Obligados a hacer trabajos forzados, los prisioneros de Isla Dawson estaban organizados en varios grupos. Lawner fue destinado al equipo encargado de la faena de postes, que era plantar troncos de ciprés de las guaitecas de siete metros cada cincuenta metros, para construir una nueva apostación eléctrica a orillas del Estrecho de Magallanes. Así llegaron trabajando hasta los vestigios de Puerto Harris, donde había estado la empresa forestal que explotó la isla entre 1910 y 1940. Harris era un caserío de unas veinte casas con una loma que tenía encima una capilla de madera.
Curioso, Lawner, le pidió al sargento a cargo ir a echarle un vistazo.

La construcción estaba en una situación terrible, recuerda Lawner. Al lado, en un matorral de calafate, se encontró con un monolito de hormigón que resultó ser el busto del fraile José Fagnano, evangelizador de onas, huilliches y tehuelches, que llegó al lugar en la misión San Rafael, en 1897.

-Me quedé con la boca abierta. Quedé sorprendido y volví a mirar la iglesia y dije, esto es una locura, es la construcción en madera más austral del planeta de esta magnitud, muy bien hecha.

Lawner revisó los cimientos. Comprobó que habían resistido un clima enfermante, con vientos de 120 kilómetros por hora. De vuelta con sus compañeros, planteó restaurar la iglesia, en vez de estar haciendo «trabajos idiotas» como plantar postes, limpiar cauces y cortar leña. “Todo el mundo me echó tallas”, recuerda.

Pero Lawner insistió: convenció al comandante que le diera lápiz y papel y proyectó la restauración de la capilla. En un par de días de trabajo, le aprobaron el proyecto. Desde entonces los presos se dedicaron con pasión a la pega.
-Hubieras visto a todos raspando el piso con los trozos de vidrio que quedaban de las ventanas, cuando empezó a aparecer la madera, y después el capellán trajo cera y enceramos. Se veía rojo y los presos miraban con los ojos bien abiertos. El chico Bitar era uno de los más activos. También Jaime Tohá, Joignant. Fue una faena muy importante.

La capilla, años después, fue declarada Monumento Nacional. La Armada, a cargo de la isla, la ha cuidado bien según Lawner. Pero tiene una queja: «lo que sí, y eso no tiene vuelta, estos pintan todo blanco, todo lo que no se mueve. Y yo había descubierto raspando el alero que tenía un juego policromado entre rojo, dorado y blanco, típico del Renacimiento. Logré que el capellán me trajera pintura y lo pintamos así. Orlando Letelier no quiso que nadie más hiciera ese trabajo. Trabajaba para qué te digo. Hice un dibujo de él montado en un andamio».

LA CASONA

El 2006, 22 años después de volver a Chile desde el exilio, Miguel Lawner estuvo a cargo de la remodelación de la casona de Avenida República 475, antes cuartel de la CNI, y que hoy alberga el Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

Una vez, mientras sacaban unas planchas de cielo para descubrir la techumbre original, empezaron a caer láminas que, cree Lawner, “evidentemente alguien las dejó ahí con el objeto de que fueran encontradas”.

Las grandes láminas contenían diagramas del funcionamiento de la CNI y su presupuesto entre 1982 y 1983. Cuánto personal había y cuánto significaba eso en plata chilena y en dólares. En un estante, Lawner encontró un libro donde estaba escrita una especie de obra de teatro que tenía lugar en países. Ensayos o juegos para educar al personal de la CNI con los países limítrofes.

-Se notaba ahí la estúpida relación, la actitud belicista que los animaba. También encontramos un directorio donde veías cómo la CNI estaba implantada en todas las instituciones de Chile. Hospitales, por ejemplo. En cada lugar había un número de teléfono que correspondía al personal de la CNI destacado en los bancos, los tribunales de justicia, los centros comerciales, centros culturales, en todas partes de Arica a Magallanes. Es un documento precioso. Nada de eso se conoce. Y es informacion importante.

