En las últimas elecciones hubo una serie de movimientos que hicieron crecer a sectores disidentes dentro del Partido Socialista. Una muestra de ello, es que ninguno de los seis senadores que el partido tendrá desde marzo es de la Nueva Izquierda, ¿Qué expectativa tienen como disidencia para el año que viene?

-En la última elección interna, al margen de que yo diferí de la fórmula de la lista única, fui parte de un cierto estado de ánimo de suscribir un pacto de gobernabilidad del partido que pusiera por delante las tareas que teníamos, que era la conformación de un pacto político electoral y programático que diera sustento a una militante de nuestras filas que es Michelle Bachelet, y que se la jugará por un programa de avanzada social, que es lo que finalmente ocurrió. En consecuencia, eso significó dejar de lado legítimas diferencias que tenemos en el seno del partido, y también tareas que tenemos en el seno del partido. Yo sigo planteando que en algún momento el PS tendrá que abocarse a su plena democratización y a superar una cierta dinámica fraccional que subyuga la vida democrática interna del partido. Sobre eso tenemos tareas muy importantes que hacer, pero en ese momento dijimos que había que subordinarnos a lo fundamental, que era que el partido jugara el rol que tenía que jugar, toda vez que la candidata presidencial era una militante de sus filas y que estábamos frente a un desafío histórico.

¿Buscarán la presidencia en las elecciones de este año?

-De cara hacia el futuro tenemos un desafío parecido. A nosotros no se nos escapa que más allá de la amplia mayoría que obtuvimos en el Congreso, y la amplia mayoría lograda en la segunda vuelta, la resistencia de los sectores conservadores y la utilización de los principales enclaves autoritarios -binominal y los cuórum-, permiten que finalmente importantes reformas sigan estando en manos de la derecha, ellos siguen teniendo la llave de paso para hacer esas reformas. En consecuencia, eso nos obliga especialmente a los socialistas a un especial ejercicio de compromiso y responsabilidad. Porque vamos a tener que enfrentar obstáculos y vamos a tener que ser capaces de vencerlos, porque la ciudadanía va a ser más exigente y vigilante con lo que hagamos. No va a bastar con que digamos “no nos dejan hacer los cambios”, vamos a tener que ser capaces de incorporar en la ecuación de nuestra gestión política la variable social, que yo creo que durante mucho tiempo estuvo fuera de nuestros análisis, y ahí hay una brecha de desconfianza, de escepticismo que hay que superar, y ahí el PS tiene un rol relevante. Entonces, yo creo que sin perjuicio de que tenemos que ir de a poco también acometiendo los cambios que el PS requiere, debemos preservar un cierto pacto de gobernabilidad y entendimiento para que las energías nuestras estén fundamentalmente abocadas a cumplir el rol que tenemos que cumplir en el gobierno, en el Parlamento y en la sociedad.

Usted casi renunció al partido por profundas diferencias con la dirección de Andrade ¿ese clima puede repetirse?

-Espero que más allá del juego tendencial -yo soy parte de un sector que ha sido disidente de la conducción de Escalona y Andrade, y que ahora somos parte de la mesa- nuestra voluntad es colaborar y enfrentar ese clima. No suprimir, no ahogar las legítimas diferencias pero no equivocarnos que este es un momento histórico que requiere del Partido Socialista que sea capaz democráticamente de deliberar respecto a los desafíos que tenemos para que colectivamente nos pongamos al servicio de ello.

¿Habrá nuevamente una mesa de consenso entre la disidencia y la Nueva Izquierda?

-No sé, yo desconozco las fórmulas que van a haber. Tenemos congreso, que es una buena oportunidad para plantear los desafíos del partido. Hay un buen clima, a diferencia de algunos años, porque el triunfo siempre es un momento más luminoso que la derrota. Ojalá que esta vez tengamos la posibilidad, a diferencia de otros congresos, de pensar los desafíos del partido a diez o doce años plazo. Cuando hay menos beligerancia interna, cuando hay menos disputa interna hay más posibilidades de construir acuerdos y que esos acuerdos puedan plasmarse en cambios importantes. Yo siento que esa ventana de oportunidades está abierta en el PS. Después vendrán las elecciones internas, ¿cuáles serán las alianzas electorales, las fórmulas con que vamos a enfrentar el desafío? Eso está demasiado verde todavía, honestamente creo que sería un error instalar ahora en nuestra reflexión -sobre todo conociendo como somos los socialistas- la dinámica electoral interna.

Nosotros tenemos un desafío enorme, que es acompañar a la Presidenta Bachelet en la instalación e su gobierno y en la agenda programática en los primeros cien días. Ya vendrá el tiempo del debate electoral interno, pero para eso mientras tanto hay que construir una idea de un acuerdo de gobernabilidad interna, que puede significar fórmula electoral diversa. Yo no me caso con ninguna porque ni siquiera me he puesto a reflexionar muy profundamente sobre eso, pero sí tengo una convicción, y lo digo siendo parte de la disidencia: el PS es un partido bueno para concentrar sus energías en la vida interna, y cuando se desatan lo que Don Clodomiro Almeyda decía los torneos internos, las elecciones, los congresos, nos volcamos a la vida interna. Y yo creo que hoy día el desafío asociado al nuevo gobierno es demasiado importante como para que pongamos nuestras energías en la cuestión interna.

