Sofisticación, diseño único y servicio personalizado. Hospedarse en un hotel boutique es una experiencia singular de la que cada vez más turistas pueden disfrutar en Chile, donde este tipo de alojamientos están ganando terreno.

“El concepto de hotel boutique nace de la recuperación de las casas históricas que se transforman en hoteles y que quieren dar un servicio de mejor nivel y más personalizado”, explica a Efe el director del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), Daniel Pardo.

Esta tendencia surgió en España y en Francia, donde grandes casas, incluso algunos castillos, fueron acondicionadas para recibir turistas.

En Chile, los hoteles boutique comenzaron a popularizarse hace apenas cinco años en los puntos más turísticos del país: en la añeja ciudad portuaria de Valparaíso, en los parajes patagónicos de Torres del Paine y en el desértico poblado de San Pedro de Atacama.

También en las zonas vitivinícolas de Colchagua y en Santiago, donde este tipo de alojamientos se han asentado en pequeños rincones con alto valor patrimonial, como la calle Orrego Luco, en el corazón de Providencia.

Allí abrió sus puertas, en mayo de 2011, Le Rêve, que fusiona dos antiguas casas y cuenta con 31 habitaciones decoradas por el prestigioso arquitecto chileno Sergio Echeverría, según cuenta a Efe su gerente general, Óscar Acevedo.

El hotel es propiedad de un conglomerado de inversiones vinculado al empresario Alejandro Ergas, que, en uno de sus viajes a Europa junto a su mujer, se inspiró en un hotel boutique y trató de replicarlo en Santiago.

No muy lejos de allí, en el céntrico barrio Lastarria, pequeño cobijo de restaurantes, teatros y cines, funciona desde julio de 2011 el Lastarria Boutique Hotel, que ocupa una casa que data de 1927 y que entre 1979 y 2010 fue la sede de la Agencia Efe en Santiago.

Sus dueños, propietarios de un hostal situado en la misma calle, quisieron ampliar su negocio y, al encontrarse esta vivienda de estilo neoclásico francés, diseñada por el arquitecto Jorge Arteaga, vieron en ella el germen de su nuevo negocio.

“Nosotros tratamos de resaltar las características exquisitas que tenía la casa, como la escalera de mármol, el pasamanos de bronce, el parqué, las cornisas, los cielos altos”, detalla a Efe su gerente general, Rodrigo Giadalah.

Con cuatro alturas, catorce habitaciones y una piscina en su jardín interior, el hotel ofrece un servicio personalizado para un público de alto poder adquisitivo: sus habitaciones cuestan desde 250 dólares en temporada baja hasta 400 dólares en temporada alta.

Según Giadalah, los clientes que se hospedan en él proceden en su mayoría de Estados Unidos, Brasil, Australia y Europa; muchos rondan entre los 50 y los 60 años y la mayoría viaja por turismo, aunque algunos también por negocios.

El Lastarria es, junto a Casa Pando, en la localidad vinícola de Santa Cruz, el único hotel boutique que ya se ha adherido a una norma lanzada recientemente por el Senatur para certificar la calidad de estos hospedajes.

Para cumplir con este requisito, los hoteles deben tener un sistema de medición del nivel de satisfacción del cliente, tener al menos un empleado por cada dos camas y sus recepcionistas deben saber hablar idiomas extranjeros.

Además, el hospedaje debe tener características específicas en su diseño arquitectónico, gráfico o textil.

De los 8.000 establecimientos registrados en Chile, que incluyen cabañas, hostales y otros, unos 1.000 son hoteles.

De ellos, unos 360 forman parte de la asociación gremial Hoteleros de Chile, en donde hay una quincena que podría corresponder a las características propias de un hotel boutique, según señala su gerente general, Carmen Gloria Araneda.

Con estos avances, Chile pretende garantizar a los turistas que, cuando visiten alguno de los hoteles boutique que están floreciendo en el país, encontrarán la comodidad, el glamour y la atención que buscan.