En el departamento de Alicia Scherson (39) se despliegan el mismo tipo de objetos pop que tanto le gusta incluir en su películas: en la muralla principal destaca un poster de Blow-Up de Antonioni. Debajo, una mesa con un vinilo de Cat Power —Moon Pix— enmarcado y en vinilo. En frente, un sillón quizás sacado de la Naranja Mecánica y que sirve tanto para descansar como para leer la colección que alberga el librero que se encuentra detrás. Uno que contiene Queer de Burroughs, El primer hombre de Camus, Cuentos completos de Nabokov, Libertad de Franzen, Plata quemada de Piglia, y Putas Asesinas de Bolaño.

Y entre los objetos esparcidos en el departamento de Alicia Scherson —un piso nueve con vista al San Cristóbal— existe uno que, en este momento, destaca por sobre todos: un coqueto muñeco de Roberto Bolaño montado completamente en crochet. “Lo hizo ‘La Warra de las galaxias’. Una argentina que con un material tan burdo como el crochet consigue adaptar rasgos y personalidades de un sinfín de personajes», cuenta Scherson sonriendo. «Acabo de llegar de la Feria del Libro de Torino, en donde se realizó un homenaje a Bolaño ya que se conmemoran diez años de su muerte”, dice mientras contempla los libros.

—¿Cuál fue tu primer acercamiento a Bolaño?
Empecé por Los detectives salvajes y luego fui leyendo las otras novelas. Una novelita lumpen la leí el 2005, pero no para adaptarla sino por placer. Sin embargo, mientras avanzaba me dije: quiero hacer una película con esto. El libro tiene una atmosfera muy visual. Es una manera de escribir que tiene Bolaño donde te genera un mundo entero, y eso que construye es muy cinematográfico. Además me pasó algo con Bianca, la protagonista.

—¿Qué te pasó con Bianca?
Inmediatamente la empecé a ver como la voz en una de mis películas. Ella empieza el libro diciendo que es una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fue una delincuente. Esa es la primera frase de la novela, y es súper intrigante y potente. Luego te das cuenta que hay una historia tremenda donde sus padres murieron en un accidente automovilístico, y ella junto a Tomás (Luigi Ciardo), su hermano, quedan huérfanos en Roma. De este modo, sin familia, tienen que sobrevivir en una ciudad gigante y lo hacen con maneras retorcidas: de pronto empiezan a descender hacia el lumpen, hacia los bajos fondos. Surgen planes de robo, prostitución, y se desarrolla una historia tremenda, pero Bianca la cuenta de forma lúcida y distante, sin ser sentimental.

Alicia Scherson, qué duda cabe, es una devora libros. Y eso se palpa en los guiones de sus películas —ella los escribe, claro— como también en el cariz de sus personajes. En Turistas, por ejemplo, Carla Gutiérrez (Aline Küppenheim, la protagonista) recorre Siete Tazas sin jamás soltar Desgracia de Coetzee. «Son caprichos y homenajes a los autores que admiro, dice ella». Sin embargo Alicia Scherson, le tiene una curiosa envidia a los escritores.

—¿Has pensado adaptar otro autores nacionales?
Como escribo mis guiones no tengo tantas ideas de adaptación. Sin embargo hay cuentos de Alejandra Costamagna, del libro Animales domésticos, que me gustan mucho. También las novelas de María José Viera Gallo, por ejemplo Verano robado se me hace como una suerte de Joven y alocada. Ambas autoras son súper cinematográficas, por tanto adaptables. No digo que lo vaya a ser yo, pero me suenan como posibles películas. Tengo una envidia profunda por los escritores. Me encantaría ser escritora. Me parece que tienen una independencia y una especie de control de las cosas prácticas que es maravillosa.

—¿Sí? ¿Has tratado de escribir una novela?
Tengo mucha conexión con la literatura pero no me atrevo, todavía, a escribir una novela. Pienso que lo haré cuando sea más vieja. Siento que el tipo de concentración, de obsesión, de trabajo solitario, me da un poco de miedo. Me refiero a que no cuento con la estabilidad psicológica para llevar el ejercicio de la escritura de una novela. El cine tiene un inicio solitario que es la elaboración del guión, pero después viene una fase donde estas en contacto con otras personas.

