Fotos: Alejandro Olivares

Zuliana Araya Gutiérrez nació como Enrique y se crió junto a nueve hermanos en el cerro Playa Ancha. A los nueve años comenzó a sentirse atraída por los hombres y a los 13 asumió su orientación sexual. “Me gustaba jugar a las muñecas y cuando veía a un niño me pasaban cosas”, recuerda.

Fue entonces cuando decidió abandonar su casa y la escuela -cursaba apenas octavo básico- y comenzó a rondar las calles donde se apostaba el comercio sexual de Valparaíso. De aquellos tiempos, recalca, no se avergüenza. “Nunca lo he negado porque fue un trabajo por necesidad. He tenido que sufrir harto, pero venir de la nada sirve para conocer la realidad de la gente”.

Zuliana cuenta que una de las razones que la impulsó a cambiar el comercio sexual por la política fue terminar con las humillaciones que vivió a manos de Carabineros, gendarmes y la PDI. “A nosotras antes nos torturaban, recuerdo compañeras detenidas que eran amarradas en postes, nos tiraban agua en los calabozos y nos dejaban semidesnudas por varios días en invierno”, recuerda. Luego agrega: “Nos desnudaban delante de los hombres en las celdas. En la cárcel antigua de Valparaíso nos tiraban comida podrida y orina desde las celdas más altas. Era terrible”. Fue precisamente ese cúmulo de apremios que la hizo transformarse en dirigente y luchar por las reivindicaciones de las minorías sexuales en el puerto. Una lucha que ha llevado durante décadas y que hoy los votantes acaban de premiar con su elección como concejal en Valparaíso. Un hecho inédito en la historia electoral de Chile.

Noches de dictadura

En plena dictadura Zuliana trabajó con otras compañeras en Santiago a escasas dos cuadras de la casa de Pinochet. “Los carabineros nos iban a molestar a cada rato. A veces llegaban en la patrulla y nos llamaban como para preguntarnos cosas. Pero cuando nos acercábamos a la ventanilla nos tiraban gas pimienta en los ojos”, rememora.

En aquel tiempo, Zuliana vivía en Recoleta y conoció a otra transexual, Alejandra González, que con el tiempo se convertiría en concejala de Lampa. Aún ambas son amigas y siguen manteniendo contacto. Luego Zuliana recorrió el norte del país, viviendo de un lado a otro y se volvió católica. “El año 86 empecé a tener fe y pedí muchas cosas que se me han cumplido, gracias a Dios y mi mamá”, cuenta.

Tres años después cayó presa en la penitenciaría por trabajar cerca de la casa del dictador. Cuenta que con sus amigas intentaron arrancarse de la prisión, que una compañera se cortó los brazos y ambas, ensangrentadas, fueron trasladadas a la posta. El plan, según Zuliana, era llegar al hospital y salir arrancando en patota. Cuando llegaron al centro asistencial un carabinero les dijo “a la que se arranca le disparo”. Zuliana se asustó pero una de sus amigas decidió arrancar. “Un paco salió detrás de ella y le disparó en el costado del abdomen, imagínate”, recuerda.

Episodios fuertes que han marcado su vida. Como aquella vez cuando se incendió la discoteque Divine, famosa disco gay porteña que en 1993 ardió por razones que nunca quedaron muy claras. Aquella vez murieron la mayoría de las personas que estaban en su interior y varias conocidas de Zuliana. Pero no todo fue dolor. La actual concejala fue reina de la disco en un concurso de transformistas gays y tuvo un encontrón con Ítalo Passalacqua que estaba de jurado. “Él me dijo que no podía presentarme porque yo tenía pechos y por lo tanto era transexual, no gay. Tuvimos una discusión con garabatos porque me quería sacar del concurso; pero al final terminé ganando”, cuenta. Para Zuliana esto refleja la discriminación que existe por parte del mundo gay hacia los transexuales y transgéneros. Situación que, sostiene, ha constatado diariamente en su trabajo como dirigente sindical.

Sindicato Afrodita

La carrera política de Zuliana empezó el 2001 cuando asume la presidencia del sindicato Afrodita, la primera agrupación gremial de transgéneros del país. Desde entonces, ha encabezado la lucha contra la discriminación en el puerto y se enorgullece de conquistar algo impensado para el gremio: el respeto. “Hoy podemos andar vestidas de mujer, de día y de noche; y las policías ya no nos humillan tanto como antes”, dice.

Avances que tienen contenta a Zuliana pero que aún no terminan de cuajar en una sociedad reconocidamente homofóbica. Ejemplo de aquello fue cuando, denuncia, las autoridades se negaron a sumarse a una querella criminal luego de la brutal agresión que recibió Sandy, una transexual que trabajaba en la avenida Brasil de Valparaíso. “A veces notas como políticos de derecha te saludan de beso y luego se limpian la cara”, relata al recordar las veces que se ha acercado al Congreso a pedir ayuda.

Como presidenta de Afrodita, Zuliana ha viajado a otras ciudades para denunciar la violencia contra las transgénero. Hace dos años fue a Copiapó a defender a las trasvestis, transgéneros y transexuales que “eran tratadas como animales por carabineros”, pero al igual que otras veces terminó detenida.

Su labor como dirigente sindical la ha llevado a enfrentarse varias veces con Rolando Jiménez y el Movilh. Cuenta que su agrupación se sintió apartada de la discusión sobre la ley antidiscriminación. “Tuvimos mucha discriminación por parte de Jiménez, él no es muy apegado a las personas transgénero que ejercen el comercio sexual. Nos trata como delincuentes y drogadictas”, señala. Sin embargo, con el trabajo de otras organizaciones “trans”, lograron ser consideradas y ahora son parte de la legislación.

Zuliana concejala

Para su candidatura Zuliana recibió el apoyo de la familia de Daniel Zamudio, cuyo padre se hizo presente en la campaña. “Él se comunicó con nosotros, apoyándonos, nos dijo que veía el esfuerzo y trabajo contra la discriminación en Afrodita y Acción Gay Valparaíso”, cuenta.

Electa concejal con 3540 votos, lo que más le sorprendió fue el apoyo de la tercera edad. “Al principio la gente me decía qué cómo iban a votar por mí, que yo era diferente. Se quedaban con lo que los medios les decían de los travestis y transexuales, puras cosas malas, pero luego de conversarles me apoyaban. Incluso hay gente que me dice la Gladys Marin transgénero”, cuenta.

En la actualidad Zuliana sigue con su labor sindical, todos los fines de semana reparte condones a las trabajadoras sexuales y espera ayudarlas desde la municipalidad para que encuentren otro trabajo. Confiesa que su mayor sueño es seguir luchando para que se apruebe la ley que permita el cambio de identidad de género y aún tiene pendiente el baile sabrosón que le prometió Lagos Weber para celebrar su elección al concejo municipal.