociedad española.

“Nos pareció que (don Juan Carlos) era un magnífico embajador y desde entonces lo ha venido siendo”, ha manifestado, al tiempo que ha reconocido que en 1968 ya se conocía la afición por el deporte cinegético del monarca.

Respecto a la polémica creada, Suárez considera que se ha producido porque el elefante es un “icono de conservación”, una especie “bandera” que supone un elemento clave en la conservación, no tanto por el grado de amenaza de la propia especie, ya que en muchas partes de África hay poblaciones muy importantes, sino que es un “emblema” desde el punto de vista de conservación del hábitat y otras especies asociadas.

“Por eso el impacto es mucho mayor que practicar la caza con cualquier otra especie, siendo una actividad legal y que en muchos casos puede ser una herramienta de conservación”, ha agregado.

Asimismo, ha precisado que el elefante africano está incluido en el apéndice I del Convenio CITES de especies amenazadas en todo el continente salvo en cuatro países (Botswana, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue), por lo que su caza o comercio de cualquier producto derivado está prohibido.

Sin embargo, estos cuatro países -que albergan dos tercios de la población africana de elefantes- figuran en el apéndice II del Convenio CITES.

Por ello, su caza y comercio, y el de su marfil, está regulado y bajo control, al tiempo que ha precisado que cada dos años en la reunión de CITES se actualizan y valoran las cantidades que cada país puede exportar tanto de animales como de marfil almacenado. De hecho, ha recordado que hace dos años Zambia pidió exportar marfil y no se le permitió porque no tiene un plan de gestión, a diferencia de estos cuatro países.