Dos días después de la presentación la querella por ejercicio ilegal de la profesión en su contra, Tania González entró apurada a las oficinas del Área de Salud de la Universidad del Mar. Traía en sus manos un papel que alzó y mostró al salir del ascensor, en el cuarto piso del edificio, y se puso a gritar frente a los presentes: “Yo sí soy médico, sí soy enfermera. Éste es mi título”. Estuvo unos minutos en una reunión y luego se retiró enojada. Fue el último día que la vieron en esa sede.

Una semana antes, la ex Jefa del Área de Salud ya había renunciado a su cargo por una supuesta mejora laboral en otra empresa, agradeciendo la oportunidad otorgada por la universidad y diciendo que no ejercería acciones legales con el empleador.

Sin embargo, Tania ya estaba alertada. Sabía que un grupo de alumnas, las mismas que habían demandado a la universidad por estafa, dudaban de ella y estaban en vías de comprobar la veracidad de sus títulos como Médico Cirujano y Enfermería de la Universidad de Chile. Ya no le quedaba mucho tiempo.

Hoy, Tania Aliocha González Correa (38), permanece en el centro de reclusión femenina, después de ser sorprendida violando el arresto domiciliario que inicialmente estimó el tribunal, el 21 de diciembre pasado. Se le acusó de ejercicio ilegal de la profesión, obtención fraudulenta de fondos del Estado y falsificación de instrumento público. Eso, sin contar el “dolo eventual” por emitir certificados de defunción de 26 ancianos de la Fundación Las Rosas declarados muertos por ella, donde fue “médico contralor”.

Profe Tania

Antes de hacerse pasar por médico, Tania González ya era profesora. El año 2004, por ejemplo, estuvo a cargo del 1º medio A del colegio Polivalente Saint Orland nº 3, de Cerro Navia. Ahí fue profesora jefe y hacía los cursos de Biología, Química y Física.

Una apoderada de ese curso recuerda a “la profe Tania” como alguien muy joven, histriónica y cercana a sus alumnos. Una profesora normal que, aclara, nunca mencionó que estuviera estudiando otra carrera, mucho menos Medicina. De haber sido legal su título, al menos habría estado cursando 2º año en esa época.

Esa apoderada y su hija, ex alumna de ese curso, se encontraron con ella y su pareja, Richard Arredondo, hace unos meses un día domingo en la Plaza Brasil. Se saludaron y en una breve conversación ella les contó que hacía clases de medicina en una universidad. “Y andaba con esos típicos pantalones verdes y con uno de esos típicos suecos blancos que usan”.

“Mi vieja le preguntó si estaba haciendo clases en otro colegio y dijo ‘no, estoy haciendo clases en la universidad, de medicina’. Y yo después le decía a mi vieja ‘¿Medicina?’ Entonces, después, sacando cuentas, pensé que a lo mejor mientras nos hacía clases a nosotros estaba estudiando porque son siete años”, recuerda Bárbara, una de sus ex alumnas.

Su historia familiar no escapa de lo común. Tania es la menor de cinco hermanos, hija de un ex funcionario del Ministerio de Obras Públicas y una dueña de casa. Estudió en los colegios María Luisa Bombal, de Cerro Navia, y su enseñanza media la cursó en el Liceo Darío Salas.

Salida del colegio, entró a estudiar Pedagogía General Básica en la Universidad de las Américas, donde se licenció y obtuvo uno de sus dos títulos reales. El otro es un Magíster en Gestión y Política Educacional que cursó en 2006, títulos con los que comenzó a trabajar como jefe de la carrera de Enfermería en la Universidad del Mar, en 2007.

Al área de salud llegó primero a trabajar como secretaria en la clínica Astra y luego en el laboratorio clínico Anditromet, lugar donde ella declara haber conocido las nociones básicas de enfermería. Después de eso y antes de ingresar como académica a la Universidad del Mar, trabajó como subdirectora de un colegio en Quilicura.

Luego de eso vino su ingreso a la Universidad del Mar. Según la declaración del rector de esa época, Carlos Ossandón, González llegó presentada por la vicerrectora académica Patricia García, quien se la presentó como resultado de un concurso externo para el cargo de jefe de carrera de Enfermería.

Ahí ya traía una copia bajo el brazo de un supuesto título de enfermera de la Universidad de Chile en su curriculum. Según ese certificado, Tania González se habría titulado de enfermera universitaria con distinción máxima (nota 5,30) el 20 de noviembre de 1999. Ese título lo obtuvo, según su declaración, a través de su entonces pareja y también doctor falso, Héctor Letelier Pantoja. Con eso comenzó a ser la jefa de Enfermería de la U. del Mar en 2007.

