Un error. Así calificó la candidata del bloque PS-PPD la aplicación de la Ley Antiterrorista contra los mapuches. Un error que, subrayó en entrevista con The Clinic, no volvería a repetir en un eventual segundo mandato. Errores dice Michelle. Yo hablaría de horrores. Ella quizás lo olvida pero la cacería policial que desató con dicha ley costó la vida de dos jóvenes mapuches. Matías y Jaime, ambos hijos, primos, sobrinos o nietos de alguien. En el caso de Jaime, también esposo y papá de un niño de 4 años. Sus crímenes, que han gozado de una impunidad vergonzosa, hicieron trizas la poca confianza que quedaba entre los mapuches y el Estado. Michelle ni lo sospecha, pero hasta el crimen de la familia Luchsinger-Mckay tiene que ver con sus errores como Presidenta. De haber condenado en 2008 la muerte de Matías Catrileo, de haber exigido responsabilidades al Alto Mando, de haber señalado que bajo-ningún-punto-de-vista toleraría ejecuciones
extrajudiciales en los campos del sur, puede que el matrimonio de Vilcún aun hubiera estado con vida. Y también el veinteañero Jaime.

Que ganas de creer a Bachelet, la candidata. Si habla incluso de ceder espacios de autonomía a los pueblos indígenas, al estilo de Nueva Zelanda o los países nórdicos. “Tenemos una diversidad muy importante, cultural, geográfica. Y que eso tiene que tener una expresión en la institucionalidad. Hay experiencias internacionales que demuestran que es posible”, señaló entusiasta al Pato Fernández. Pero se hace campaña con poesía y se gobierna con prosa, lo sabemos. Y la prosa en el caso mapuche son las razones de Estado, el interés superior de la Patria, la estabilidad del modelo o como quiera llamarse al bendito consenso de las elites post dictadura. Lo expliqué semanas atrás ante un centenar de estudiantes de la Universidad de Concepción. El mal llamado “conflicto mapuche” no trata tanto de tierras más o tierras menos. Pudo ser hace 20 años, pero ya no. Hoy tiene mucho de Franz Fanon y bastante poco de José Bengoa, les dije, pedagógico.

Es cierto. Los medios y el activismo subrayan el tema de las hectáreas en disputa. El fundo equis y el fundo tanto. Lo vienen haciendo desde los años 60, desde la Reforma Agraria y la junta, paradojal según mi opinión, de un sector mapuche con la izquierda campesinista de entonces. Pero es una demanda en retirada, sentencié en Concepción. Si, en retirada. O cuando menos en franco y oportuno repliegue histórico. Así al menos lo entiende parte de la dirigencia mapuche actual, que – vaya sorpresa- para nada es la misma de hace medio siglo. De la tierra al territorio. Y del territorio físico al territorio geopolítico. Es el camino que ha transitado la lucha mapuche en los últimos 20 años. De la resistencia al poder político. Hay quienes lo han observado. Hasta un par de libros se han escrito. Pero también hay quienes insisten en no verlo. Los gobiernos y los candidatos presidenciales, los primeros.

Un millón y medio de mapuches arrojó el último Censo. La sola cifra debiera llamar a la reflexión. Y a reescribir todo. O casi todo. Un 60 por ciento y más viviendo en zonas urbanas. De aquel porcentaje, más de la mitad residiendo en metrópolis como Santiago y Valparaíso. Se cuentan por miles los profesionales mapuche universitarios. Muchos más los técnicos. Son las nuevas generaciones, los mismos que sin dejar de ser lo que antes fueron sus padres y abuelos ya no se proyectan precisamente tras el arado. O cosechando papas bajo el sol. “¿Y de qué trata entonces hoy el conflicto mapuche?”, me preguntaron los mechones en la UDEC, algo confundidos. “Trata, tomen nota cabros, del modelo de Estado, el modelo de desarrollo y la calidad del sistema democrático”, señalé. “En definitiva trata más de un conflicto de Chile consigo mismo que de nosotros los mapuche”, agregué.

Y es verdad. Si algo pone en cuestión la demanda mapuche–y la demanda de los pueblos indígenas en todo el continente- es el Pacto Social vigente desde el 1800 a la fecha. O el proceso de conformación de la República que, muy lúcidamente, Jorge Pinto ha denominado “de la Inclusión a la Exclusión”. Ello es lo que está en entredicho; el Chile del centralismo asfixiante, el Chile exportador de materias primas y el Chile donde los de abajo siempre votan para beneficio de los de arriba. Ah, y también el Chile blanco, europeo, “el Chile sin indios” que imaginaron las positivistas elites del siglo XIX. Más que las tierras, los fundos, los camiones quemados y los agricultores malas pulgas, ello es lo que pone el temita mapuche en cuestión. A Chile. Si, a ustedes. Y la casa grande que han construido y donde insisten en querer tenernos de allegados. O en la cocina. O jardineando.

¿Sospecharán esto los candidatos presidenciales? Por ningún lado lo veo en las campañas de Golborne o Allamand. En cuatro años de gobierno, poco y nada parecen haber aprendido sus partidos sobre la cuestión mapuche en Chile. Ambos precandidatos insisten en el modelo indígena concertacionista; asistencialismo y represión. Los mismos errores de Michelle, magnificados. Es decir, con muchas más lucas y mucho más pacos. La única excepción a la regla, el ministro Lavín. Pero no es candidato ni siquiera a un Centro de Padres. Una pena haya abandonado sus aspiraciones presidenciales. Frente a Bachelet, este pudo ser su año. Como pocos ha entendido el fondo del problema. Lo ha estudiado. Y visto posibles soluciones. Lamentablemente está solo. Y recetando menús de dos lucas. Ministro, recomiende piñones a la población. A $500 pesos el kilo si lo compra directo a los pehuenches. A dos lucas si tiene la mala idea de adquirirlos en el Jumbo. Con un kilo comen más de cuatro. Y de paso, se mapuchizan.

Hace poco Orrego lanzó la idea del Estado Plurinacional. Bien Orrego, muy bien. Algo de ello ha insinuado también el radical José Antonio Gómez. Y MEO. Es cierto; pocas posibilidades tienen ellos frente a los cabezas de serie. Se pueden por tanto dar estas licencias. Como sea, que se hable de plurinacionalidad ya viene a ser un paso gigantesco. Y es que de ello trata en definitiva el actual conflicto chileno- mapuche; de refundar el Estado sobre nuevas bases de convivencia interétnica y social. Son los pasos que se han dado, no sin dificultades, en países vecinos como Ecuador y Bolivia. Y es lo que se discute hace décadas en los llamados países desarrollados; descentralización del poder, cauce político e institucional a demandas de minorías étnicas y nacionales, profundización de la democracia, búsqueda de modelos de desarrollo alternativos.

Más allá de los arrepentimientos de campaña, he aquí el principal desafío de la candidata Michelle y su entorno: Refundar Chile. Y no repetir los errores. Ni sus horrores. Que tomen nota en su comando.