¿Pero ustedes como disidencia mantienen firme la convicción de alcanzar la presidencia?

He sido muy crítico a la primera dirección de Osvaldo Andrade, pero debo reconocer que el segundo período de Andrade estuvo marcado por mucho más diálogo, más conversación, más construcción colectiva, y a pesar de que yo fui uno de los perjudicados del proceso de primarias, entiendo que ahí se hicieron apuestas colectivas que son importantes.

¿Y a su juicio qué motivó el giro en la dirección?

-La convicción de que efectivamente estábamos frente a una crisis de proporciones, no quiero pecar de autorreferente, pero creo que al momento de mi potencial renuncia al partido, se abrió una reflexión en diversos líderes, incluyendo a Osvaldo, en torno a la idea de que habíamos llegado a un punto en que no podíamos seguir avanzando sin una profunda crisis en el PS, de confianzas, de trato, de clima y participación. Yo siento que de ahí en adelante las cosas fueron cambiando. No es un partido perfecto, tiene muchos déficit, pero hay un clima distinto. Las elecciones, espero que se hagan con plena democracia interna, y por lo menos yo, impulso que tienen que darse en torno a un pacto de gobernabilidad interna que permita que el PS no se consuma en la hoguera de la disputa interna, sino que sea un partido que esté atento a lo que esté pasando en la marcha de nuestro programa de gobierno y en la sociedad.

Es posible que Camilo Escalona retome la dirigencia del partido, como máximo líder del PS. Usted, principal crítico de sus mandatos, ¿como reaccionaría ante su posible regreso al poder?

-He tenido muchas diferencias con Camilo Escalona, muchas de ellas son públicas, y en lo sustancial mis opiniones no cambiaron respecto a los que fueron sus períodos. Entiendo que todo aquel que sea militante del PS y que reúna los requisitos que establecen los estatutos tienen el derecho de concursar por ser parte de la dirección del partido, pero al menos mi esfuerzo personal, en al medida que pueda, va a estar puesto en la lógica de que al margen de cómo compitamos, que sea sobre la base de entendimiento respecto de la tarea del PS en los próximos cuatro años. Por lo tanto, reconociendo primero legitimidad a cualquiera que quiera presentarse, yo creo que quienes tenemos algún grado de liderazgo tenemos una responsabilidad, y es que el PS debe estar poniendo sus energías y capacidad al servicio del programa de gobierno. Para eso, tenemos que evitar que el clima interno del PS repita momentos que hemos vivido antes que no han sido clima muy propicios. Y al margen de quienes quieran presentarse, se dice que Escalona, que Rossi, que este otro… creo que es un legítimo juego de nombres. Elecciones va a haber, pero lo importante es que se den en un marco en el que todos los que compitan entiendan que el tiempo histórico del PS le exige y demanda una responsabilidad que está en el cumplimiento del programa comprometido.

Gobierno y eventual cargo

-Después de las elecciones, parece muerto el histórico eje PS-DC ¿Cómo se reordenan las fuerzas en la coalición de gobierno?

-Hay un cierto debate de maniqueo respecto al tema de los ejes, que el eje con este, que el eje con estos otros. La Concertación en su momento, y la Nueva Mayoría hoy día, preserva un entendimiento central, que es el único eje que tiene importancia: que es el entendimiento entre el centro y la izquierda, que es lo que permite dar la base de amplia mayoría que requiere un gobierno para hacer transformaciones. Dentro de ese entendimiento que es esencial, siempre he sido partidario de un entendimiento entre el PS y el PPD, y en ese sentido valoro el acuerdo que hemos logrado para fusionar las bancadas. Pero nunca eso debe ser entendido como una exclusión del entendimiento con el centro. Porque lo que nos permite llegar a esta base de apoyo electoral y ciudadano es ese entendimiento entre el centro y la izquierda. En ese sentido, el aporte del Partido Comunista es cualitativo y relevante y tiene que tener su espacio, como todos los partidos de la Nueva Mayoría. Y por cierto también la DC, que es la expresión más nítida del centro. La izquierda quizás está más polarizada, está el PS, el PC, el PPD. Por eso creo que el PS tiene una tarea de articulación de izquierda, porque ahí hay más dispersión y hay fuerzas de izquierda que están fuera de la Nueva Mayoría, pero el PS también tiene una tarea insustituible en el entendimiento con el centro. Sin embargo, el debate de los ejes ya terminó, y aquí el único eje fundamental es el que hay entre el centro y la izquierda que es el que permitió derrotar a Pinochet, crear la Concertación y crear esta Nueva Mayoría.