En la Universidad, su carrera ascendió en poco tiempo. El 2009, mientras el plantel pasaba por el hoy cuestionado proceso de acreditación, González llegó a ser Jefa del Área de Salud, puesto en el que se hizo cargo de las carreras de Nutrición, Enfermería, Kinesiología, Fonoaudiología, Técnico en Enfermería y Obstetricia y Puericultura.

Según su declaración al tribunal, lo hizo por recomendación del rector de la sede Maipú, Carlos Ossandón, quien antes de nombrarla le puso una condición que posteriormente -sin que nadie lo imaginara- la hundiría y la dejaría tras las rejas: “que estudiara Medicina o le llevara un título de Médico, sin ahondar en más detalles”, le dijo al fiscal adjunto de Maipú Tufit Bufadel.

En sólo seis meses y con la ayuda nuevamente de su pareja de ese entonces Héctor Letelier -principal sospechoso de la obtención de títulos falsos y que también impartía clases en la institución- se convirtió en médico. Así, recibió de Letelier un certificado de título que la acreditaba desde el 1º de junio de 2008 como Médico Cirujano de la Universidad de Chile , aprobado con distinción máxima (5,7).

Fantasía exagerada

Un peritaje psicológico de Tania González presentado por su defensa el día de su formalización dice que ella no está loca. Según ese documento, Tania no presenta trastornos de personalidad, cuenta con una red de apoyo familiar vigente y una “adecuación al control de impulsos”.

Pero el mismo informe dice que “tiene rasgos de personalidad asociada a la grandiosidad y persecución, lo que impide, en ocasiones manejar la realidad objetiva y real, utilizando la fantasía exagerada, asumiendo esta como propia y real, con indicadores que facilitan el alejamiento de la realidad y la capacidad de preveer las consecuencias de sus actos”.

De todas formas, la parte querellante no le da mucha relevancia a este informe psicológico, el que según el abogado Mauricio Daza, sólo intenta humanizar a Tania González para lograr rebajar las medidas cautelares y pueda volver a obtener el arresto domiciliario.

Tampoco presenta un perfil criminógeno o conductas que la relacionen al ejercicio delictual, según un peritaje social que acompañó ese informe.

Sin embargo, en los años que se desempeñó como médico cirujano no sólo engañó a cientos de alumnos de la U. del Mar. Una arista que aún no despeja la investigación que lleva adelante el fiscal Tufit Bufadel es saber realmente a cuántos pacientes atendió González en los cuatro años que trabajó como médico.

Lo que se sabe hasta ahora es que ejerció como médico en dos servicios de urgencia de Maipú, la Fundación Las Rosas y el centro médico Lotusmed, donde era subdirectora en convenio con la Universidad del Mar. El director de ese centro médico, Víctor Olas, declaró haberla visto por última vez en junio del año pasado tomando exámenes en ese centro a alumnas de enfermería y que no la volvió a ver hasta que presentó su renuncia, poco tiempo después.

Allí, según Olas, presentó también una copia del certificado de título y “además exhibiendo su cédula de identidad donde consta el título de médico cirujano”. El mismo carnet que presentó el día de su formalización en el tribunal y que sigue usando hasta ahora.

En todos ellos González mintió y se presentó como médico cirujano y enfermera de la Universidad de Chile. Nadie dudó de su capacidad hasta este año, porque manejaba un correcto lenguaje médico y se desenvolvía como un médico real, según los testigos que se relacionaban con ella tanto en la Universidad del Mar como en los centros médicos.

A diferencia de lo que intenta demostrar su defensa, González era una mujer hábil y se movía sin problemas en su círculo médico sabiendo que no lo era. Durante la investigación, por ejemplo, la gran mayoría de los declarantes destaca su labor como jefa de carrera y posterior jefa del área de salud de la universidad. Para todas ellas, era frecuente verla con un delantal blanco con el escudo bordado de la Universidad de Chile y las palabras Dra. Tania González, también bordado.

La investigación también ha constatado que la falsa doctora aprendió el léxico de la medicina sin mayores problemas. Y lo hizo en los mismos laboratorios y centros médicos que estafó. Su fachada se extendió desde el ingreso a la U. del Mar, en 2007, hasta agosto de este año, cuando fue descubierta por sus mismos alumnos de la sede Maipú de la universidad.

