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La columna de Axel Kaiser en El Mercurio el martes 18 de junio titulada “La educación no es un derecho!” ha generado un amplio rechazo de sus argumentos, con los que intentaba refutar la existencia de los derechos sociales. Según su argumentación, el mecanismo de la redistribución de los ingresos a través de la recaudación de impuestos con los que se podría financiar un sistema publico de educación en Chile es poco menos que un robo de la gente más pobre a la gente más rica por medio del Estado. Pero no quiero aprovechar el espacio en este medio para rebatir otra vez el contenido de sus argumentos, no muy bien desarrollados desde el punto de vista de su calidad científica, tarea que además ya cumplieron muy bien varios comentaristas chilenos con mejores conocimientos de la filosofía y la argumentación lógica que los míos. Aprovecho más bien el caso de Axel Kaiser para apuntar a una contradicción llamativa para una conocedora del sistema educacional alemán que caracteriza el discurso de la derecha chilena en relación con ese tema: el usufructo que hacen sus representantes de bienes públicos en otros países del mundo mientras que en el debate público en Chile niegan el valor que la creación de semejante bien podría tener para sus propios compatriotas.

Hace un tiempo por casualidad me topé con la tesis de doctorado de la actual senadora por la región Metropolitana Ena von Baer. La tesis se titula “Die Rolle der Vergangenheitsbewältigung im Systemwechsel: Fallbeispiel Chile” (El rol de la memoria en la transformación política. El caso de Chile.) y está en la casa de estudios donde la señora von Baer cursó primero una maestría de dos años y luego el doctorado de tres años: la Rheinisch-Westfälisch Technische Hochschule en Aachen, una universidad técnica de alto reconocimiento internacional, pública y gratuita. Esa posibilidad se abrió a Ena von Baer gracias a una beca de la Fundación Hans Seidel, fundación cercana al partido Social-Cristiano del estado federado de Baviera (CSU) que recibe fondos fiscales para luego poder repartirlos como becas de estudios incluso a estudiantes extranjeros. Sin conocer más detalles sobre el caso individual de la becada, a base de los reglamentos generales a los que debe obedecer ese tipo de fundación en Alemania, se puede calcular que la señora von Baer ha recibido entre un mínimo de 41.500 (casi $28 millones) hasta un máximo de 54.500 ($36.5 millones) en becas para pagar los costos de vida en Alemania durante 5 años y un programa de doctorado gratuito de alta calidad financiado por los contribuyentes alemanes, tanto ricos como pobres.

Me acordé de esos detalles sobre la educación de Ena von Baer cuando la vi en los medios chilenos, como vocera de la Comisión de Educación del Senado, argumentando fuertemente en contra de un sistema público y gratuito de educación para Chile. La senadora negaba a los jóvenes chilenos algo que ella misma había recibido gracias a su privilegiada posición como descendiente de una familia que pudo pagar los aranceles del Colegio Alemán en Temuco y luego de la Universidad Católica que le brindaron la educación necesaria para ser admitida en el programa de la Fundación Hans Seidel.

Y ahora el columnista Axel Kaiser también cursa de forma gratuita un doctorado en Alemania, en la Universidad de Heidelberg, una de las universidades alemanas más reconocidas en el área de las humanidades y la filosofía y también una universidad pública, gratuita. Lo hace becado por la Fundación Friedrich Nauman, fundación cercana al Partido Liberal-Democrático Alemán (FDP). Ya que esa fundación es del mismo tipo que Hans Seidel y debe obedecer al mismo reglamento en cuanto al gasto de los fondos públicos, los montos en beca que recibe Kaiser son parecidos a los que en su tiempo recibió von Baer. Aproximadamente 36.000€ (aprox. $25 millones) para los tres años de doctorado. Para luego obtener un grado académico con el que a su regreso en Chile, su portador puede lucir haber cursado estudios en el extranjero, paso inapreciable en la ruta de encontrar un cupo entre la élite política y económica del país.

O sea, esos dos representantes de la derecha chilena ultra-neoliberal le deberían a los contribuyentes alemanes, solo en becas, hasta un monto de $61,5 millones, sin hablar de los costos para el sueldo de sus profesores, la infraestructura en oficina, biblioteca etc. de sus universidades. Pero nadie se los va pedir de vuelta, porque (todavía) el sistema de educación en Alemania se basa en la idea de que no solo existe un derecho a la educación y de que sí existen los derechos sociales, sino que la educación también es un bien público y no un bien de consumo. Un bien que se administra a través de un mecanismo –el Estado– que se considera instrumento para garantizar el bien público y el desarrollo social de toda una sociedad y no solo de cada individuo. Es la idea de la educación no como un bien material o de consumo que al entregárselo a uno se perdería para otros (lo que en ese caso significaría que a cambio de la señora von Baer y del señor Kaiser, dos alemanes se hubieran perdido la oportunidad de obtener más educación), sino la idea de la educación como un bien que crece cuando se le entrega a otros. ¿A base de qué podría pensarse que un profesor pierde educación al entregarla a sus estudiantes? La educación es un bien público que todas las sociedades deben entregar a su juventud en la mayor abundancia posible, ya que al entregarla solo puede crecer y aumentar y así beneficiar a toda la sociedad. Por lo que tampoco considero un robo que se haya educado a la señora von Baer y al señor Kaiser con fondos públicos alemanes, ya que espero que esa entrega de educación sea un humilde aporte para el desarrollo social de su propio país.

*Estudiante de Máster en Ciencias Políticas,
Universidad de Hamburgo.