Sucesor de José Goñi en el Ministerio de Defensa, entre marzo de 2009 y marzo de 2010, el profesor de Historia debió enfrentar la primera parte de la demanda marítima peruana. Casi cinco años después, el militante histórico del PPD da su punto de vista sobre el dictamen que se conocerá este lunes, y que mantiene copada la agenda del Presidente Sebastián Piñera y que, de seguro, será el primer desafío para el inminente gabinete de Michelle Bachelet.

Usted dijo el año pasado en una entrevista, que la aristocracia peruana no iba a descansar hasta recuperar Tarapacá, ¿qué tan vigente está eso a una semana de conocer el fallo de La Haya?

-En general, los chilenos conocemos poco de la historia peruana, y la élite peruana es una élite revanchista, una élite irredentista. Entonces, no es que haya un plan, pero hay una conducta perseverante en el tiempo de la sociedad peruana en general, pero conducida por la élite, de irredentismo. Te voy a dar una señal de 1929, cuando se firmó el tratado para separar Arica de Tacna, ahí Perú nos pegó un gol de media cancha, cuando estableció en ese tratado que cualquier territorio en manos de Chile que hubiera sido peruano, si Chile quería cederlo a un tercero -para este efecto Bolivia- no podía cederlo sin pedir autorización a Perú. Ese es un ejemplo claro, de hace 90 años, de lo que estoy hablando. Si tú lees el libro de la historiadora peruana Carmen Mc Evoy, “Guerreros Civilizadores”, que es la historia de la Guerra del Pacífico como la vivieron los peruanos, mira como los coloca: “guerreros”, agresivos, y civilizadores.

En esa misma línea se entiende que Alan García haya publicado un poema dedicado a los héroes de la “Guerra del Pacífico” este fin de semana en el diario El Comercio.

-Y yo te pongo un ejemplo que pasó piola. El nuevo jefe del Ejército peruano, nombrado hace 15 días, en su primera entrevista cuando le preguntan dónde nació, no nombra a la ciudad, dice: “en territorio invadido”. Eso equivale a siete libros y a 500 seminarios. Ahora, dicho eso, y no es que yo sea agresivo, es un dato de la realidad y Chile va a tener que convivir con esto ad eternum.

¿Los peruanos ven el fallo de La Haya como un paso a la recuperación de Tarapacá?

-Sí, lo ven como un paso a la recuperación, construido desde 1986, y donde un canciller peruano el año ’99 -cuando cerraron todos los problemas en torno a Arica-, dijo “con esto nunca más”. Pasaron nueve años y llegamos a La Haya. Y después de La Haya vendrá otra cosa. Por eso yo soy partidario de que después de La Haya firmemos con los peruanos lo que dijo Ollanta Humala: “después de esto nunca más”, pero por escrito. No de la lengüita, no. con la manito, con firma. A mí me gustaría un compromiso del Perú y Chile diciendo que a partir de esto no hay temas pendientes. Mira, por dos razones: si te lo firman, estupendo. Si no te lo firman, estupendo también, porque sabes que en diez, en veinte, o en cincuenta años más construirán otro caso.

Da la impresión de que el gobierno se está preparando para implementar cambios tras el fallo, ¿usted percibe eso?

-La verdad es que yo no estoy dentro del ciclo depresivo chileno, porque si la Corte falla en Derecho debiéramos ganar. Si falla en Derecho más otras consideraciones, propias de un Tribunal de muchos miembros, de la historia de los fallos, ahí podríamos perder.

¿Y cuáles son las posibilidades?

-No sé, pero la única cosa que me resulta sospechosa es que la Corte se haya demorado tanto. Si se ha demorado tanto frente a una cosa que era evidente en Derecho significa que están divididos Y si están divididos, a la mayoría o la minoría, alguna parte de la argumentación peruana les llegó. Esa es mi única sospecha intelectual.

¿Eso significa que se podría conceder sólo una parte de lo reclamado por Perú, que tiene relación con la línea marítima equidistante y el nuevo hito terrestre?

-Claro, ahí están todas las alternativas. Lo que pasa es que este partido de fútbol es muy curioso. La selección chilena entra a jugar con dos opciones: empatar o perder. Y la selección rival también entra con dos opciones: empatar o ganar. Una cosa espectacular.

¿Qué responsabilidad le asigna a la política de cuerdas separadas, entre diplomacia y relaciones comerciales, que hizo el Gobierno?

-No me gustó esa política. Yo creo que Piñera heredó el problema, mantuvo el equipo, estupendo, y los principios de la defensa, estupendo. Pero cometió dos errores comunicacionales jodidos: el brindis con pisco sour en el Palacio Pizarro y la condecoración a Alan García en el Palacio de La Moneda. Creo que la mentalidad de derecha en este caso se le notó a Moreno y a Piñera, al creer que el apaciguamiento de Perú va por los buenos negocios, y la historia es más que los negocios. Ahora, es bueno, porque por último los negocios te atenúan la atención. No soy de los que piensan que las cuerdas separadas pueden implicar algo en el fallo contra nosotros, sino que creo que son señales desafortunadas. Recordemos que Mariano Fernández, canciller de Bachelet, dijo que esto era un acto inamistoso. En cambio, a raíz de ese falso espionaje, Alan García nos trató de Republiqueta.

Yo siempre hago un símil: vivo en una casa pareada y mi vecino quiere correr un metro la pandereta y va al Juzgado de Policía local. Mientras eso ocurre en el Juzgado, yo ni lo condecoro, ni me tomo un pisco sour ni hago negocios; tampoco le pego, porque si yo me tomo el pisco sour y le compro un par de calzoncillos, el vecino va a pensar “oye a este le estoy corriendo la pandereta y le da lo mismo”.