Nada de eso se conoce porque cuando sucedió el hallazgo, la secretaria de la Fundación Salvador Allende llamó inmediatamente a Isabel Allende, quien a su vez llamó al gobierno. En ese momento, Osvaldo Puccio, secretario general de gobierno, mandó a la policía al lugar.

-En menos de una hora estaban ahí. Secuestraron absolutamente todas las láminas, deben haber sido unas veinte en total, y se las llevaron. Cuando preguntamos qué ocurría, nos dijeron que todas fueron entregadas a Hugo Dolmestch, ahora miembro de la Corte Suprema, que en ese tiempo estaba concentrando todos los juicios que tenían que ver con la CNI. Hasta el día de hoy nadie ha podido ver esas láminas. Es inaceptable. Cuando se creó la Comisión de Verdad y Justicia que presidió Valech, se registraron carpetas, 50 mil carpetas o algo así. Yo sé porque trabajé en el Museo de la Memoria: se pidió que en la sala donde están todas las colecciones guardadas, proyectáramos un lugar especial aislado con acceso restringido donde están guardados todos esos archivos que se suponen que están proscritos de conocimiento público por cincuenta años. ¿Por qué? Esto es lo mismo. No sabes cuánto me arrepiento porque tuve la posibilidad de habérmelos dejado. La desgracia fue que alcanzamos a tomar muy poquitas fotos de ellas. Son documentos importantes.

¿Cómo se explica el secuestro y desaparición de esos documentos?
-Los poderes fácticos. Este es un país que se niega a reconocer su pasado. O quiere mantenerlo debajo de la alfombra como el polvito o la mugre.

Usted ha publicado ya tres libros hablando de todas sus experiencias. ¿Qué importancia le da a la memoria, a rescatar este tipo de historias?
-Fundamental. No puedes construir un futuro sin memoria. Yo empecé a dibujar por casualidad en Isla Dawson. Primero fue por el trabajo de los planos de la iglesia y claro, practicaba el dibujo técnico. Nunca había hecho figura humana. A raíz de tener lápiz y papel un día hice el primero de los dibujos, Daniel Vergara. Los compañeros lo miraron y dijeron, dibújame a mí, acá, dibuja esto y lo otro. Así empecé a dibujar un poco. Cuando en diciembre nos trasladaron al campo de concentración que habían construido, lo miré y dije, algún día se tiene que saber que en este país se construyó un campo con las normas que los nazis impusieron en sus campos de concentración. Me autopropuse hacer el dibujo. Lo hacía todas las noches, empecé de a poquito. Fui calculando los metros, memorizando y en las noches en papeles pequeñitos hacía unos esquemas. Me levantaba temprano y arrojaba el monito en las letrinas. Hasta que lo memoricé, llegué a Dinamarca y no me costó nada hacerlo entero. Gracias a esto se ha podido constatar hoy, y es monumento nacional junto con la iglesia, porque fue demolido absolutamente, tierra arrasada. No puedes construir un futuro tratando de ignorar tu pasado. Es imposible. Además, con todas las mentiras que se contaron después del golpe, sobre el gobierno de la UP, sobre Salvador Allende. No ha sido fácil desmantelar todo ese montaje de mentiras acumuladas. Pero de a poquito se va abriendo camino. Es imposible sofocar el sentimiento de humanismo y progresismo.

¿Qué significa hoy la figura de Salvador Allende?
-Él representó la posibilidad de construir un mundo mejor por un camino que no significó acabar con las libertades democráticas. El presidente fue en eso categórico. Este sentimiento haberlo visto en la práctica y bueno, además del sacrificio de haber inmolado su vida en defensa de lo que él postuló toda su vida, perdura en la humanidad. Es un caso especial, su figura crece con los años.

