Por Álvaro Peralta

Moreira es un luchador. Durante toda su vida ha peleado por defender a Pinochet, por perder peso y por dominar su humor, en ese orden. Cronológicamente, sin embargo, su primera gran lucha fue por lograr terminar el colegio. Y vaya si le costó. Según la licencia de egreso número 2692 del Liceo “Luis Alberto Ba-rrera”, el joven Iván Moreira Barros terminó su odisea escolar en 1976, es decir, cuando tenía 20 años.

Nacido el 8 de diciembre de 1956 en Santiago, el diputado vivió desde muy niño en Punta Arenas. Allá fue a parar junto a sus tres hermanos cuando su madre, Marta Barros Alemparte, funcionaria del Servicio de Impuestos Internos (SII), fue redestinada.

La mujer, dicen personas que conocieron a la familia en esos años, era la principal sostenedora de la casa. Al padre nunca se le vio por esos lados. Al menos, mientras la familia estaba en el sur, el rumor era que éste vivía en el extranjero, aparentemente en Ecuador.

Los estudios nunca se le dieron al niño Moreira, el primogénito. En la capital de la XII Región pasó por dos colegios de la congregación Salesiana, (Don Bosco y San José) y por dos liceos públicos: el Punta Arenas y el “Luis Alberto Barrera”.

-Moreira se caracterizaba por ser un mal estudiante- dice el ingeniero Héctor Gallardo, quien iba dos cursos mas arriba de nuestro personaje, en el Liceo Punta Arenas. El profesional agrega también otra característica marcadora del futuro parlamentario: “se hacía notar entre el alumnado, porque era muy violento”.

Lo mismo afirma un ex compañero de su hermano en el liceo “Alberto Barrera” y que prefiere no identificarse: “era un joven violento que se hacía notar”.

Estos problemas conductuales, sin embargo, no se expresaban sólo en la escuela sino también en su casa. Así lo afirma Roque Tomás Scarpa, presidente del Regional Magallanes del Colegio de Periodistas, quien conoció a la madre de Moreira y a muchos funcionarios del SII de la zona.

-Moreira fue un muchacho con muchos problemas. En algunas ocasiones se encerraba en su pieza durante días, y su madre debía dejarle la comida afuera de la puerta. La relación con ella fue siempre complicada. Esta señora era una bellísima dama y sus colegas bautizaron a Mo-reira como “El hijo del año”, porque, según contaban, en más de una ocasión ella llegó a trabajar con signos de haber sido golpeada, aparentemente, por su hijo Iván- afirma Scarpa.

El ingeniero Gallardo recuerda que la difícil relación madre – hijo era tema sabido en el Liceo Punta Arenas.

-Se comentaba que le sacaba cheques a la mamá. No sé para qué lo hacía, pero por alguna razón esto era comentado en todo el colegio-, asegura Gallardo.

En los complejos años de la edad del pavo, Moreira, sin embargo, desarrolló una veta artística que se expresó prematuramente y que le permitía canalizar sus ímpetus. En 1969, con apenas 11 años, participó en el programa infantil “Club Disneylandia” que fue transmitido por la radio Mineria de Punta Arenas. En las tardes infantiles de esa emisora, Moreira hizo sus primeras armas, las que años más tarde le servirían para animar las tórridas noches en una de las más famosas boites de la ciudad.

BIENVENIDOS A LA WHISKERIA

Cuando Allende llegó a la presidencia en 1970, Iván estaba entrando en a la enseñanza media. El período, como es lógico, fue duro para él y ahí comenzó a militar. Según afirma en su currículum, entre 1971 y 1973 fue presidente de la Juventud del Partido Nacional de Punta Arenas. Sin embargo, el ingeniero Héctor Gallardo tiene otros recuerdos sobre esa etapa de la vida del diputado:

-Él era de Patria y Libertad. Era conocido en la ciudad por las golpizas que le daba – junto a otros amigos suyos- a los jóvenes del PC o del PS que apoyaban a Allende. Era bastante común verlo en la calle portando un linchaco- dice Gallardo.