García vino también a Aysén el año pasado…

-Lo que pasa es que Alan García se ha transformado en lobbysta de las grandes empresas, de hecho ha venido a Chile contratado por grupos económicos chilenos a defender la economía de mercado. Hay que recordar que Alan García es líder del Apra, pero que se dio la vuelta en el aire y hoy día es campeón del neoliberalismo.

¿Y qué diferencias tiene la política de cuerdas separadas de Piñera y la que llevó Bachelet?

-Son señales. En lo sustantivo la política de ambos gobiernos ha sido la misma desde el punto de vista de la doctrina de la defensa, lo mismo que los equipos; pero las señales han sido distintas.

¿Usted cree que debe acatarse el fallo a todo evento?

-Sí, eso es parte de la tradición de Chile del honor: acatarlo a todo evento. Nosotros no podemos hacer lo que hizo la dictadura argentina con nosotros el ’78, cuando falló la reina Isabel por el Beagle y la dictadura dijo nulo.

¿Es muy loca la idea de hacer un plebiscito para ratificar el fallo, que postula, entre otros, el diputado Jorge Tarud, de su partido?

-Es una opinión y yo la valoro como opinión, lo que pasa es que eso es desconocer la tradición y la Constitución, porque quien conduce la política exterior es sólo el Presidente de la República; entonces un plebiscito es consultarle a la ciudadanía, y no al Presidente de la República, que es el conductor.

¿Cree que Chile debe seguir en el pacto de Bogotá?

-Esa es una buena pregunta para debatirla, porque el pacto de Bogotá finalmente es que tú te incorporas a un sistema de justicia internacional. Países medianos y pequeños como los nuestros, de lo que se trata es de que se metan a la mayor cantidad de organismos multilaterales, porque si no imperaría la ley de la selva: el más grande se come al más chico. Entonces es debate, sobre todo viendo lo que viene, porque en un mes más Bolivia nos presenta la demanda en La Haya.

Y tomando la experiencia, ¿también se daría el escenario de Chile yendo a empatar o perder y ellos yendo a ganar o empatar?

-Exactamente, pero además con una cosa curiosísima, que son los derechos expectaticios, esa es la argumentación jurídica boliviana.

¿Derechos cuánto?

-Expectaticios, de expectativa. No, sí los abogados, les ponis (sic) un conejo y sacan una culebra.

Por otra parte, en el tema de lo netamente militar, ¿debería haber un movimiento de tropas importantes?

-Nada, eso son cuentos nomás. Tú sabes la fortaleza militar de Chile, que no es de matón, es defensiva. No reivindicamos un milímetro peruano. Y ese elemento: disuasión, cooperación y doctrina defensiva hacen que la paz esté garantizada. Pero no es sólo la buena voluntad, también es la realidad.

¿Y cómo está el potencial militar de Chile respecto al de Perú?

-Lo que pasa es que ha evolucionado en el tiempo, en los últimos 50 años. Hubo un momento en que Perú tuvo una ventaja estratégica de tres a uno, en la época de Pinochet al principio, que condujo a la posibilidad de invasión peruana, el año ’74, donde el dictador peruano Velasco Alvarado tuvo un debate en el alto mando peruano, y perdió. Pero si tuvimos una pre crisis de guerra, fue ahí. Cuando Chile estaba muy debilitado tanto políticamente -por el golpe-, como militarmente. Chile se colocó al día en la época del 2000 con los gobiernos de Lagos y Bachelet. Entonces, ya hay cierta equiparidad estratégica.

¿Chile es superior en tecnología, pero no en tropa?

-No, esos son mitos. Nosotros tenemos unas Fuerzas Armadas completamente reformadas en su dispositivo, pasamos de un Ejército de Pinochet más bien de ocupación, de cobertura territorial, a un Ejército funcional. Se eliminaron como 20 o 25 regimientos en guarniciones. Saca la cuenta que el Ejército de Pinochet tenía 80 mil hombres, el Ejército de hoy día tiene 42 mil. Perú debe tener más, pero no es un problema de números, es un problema de entrenamiento, capacitación y doctrina, que es defensiva.

¿Entonces los Ejércitos de Chile y Perú están igualados, uno a uno?

-Con una leve ventaja para Chile, pero eso hay que mantenerlo en el tiempo. Además los peruanos desde que asumió Humala han ido adquiriendo. Ellos cometieron un error, se armaron mucho con material soviético en los ’70 y los ’80, y los gobiernos que vinieron después no mantuvieron. Tienen un inventario obsoleto, pero en los últimos dos o tres años se han ido poniendo al día.

El sobrepeso de Chadwick

Por último, ¿cómo evalúa la puesta en escena del ministro Chadwick tras el Cosena, con un casi llanto que llegó a la portada del diario La Razón?

-Un error, involuntario, sin dudas. Pero lo que yo percibo es que este hombre salió del segundo piso, del Consejo de Gabinete, tuvo que bajar una escalera, correr por el patio, y como está con sobrepeso llegó agitado, listo para llamar a la Unidad Coronaria Móvil. Y en vez de darse un respiro, de tirarse un flatito…

¿Lo superó la circunstancia?

-Claramente.

Y eso es pura experiencia política…

-Chadwick es gallina vieja en esto. Por eso llama la atención. Increíble, es de novato. Si yo corro una cuadra, con todo lo que fumo, no puedo hacer una declaración de la importancia de esta con el tanque de oxígeno al lado, no corresponde.

¿Cómo lo hubiera hecho usted, o Insulza?

-Chile nos conoce.

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