¿La DC tendrá ahora el peso que tuvo en el gobierno anterior de Bachelet, donde ocupó puestos estratégicos para la definición de las políticas?

-Ningún partido va a tener más o menos influencia, creo que los partidos van a tener una responsabilidad significativa, importante y relevante. Pero hay que decir las cosas como son: tenemos un liderazgo de una densidad y fuerza política como el de Bachelet que no habíamos tenido antes y ese es un dato de la causa. El peso de su liderazgo se siente, y está bien que así sea. Ella ganó tres elecciones el año pasado y tiene un liderazgo más poderoso que el que tuvieron otros jefes de Estado en el tiempo de la Concertación, pero eso no significa una menor valía de los partidos, es un reacomodo de cómo funciona… De hecho algunos dicen que a tal partido le gustaría tal cargo. Nosotros hemos dicho que siempre es el presidente quien resuelve.

Usted termina su período parlamentario el 11 de diciembre, y lo han mencionado como posible carta para el gobierno, ¿Está dispuesto si lo llama Bachelet?

-Tomé una decisión pública y privada y todos los que me hacen esa pregunta de forma pública o privada reciben la misma respuesta: no hablo de ese tema porque en realidad creo que es una pura especulación y no quiero ser parte del carnaval de especulaciones. Yo tengo una responsabilidad hasta el 11 de marzo como parlamentario, estoy preparando una memoria de mi trabajo en los 8 años que estuve en la Cámara. Esas son mis tareas y es de lo único de lo que voy a hablar hasta que termine mi período parlamentario.

Lobby y TV digital

Bueno, hablemos de ese trabajo. ¿Qué buscan con la estrategia de declarar inadmisible el veto presidencial respecto a la ley de tv digital?

-La comisión de Constitución declaró inadmisible el veto presidencial, y esto puede terminar -según el análisis de algunos- en el Tribunal Constitucional de nuevo. Nuestro planteamiento es que a nosotros nos parece incorrecto como procedimiento un veto de esta magnitud que supera con creces lo que ha sido la utilización de esta facultad presidencial que tiene que ser utilizada con mucha prudencia. El Parlamento discutió durante 5 años, despachó la Ley; luego, diputados de la UDI acuden al Tribunal Constitucional, el Tribunal Constitucional rechaza básicamente todo lo requerido, y cuando el gobierno está al tanto envía este veto que se hace cargo de las cosas que no pudo modificar en 5 años ni en el Congreso ni en el TC. El veto excede las ideas matrices del proyecto y eso votamos la semana pasada en la comisión. El veto es dramático porque lo puedes rechazar por mayoría simple, pero para preservar la norma aprobada por el Congreso necesitas los dos tercios, y eso es muy difícil. Entonces por la vía del veto puedes terminar cambiando lo que el Parlamento ha discutido por años.

¿O sea que al final la Ley va a salir al criterio de Piñera?

-No, por eso nos jugamos por la tesis de la inadmisibilidad. Porque si hay inadmisibilidad el veto se tiene por no presentado y en consecuencia la Ley tiene que ser promulgada tal como nosotros la sacamos. Nosotros le hemos dicho al gobierno que no estamos disponibles para retroceder en normas que garantizan el pluralismo en televisión, no estamos disponibles para retroceder en normas que mejoran, garantizan y cautelan los derechos de trabajadores en tv, tampoco para poner techo a las horas de transmisión cultural, ni para restringir la capacidad del Estado en materia de campaña de utilidad pública y nos pase lo que nos pasó durante años con las campañas del condón, en que el canal que decía que no lo quería transmitir no lo hacía.

Por otro lado ¿Qué términos se zanjaron en la comisión para la ley de lobby?

-Valoro mucho lo que ocurrió, porque junto con el diputado Jorge Burgos, Guillermo Ceroni y Felipe Harboe logramos un cierto entendimiento con el gobierno para sacar adelante la Ley de Lobby en las condiciones que podíamos, entendiendo que somos minoría en la Cámara. Hubo una cierta incomprensión, porque no logramos todo lo que queríamos como oposición y algunos que tuvieron muchas oportunidades para hablar en su momento hablaron recién después. La semana pasada un conjunto de organizaciones de la sociedad civil planteó lo que nosotros dijimos: esta no es una ley perfecta pero es la primera vez que podemos tener una ley que ponga un marco regulatorio a una actividad que se está transformando en un foco de problema, y no sólo el lobby remunerado, sino también el informal, como lo he visto en el Parlamento y fuera del Parlamento: en los gobiernos regionales, en el gobierno, en fin. En consecuencia, lo que se aprobó en la comisión mixta es bastante significativo: se mantiene el registro de lobbystas que conseguimos como negociación en la Cámara y lo va a tener el consejo para la Transparencia. Conseguimos también un registro de audiencias públicas, lo que será un espejo.