Cuando Moreira se liberó del colegio, Pinochet ya gobernaba. El joven encontró espacio y cargo como dirigente de la Secretaría Nacional de la Juventud local, institución usada por la dictadura para aglutinar a los pocos jóvenes que respaldaban su gestión.

El presidente de esta secretaría era Jorge Vega, con quien Moreira trabó una duradera amistad. Cuando en 1980 Vega fue designado alcalde, firmó un decreto dejando a su amigo a cargo de la Secretaría de la Juventud.

Estando en ese cargo ocurrió algo muy importante para la vida de Moreira: algo que le daría oportunidad de llegar a Santiago. Tuvo la misión de organizar los actos para recibir a Pinochet en una de sus visitas a la ciudad.

-Se le vió con megáfono en mano en el aeropuerto de Punta Arenas, dándole la bienvenida a Pinochet y alentando a la gente. Yo creo que ahí le cayó en gracia al presidente-, afirma el periodista Scarpa.

Durante ese periodo, Moreira dividió su tiempo entre la Secretaría de la Juventud, y el mundo del espectáculo, que siempre le resultó atractivo. En la radio Polar conducía un programa nocturno llamado “Buenas Noches, Buena Música”. Según afirman diversas fuentes, Moreira también fue animador de los espectáculos de uno de los cabarets más frecuentados de la ciudad: la “Whiskería 53”

-Yo lo ví más de una vez en la Whiskería. Él era el presentador oficial de las chicas que trabajaban en ese local. A un costado del escenario había una especie de jaula en que se desnudaban las niñas. Algunas veces Moreira se metió a la jaula también e hizo un show desde ahí- dice un funcionario municipal que prefiere no identificarse.

Cuando en el programa Caníbal de Chilevisión le preguntaron si era cierto su pasado de animador de boite, Moreira dijo que no. Que alguna vez había trabajado animando, pero en restoranes y en forma esporádica.

La “Whiskería 53”, por cierto, estaba muy lejos de ser un restorán. Su dueño era el empresario puntarenense Mario Fochino, quien más tarde abrió en Santiago el célebre Emanuelle, lugar muy visitado por agentes de la CNI y otros funcionarios de la dictadura. La “Whiskería 53” era su chiche y funcionó a finales de los setenta en Punta Arenas, en la calle Colón –entre Boris y Chiloé-, pleno centro de la ciudad. Tal como el Emanuelle, la Whiskería era un sitio de encuentro para la gente del régimen de la zona y para los militares destinados allá.

Fochino murió hace algunos años, luego de sufrir la amputación de una de sus piernas, dejando una leyenda que lo vinculaba con negocios ilícitos. Un ex empleado de Mario Fochino, que trabajó con él tanto en la Whiskería 53 como en el Emanuelle, recuerda perfectamente a Moreira y entrega su testimonio a condición de que no se divulgue su identidad.

-Efectivamente, él trabajó en la Whiskería más o menos entre 1979 y 1980. Era el animador del local, él presentaba a las niñas que bailaban en esa boite. Era quien conducía el show de cada noche.

Este ex compañero de trabajo del actual diputado confirma además que la participación de Moreira en el show era estable. Y recuerda perfectamente la famosa jaula en el escenario donde las chicas se desnudaban.

-Cuando animaba en Punta Arenas se metía a la jaula donde estaban las niñas. Le gustaba el hueveo a Moreira. Después, en el Emanuelle, también apareció un par de veces, aunque medio camuflado, porque temía que lo pudiera ver algún conocido.

EL JOVEN MAGALLÁNICO

Los tiempos de boites y radio terminaron para Iván Moreira cuando entró a trabajar a la Municipalidad de Punta Arenas. Finalmente, sus años de Patria y Libertad y la Secretaria Nacional de la Juventud, además de su amistad con Jorge Vega, encontraron su recompensa.

El 1 de noviembre de 1981 ingresó al municipio con grado 10 en la escala de servicios. Trabajó en diversas funciones dentro de la alcaldía, siempre caminando hacia arriba en el escalafón. Su cargo más alto fue el de jefe de gabinete del alcalde Jorge Vega. Moreira fue el primero en ocupar ese puesto, porque hasta su llegada el cargo no existía en Punta Arenas.

