La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, anunció hoy que votará en blanco y dará libertad de opción a sus electores entre el candidato socialista, François Hollande, y el actual presidente, Nicolas Sarkozy, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, el próximo día 6.

Le Pen, excluida de la lucha electoral por la presidencia de Francia al quedar en tercera posición en la primera vuelta de los comicios presidenciales, celebrada el pasado 22 de abril, rechazó “dar confianza ni mandato” a los dos candidatos que se enfrentarán el domingo y aunque combatió las ideas de ambos dedicó duras palabras a Sarkozy.

“Nada será como antes”, advirtió Le Pen en un discurso ante varios miles de simpatizantes en la Ópera de París en el que se mostró especialmente crítica con Sarkozy, un presidente que, según dijo, no solo “ha hecho mal a los franceses, sino que les avergüenza”.

Le Pen aseguró ante sus seguidores: “vosotros sois ciudadanos y votareis según vuestra conciencia, libremente”, y excluyó dar una consigna precisa para votar por Sarkoy o a Hollande, como se esperaba.

Declaró que los dos candidatos “son las dos caras del mismo sistema”, del que dijo que ya “no tiene aliento” y aseguró que, gane quien gane las elecciones, el vencedor intentará aplicar políticas “que no se realizarán”.

Ridiculizó la aproximación de ambos hacia los electores del FN -cuyos votos necesitan para imponerse el próximo domingo- y preguntó a sus simpatizantes: “¿Qué os parece pasar del papel de idiota al de árbitro de la elección presidencial?”.

“Nos hemos convertido en el centro de gravedad de la vida política francesa”, dijo la política ultraderechista, a quien acompañaba su padre, el fundador del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen.

Marine Le Pen agregó que, además de votar en blanco el domingo, su voto será “azul marino” en las elecciones legislativas, que se celebrarán en junio y en las que aspira a conseguir representación parlamentaria para el Frente Nacional.

Unas tres horas más tarde, el propio Sarkozy protagonizó un discurso ante varios miles de partidarios ante la Torre Eiffel al que quiso dar un tono histórico, casi épico, y en el que ensalzó los valores de Francia, su herencia y su bandera.

En esa alocución, Sarkozy propuso un “nuevo modelo social” francés en plena Fiesta del Trabajo, a la misma hora en la que otros miles de ciudadanos se manifestaban al otro lado de la capital en respuesta al tradicional llamamiento sindical por el Primero de Mayo.

Sarkozy reiteró de nuevo la amenaza que consiste en decir que la victoria el domingo de Hollande, a quien los sondeos sitúan como favorito para hacerse con la jefatura del Estado, colocaría a Francia en una situación económica “como la de Grecia y España”.

Y en una intervención que marcadamente exaltó los valores de la historia y la literatura francesas y la herencia cristiana del país, Sarkozy aprovechó una inusual celebración de la Fiesta del Trabajo por parte del partido conservador que le apoya, la UMP, para pedir a los sindicatos que abandonen “la bandera roja”.

“No queremos el socialismo”, dijo Sarkozy ante sus simpatizantes, a los que dijo que su rival y el Partido Socialista al que pertenece están en contra de que se repartan los beneficios empresariales con los asalariados.

Mientras, lejos de París, el candidato socialista homenajeaba en la ciudad de Nevers (centro de Francia) al fallecido primer ministro Pierre Bérégovoy, en una intervención que no se esperaba tuviera carácter electoral, pero en la que criticó indirectamente a Sarkozy al decir que él se oponía a una “batalla contra el sindicalismo”.

Entretanto, los franceses aguardan el debate televisado que ambos candidatos protagonizarán mañana, miércoles, en horario de máxima audiencia, que será el único de toda la campaña y en el que Sarkozy y Hollande lanzarán prácticamente sus últimos mensajes a los electores antes de acudir a las urnas.