ARQUITECTURA Y BIEN COMÚN

Con la dictadura se derrumbaron muchas cosas del proyecto de la UP. ¿Cómo resumiría lo que significó en la arquitectura y en la vivienda para el país?
-Los cambios que incorporó la dictadura en todo el ámbito de actividades productivas o de servicio fueron feroces, radicales, un cambio del cielo a la tierra, total. En el campo de actividades nuestras, construcción, arquitectura, vivienda, urbanismo, desde comienzos del siglo XX hasta el término del gobierno nuestro, variaron, es cierto, las políticas, pero hubo un hilo conductor en los cuales el Estado asumió la responsabilidad de la vivienda social y lo fue haciendo más efectivo. Cualquiera que hubiera sido el signo del gobierno, algunos con más éxito que otros. Nosotros culminamos eso con una obra magnífica, la cantidad de conjuntos que hicimos y que persisten hasta el día de hoy es admirable. Todo eso se acabó. Fue un proceso, no de una plumada, de a poco fue culminando y desgraciadamente la Concertación conservó prácticamente tal cual las políticas impuestas por la dictadura. No hay ninguna posibilidad de conciliarlas, porque las políticas de todo el siglo XX hasta el golpe militar estuvieron inspiradas por el propósito de buscar el bienestar de la población, el bien común, y en eso el Estado jugó un rol muy fundamental. Todo eso se cambió entregando a la iniciativa privada toda la responsabilidad, tanto en el ámbito del desarrollo urbano como la vivienda. No hay ninguna posibilidad de que eso vele por el bien común de la comunidad. Las catástrofes en nuestras ciudades son demostrativas de eso.

Usted participó de proyectos emblemáticos como la villa San Luis de Las Condes, por ejemplo.
-El esfuerzo que nosotros hicimos por acabar con la segregación social fue maravilloso. No tiene sentido que él acceso al suelo esté solamente para él que tiene recursos, eso es inaceptable. Es lo que genera la ciudad que tenemos ahora, con puntos como los Bajos de Mena, y varios otros lugares de la Región Metropolitana en los cuales los niveles de segregación social urbana son inaceptables. Este modelo ha llegado a un nivel de desigualdad que se expresa físicamente en la ciudad, mientras tienes 120 mil personas hacinadas en Bajos de Mena. No hay ninguna posibilidad de encontrar una solución mientras subsista este criterio. Así como afortunadamente las movilizaciones juveniles han puesto en descubierto y han hecho evidente que el lucro en la educación es algo inaceptable, nos falta a nosotros, en el ámbito nuestro, señalar que el lucro en vivienda como en salud es igualmente inaceptable. Y el Estado tiene la obligación de recuperar sus atribuciones en ese campo.

Como lo que está pasando ahora en la villa San Luis, hay ocho familias resistiendo para mantener el paño, que es uno de los más caros de Santiago. Algunos pretenden mantenerse en la comuna porque han vivido toda su vida ahí.
-La aspiración de los sin casa de permanecer en sus comunas es absolutamente legítima. ¿por qué hicimos nosotros San Luis?, porque la cantidad de familias sin casa que había en la comuna de Las Condes era gigantesca, estaban todos agrupados al borde del río Mapocho, y su frente de trabajo fundamentalmente era la comuna. Trabajaban como choferes, empleadas. ¿Por qué vas a mandarlos a La Pintana? Nosotros acabamos con la especulación del suelo urbano, y la Cormu era dueña del fundo San Luis, no había razón para no hacerlo. Además les hicimos departamentos dignos que no tendrían por qué avergonzar a nadie. Sobrevive un sector al otro lado de Manquehue que está perfectamente bien, aun cuando están seducidos por una inmobiliaria que les ofrece por uno de los paños 100 millones de pesos a cada uno y en el otro, 180 millones.

¿El ideal de la arquitectura como agente del cambio social se esfumó?
-Claro.

Es lo que pasó también con el terremoto. En Talca, por ejemplo, se cayó el centro histórico y se están llevando a la gente a las periferias.
-Exactamente.