-Yo mismo creé el puesto de jefe de gabinete para Moreira, mediante un decreto exento. Es que yo a él lo conocía desde el año 77 ó 78, y siempre lo había ayudado- dijo a The Clinic, Jorge Vega.

El apoyo del alcalde resultó clave también para que en enero de 1983 Moreira viajara a un Congreso en China como representante de la “Juventud Magallánica”. Moreira no era del agrado del intendente de la zona, el general Juan Guillermo Toro, a quien no le parecía que viajara a China como representante de nada. Pero se impuso la opinión del alcalde.

-Yo siempre lo ayudé. También influí para que más tarde fuera nombrado alcalde de La Cisterna- agrega Vega.

En 1986 Moreira decidió abandonar la ciudad que lo vio crecer y se vino a Santiago. Pronto encontró trabajo en la municipalidad de La Pintana y se quedó aquí. Algo muy bueno para él ocurrió entonces: una muestra de que sus contactos con la dictadura iban mejorando. El 8 de julio de ese año, Alberto Cardemil, por entonces subsecretario del Interior, envió a la municipalidad de Punta Arenas la orden de que ésta le pagara a Moreira una “asignación de zona”, por encontrarse trabajando tan lejos de su hogar.

El oficio de Cardemíl, número 2304, tiene carácter de reservado y contó con el visto bueno del nuevo Intendente de Magallanes, Luis Danús Covián. Obviamente, la orden fue acatada por el municipio, sin ningún reparo.

De ese modo, aparte de su sueldo en La Pintana, el “representante de la juventud magallánica” comenzó a recibir un dinerillo extra que le permitió asentarse en la capital. Nunca quedó claro qué be-neficio sacaba de ello la municipalidad de Punta Arenas.

Todo habría marchado a la perfección si la contraloría de Magallanes no hubiera objetado la operación. El punto en conflicto era que el oficio de Cardemíl estaba fechado un día después de que Iván Moreira había cambiado su domicilio a Santiago e incluso, había hecho uso de las franquicias de li-beración de impuestos para ingresar sus bienes a la capital. Es decir, no sólo no prestaba ningún servicio a Punta Arenas, sino que, además, ya se había trasladado definitivamente a la capital, por lo que la “asignación de zona” era improcedente.

Luego de una investigación que se extendió durante tres meses, la Contraloría Regional dicta-minó que la situación en que se encontraba Moreira era irregular y se debía clarificar a la brevedad “la situación funcionaria de éste”.

Tal como consta en el oficio número 2775, del 4 de noviembre de 1986, la Municipalidad de Punta Arenas resolvió suspender los pagos de asignación de zona a Moreira por los meses de noviembre y diciembre, así como también solicitó que se reintegraran al municipio las asignaciones que se le habían entregado a Moreira entre julio y octubre.

Sin embargo, en un informe posterior de la Municipalidad de Punta Arenas se explica que, a pesar de lo solicitado por la Contraloría, el municipio le canceló la asignación de zona a Moreira hasta diciembre de 1986. Sobre los reintegros que éste debía hacer, se informó que sólo se recibieron los correspondientes a dos meses, pero “debido a que no ha sido posible dar con los boletines de pago, no se puede asegurar por qué concepto son los referidos pagos”.

El informe termina señalando que algunos documentos reservados que se buscaron para investigar este caso “se han extraviado”, por lo cual el informe ha debido realizarse fundamentalmente con testimonios verbales.

En la hoja de vida de Iván Moreira en la Municipalidad de Punta Arenas –la cual se adjunta en el citado informe- se afirma que éste presentó su renuncia voluntaria al municipio el 26 de diciembre de 1986, la cual se hizo efectiva a contar del 1 de enero de 1987.

De las asignaciones de zona y los reintegros pendientes, nunca más se supo. Pero para entonces el asunto era, como suele decir la UDI, “un tema del pasado”. A Moreira nunca le interesó el pasado. Estaba listo para conquistar la capital.