El pillaje

Hasta principios del año pasado, nadie dudaba de la Dra. González. Nadie, hasta que Paulina Barría, estudiante de enfermería, le mostró los contenidos de uno de sus ramos a su esposo, el doctor de la Universidad Austral Ramón Vergara. Ahí Vergara se dio cuenta que las materias estaban mal y que no correspondían.

Meses antes, los Vergara Barría ya estaban cachudos. Como la universidad no le aseguraba un campo clínico a Barría para una de sus prácticas, Ramón fue hasta la oficina de González para hablar sobre ese tema. La conversación sería de médico a médico. Pero González se excusó diciendo que no lo podía atender.

Entonces, los rumores sobre Tania González en los pasillos de la universidad se intensificaron. Que vendía notas, que cobraba por pasar de curso y que hasta convalidaba a personas de otras carreras previo pago de dinero, era parte de la conversación entre los alumnos que ya vivían el descalabro de su casa de estudios, tras las revelaciones de su ex rector nacional, Raúl Urrutia.

A la par, la “Dra. Tania” mantenía una estrecha relación con sus alumnos. De hecho, González estuvo palmo a palmo con los estudiantes apoyando la toma de mediados de año. Entonces, González era presidenta del sindicato de trabajadores de la universidad y en más de una oportunidad apoyó públicamente a los alumnos. Eso, al mismo tiempo que era estrecha colaboradora de los directivos de la universidad e incluso, según la declaración de una profesora de esa misma escuela, “asesora de rectoría”.

“Era muy maternal. Nos decía ‘Yo voy a pelear por ustedes porque son mis alumnos, porque los quiero, vamos a luchar con todo’. Tú te comprabas ese discurso y decías que era tan buena persona, que nos iba a defender”, dice Daniela Durán, una de las alumnas que la denunció.

A esto se le sumaban las sospechas académicas hacia Héctor Letelier, su ex pareja, padre de una de sus hijas y el hombre sindicado por ella como el nexo para conseguir los títulos falsos. La confirmación vino cuando ingresaron sus datos al sistema de prestadores de servicios de salud. Ahí Tania González aparecía apenas con el título de enfermera de la Universidad del Mar.

Desde entonces, el mundo de fantasía en el que vivía Tania González se fue desmoronando. Su marido y coordinador técnico en enfermería de la Universidad del Mar, Richard Arredondo, se declaró golpeado por la información, pero decidió apoyarla. Él sigue viviendo en la casa que compartían en la villa Santa María de Maipú, con las tres hijas de Tania y un nieto, los que hoy llevan el apellido Arredondo. Se le ve poco, apenas salir y entrar en algunos momentos del día, según sus vecinos.

Algunos de ellos se enteraron del tema por las noticias. Otros por Carabineros. Hace dos semanas, la hija de una de sus vecinas fue a buscar a la “tía Tania” para que viera a su mamá, que estaba enferma y en cama. Al llegar a la entrada de su casa, se encontró una patrulla del OS9. En ese momento se enteraron que no era doctora, como todo el mundo sabía.

Sin ostentar su título como en otros lugares, sus vecinos igual sabían que era médico y que trabajaba en una universidad. La veían llegar con ropa de doctora casi todos los días, por eso acudían a ella cuando tenían alguna emergencia. “Ese día fueron los carabineros del OS9 los que no dijeron que era ella la persona que falseó su título de médico. Ahí quedamos pa’ dentro”, dice a The Clinic Online una de ellas.

En la apacible villa Santa María, se llevan la mano a la boca los que no saben.

Según la fiscalía, con la historia creada de Tania y con su falso ejercicio de medicina habría obtenido alrededor de 150 millones de pesos en estos años.

Por ahora, la fiscalía tiene 10 meses para investigar algún grado de responsabilidad al firmar las defunciones de los 26 ancianos de la Fundación Las Rosas. En una entrevista a Canal 13, González señaló que siempre le gustado trabajar con abuelos y que cuando se le dio la oportunidad, aceptó el puesto por eso.

Sin embargo, descartó tener responsabilidad en las muertes de esos pacientes. Según ella, eran personas “que estaban evidentemente con trastornos, que estaban postrados, trastornos vasculares, trastornos terminales, eran pacientes que multiorgánicamente estaban muy descompensados.. De alguna u otra forma iban a morir”.

También dijo que su gran error fue “engañarse a sí misma” y se declaró arrepentida. Pero nada de eso creen quienes las denunciaron. “Todo en ella era una gran mentira. Esa mujer es un lobo con piel de oveja. Ella es mala. Con su sonrisa y todo”, dicen.