La llamada “ciudad neoliberal”
-Mira, no se puede hacer nada que no sea bajo la conducción del Estado. Puede ser el municipio o lo que sea. En la CORMU establecimos lo que se llamaron las sociedades mixtas, que era la CORMU asociada con algunos municipios. Eran sociedades destinadas al desarrollo urbano en general, pero estos eran instrumentos más flexibles. Cuando vino el terremoto de Tocopilla, escuché a Bachelet decir, “habrá subsidio para todos”. Y escribí una carta abierta a Michelle Bachelet. Porque con esa política, esto que tú estás diciendo es una realidad: el centro histórico se va a las pailas. Entonces el camino es actuar solo con grandes empresas constructoras que resuelvan el problema, que solicitan grandes paños de terreno con el objeto de que puedan hacer 500 viviendas de un viaje, que son el negocio de ellos. En Tocopilla, Bienes Nacionales le entregó un terreno al norte de la ciudad y al sur a dos empresas, ahí se hicieron los grandes conjuntos y toda la gente que quería permanecer en el centro histórico recibió el subsidio, pero uno que otro ha podido – teniendo recursos propios- resolver su situación manteniendo la locación, el resto no hay caso. Entonces tienes el centro tugurizado y tienes dos grupos infames anónimos que incluso ya empiezan a ser vandalizados, porque no son muchos los que se han ido para allá. Se empiezan a apropiar grupos de delincuentes, drogadictos, que le hacen la vida imposible a la gente. Dime, ¿por qué? No es posible. Si tú tienes un instrumento, por ejemplo una sociedad mixta del Serviu con la municipalidad de Puente Alto haces un proyecto con la gente. Pero como no hay nadie que haga eso porque los ministerios quedaron desmantelados, no tienen departamentos técnicos, la solución está en pasarles el papel, y que cada uno se las arregle con una constructora, que si te ofrece un producto en 400 UF te advierto que no invierte más de 150. Es un modelo hecho no para el bienestar de la gente.

¿Cómo ve el futuro de Santiago? No solamente está la gente que están mandando a la periferia, también está el centro, el llamado “barrio de renovación urbana”, con esas torres nuevas tremendas, cajas de fósforos, que yo me imagino serán futuros guetos.
-Yo creo que eso no va a poder continuar así. Los niveles de descontento y de resistencia de la comunidad ante estas agresiones son cada vez mayores, ya las inmobiliarias no se las llevan tan baratas. Esto es bocato di cardenale, realizable, la remodelación de todo el cordón que hay entre el distrito central de Santiago. Todo lo que se construyó en los años cincuenta y setenta, cuando se produjo la inmigración del campo a la ciudad, que fue en parte importante construido a base de tomas de terreno, la mayoría en uno o dos pisos de altura, que está en tiempo absolutamente legítimo y razonable de ser remodelado. Ahí hay dos caminos. O lo haces como está ocurriendo, que llega una inmobiliaria, elige terrenos próximos a un punto estratégico, ofrece cualquier cantidad de dinero seductor a estas familias, levanta una torre de treinta pisos y arruina el barrio. O lo haces sobre la base de organizar a la gente, discutir cómo podemos renovar en beneficio y no en perjuicio de la población. Eso es un desafío maravilloso. Las presiones de la Cámara Chilena de la Construcción que dice que no hay terrenos en Santiago, es una pamplina. Son justamente para permitir que nuevamente se produzcan estos grandes paños, para poder hacer estos proyectos a escala que les interesan. Tú puedes absorber el crecimiento de Santiago para los próximos veinte años trabajando en este cordón que está en las comunas de San Ramón, San Joaquín, Conchalí, Quinta Normal, Estación Central, Renca, que aparecen como densificadas ahora. Las pinzas, con muy baja densidad. Podrías hacer construcciones de un promedio de cuatro pisos de altura como lo hicimos nosotros en la Tupac Amaru o Mapocho Bulnes, maravilloso. Trabajando con la gente y ellos tienen la prioridad absoluta para ocupar los nuevos departamentos. Absorbería el crecimiento de la ciudad sin necesidad de extender las vías de transportes, autopistas urbanas.

(lectura portada libro)
MEMORIAS DE UN ARQUITECTO OBSTINADO
MIGUEL LAWNER
PABLO FUENTES, EDITOR
EDICIONES UNIVERSIDAD DEL BIO-BÍO, LOM, FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO UNIVERSIDAD DE CHILE
371 PÁGINAS
2013