En El Futuro, Rutger Hauer (69)—recordado por darle vida al androide Roy Batty en Blade Runner— interpreta a Maciste: un viejo actor de cine, ex Mister Universo, ciego, y que vive solo en una mansión donde guarda un tesoro que Bianca (Manuela Martelli) intentará robar después de seducirlo. “Maciste es un antiguo Hércules —señala Scherson. Uno de esos actores multi talentosos que eran fisiculturistas y que no ocupaban dobles de acción: eran acróbatas que manejaban artes marciales y armas. Fue un personaje muy difícil de castear: tenía que ser viejo y tener un cuerpo imponente. Una cosa decadente pero a la vez suficientemente sexy para enganchar a Manuela Martelli.

—Revisando lo escrito por prensa Argentina sobre El futuro —que se exhibió en BAFICI—, me enteré que Rutger, mientras filmaban, constantemente estaba aportando ideas o discutiendo sobre el desarrollo de algunas escenas. Que ocurrió una suerte de tira y afloja en el set.
Rutger era súper creativo y quería estar aportando o cambiándole cosas al guión. Había que hacer una especie de lucha: frecuentemente quería modificar escenas, lo que era cansador ya que no todas las veces sus ideas se aceptaban. Sin embargo en las negociaciones él aportó con una escena donde aparece jugando con una katana. Una suerte de auto homenaje que hizo a un personaje que interpretó, a fines de los ochenta, en Blind Fury. Hay otra donde está en la cama con Manuela y empieza a realizar unas llaves de judo. Una mezcla de erotismo y artes marciales.

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Mientras contempla el poster de Blow-Up —uno en donde David Hemmings aparece sugerentemente encima de Vanessa Redgrave, fotografiándola—,Scherson comenta que Manuela Martelli aparece la mitad del filme completamente desnuda. “Su personaje está siempre deambulando sin ropa por la casa de Matice —dice. Él trata de buscarla con una mirada que no ve mientras ella lo intenta seducir”.

—Hay una carga erótica curiosa en esa imagen de Bianca desnuda ante los ojos de un ciego.
Claro, ella se pasea por la casa de Matice sin ropa, con el cuerpo cubierto de aceite, y él jamás puede observarla. Entonces la desnudez de Martelli no podía ser coqueta ni tímida, ya que estaba con un tipo que no la podía contemplar. Hay una carga erótica fuerte en la imagen, pero desde la actuación había mucha tranquilidad.

—¿Cómo manejó Manuela Martelli el hecho de estar la mitad del filme desnuda junto a Rutger Hauer, seduciéndolo?
El nivel de desenvoltura conseguido por Martelli se logró gracias al desparpajo de Rutger en el set. Me refiero a que se tomaba esas escenas como si Manuela estuviese vestida. Rutger trabajó con distancia: se reía, se divertía, de este modo Manuela pudo sentirse cómoda. Él tiene una cosa muy juguetona. Las salidas que tenía —como las llaves de judo— nos liberaron de la tensión que significaba tener a una actriz todo el tiempo desnuda. La misma Manuela cuando terminaba de filmar se iba a tomar una café y a los minutos recién se daba cuenta que estaba sin ropa y decía: ¡Ay, me tengo que poner la bata!

—¿Qué va a pasar con Alicia Scherson en el futuro?
Estoy trabajando en Romántica, una comedia que ocurre al interior de un salón de depilación en cera caliente, y Heidelberg, que aborda el mundo universitario. También tengo en carpeta un documental sobre mi abuelo paterno. A él yo nunca lo conocí: murió en la década de los 50s, en la cárcel. Era un poeta y un estafador, un chileno de emigración judía. Es un proyecto muy personal. No sé cuando comience a trabajar en él.

—¿Qué pasa con Alicia Scherson en el presente?
Siento que estoy cerrando un ciclo con estas tres películas. Han sido una tras otra: ¡Yo no he parado! Siempre ha estado la presión que si paras no vas a poder volver, pero siento ahora que con estas estoy mucho más tranquila ya que si quiero hacer otra sé que lo voy a lograr con o sin plata. Ya no estoy con la ansiedad de antes. Como decía, estoy cerrando un ciclo: tengo 39 años y necesito una pausa para poder pensar bien en mi próximo proyecto.