¿Cuál fue el punto de partida de tu investigación? ¿Cuándo te diste cuenta que podía ser un libro?

Fue de a poco. El primer acercamiento que tuve al caso, que es el comienzo del libro, fue un reportaje que hice para la revista (El Sábado) sobre las hermanas que entregaron el bolso, al final la única prueba material de que los cuatro asesinos mataron a Zamudio, porque tenía la sangre de él. El nombre de ellas salió escrito en La Tercera y eran testigos protegidos. Las fui a buscar a la casa y las entrevisté. Cuando lo hacía yo iba con la imagen que tenía todo el rato del diario. Les pregunté cómo era pololear con un neonazi y ellas me dijeron que no lo eran. Y yo les pregunté si hablaban mal de los homosexuales, si había algo de eso, y ellas me decían que no, que no tenían nada, sin el afán de exculparlos del crimen. Ahí me di cuenta que la cuestión no era tan simple y fue el punto en que me di cuenta que había toda una historia, a partir de los asesinos, distinta a la que estaba leyendo.

¿Y Daniel?

Más adelante me empecé a meter en la historia de Daniel. Leí el expediente, hablé con harta gente que lo conocía y me di cuenta que él también tenía hartas cosas grises. Que lo había pasado mucho peor. De hecho, de Daniel no se sabía mucho. Era raro porque sólo estaban las declaraciones de la familia y reporteando me di cuenta que la había pasado súper mal, que tenía episodios súper duros y ahí me di cuenta que había material, cosas que contar que no cabían en un reportaje.

El libro dice que los cuatro asesinos y Daniel tienen un denominador común. Problemas que le tocan vivir a mucha gente en este país. ¿Eso ayuda a desmitificar a Zamudio?

Sí, pero no es que el libro busque desmitificar a Zamudio ni botar a un mártir, como han dicho. El libro lo que busca es investigarlo como una persona, no como un mártir. Ni siquiera me puse a investigar la vida de un homosexual, investigué la vida de una persona como lo haría y lo he hecho en otros reportajes. Y ahí me di cuenta de estas cosas. Y yo no digo que Zamudio y sus asesinos sean lo mismo. Lo que hicieron es imperdonable y la justicia habló y la investigación es buena en ese sentido porque incluso algunas penas me parecen livianas para lo que hicieron. Lo que digo es que verlo como dos polos distintos es un error porque sí forman parte del mismo entramaje social.

Eso está en el libro.

Mira, desde afuera las biografías se parecen harto, pero una de las cosas que hace el libro es que parte con el relato más pormenorizado de lo que pasó esa noche, como una forma de decir ‘pasó esto, así de grave e imperdonable fue’. Después de ese relato, encontrar similitud en las vidas cuesta, porque sabís que uno es el torturado y otro el torturador, pero las similitudes están ahí y uno no puede hacerse el tonto. Los activistas o la gente que tiene causas o agenda puede escoger partes de la historia que sirvan a su causa y partes que no. La idea del periodista es que tienes que tomar todas las aristas y todas las cosas que investigaste.

Tú dijiste que Daniel tenía más en común con un joven heterosexual sin redes de apoyo que con otro homosexual que sí las tenía.

Sí, pero da lo mismo lo que opine yo. Las conclusiones, por ejemplo, del tren de vida que seguía Daniel, no las saqué yo. La tuvo el OS9 tres días después del ataque, antes que Daniel muriera, antes de que se encontraran a los asesinos, que ya habían llegado a esa conclusión. Y los amigos de Daniel todos también piensan eso. O sea, en el fondo, no es lo que yo piense, es lo que yo recavé. En el lanzamiento habían tres profesionales que trabajaron directamente con la familia de Daniel y con los cuatro asesinos y ellos también llegan a esa conclusión. Entonces, hay cosas que nos les puede gustar pero son hechos. La gente habla de Daniel como si lo conociera, pero realmente la gente que lo conoció fueron los amigos de Daniel, y ellos tienen opiniones en ese sentido también.

¿Qué te molestó de la polémica? Hubo críticas desde que eres un mal periodista hasta un homofóbico o neonazi como los que mataron a Zamudio.

Eso es absurdo. O sea, las cosas que más me han molestado es que yo comparto la tesis de los asesinos. Basta leer las primeras ocho páginas del libro para darse cuenta de eso, porque de partida, dos de ellos todavía dicen que no fueron ellos y ahí se explica detalladamente cómo hicieron eso. Eso es desinformado y en parte un poco mala leche. Yo lo que hice fue investigar un caso y son las conclusiones a las que llego desde un caso. Yo opino que hoy en Chile hay discriminación, hay homofobia, y son cosas muy graves, un problema que hay que tratar y que la Ley Zamudio fue un gran paso en ese sentido. No estoy diciendo que eso no exista, digo que en este caso hubo un problema subterráneo que fue el gatillante principal, que incluyó cosas de homofobia como la famosa frase esa (“gay lacra, ensucias mi patria”), que el libro no la esconde, la expone. Como te decía, ellos eran bombas de odio en general.

¿Cómo?

O sea, una buena pregunta es si es que ese día le hubiera pasado lo mismo a un punk que hubiera estado ahí durmiendo. O a un heterosexual durmiendo. Yo tiendo a pensar que sí, porque los asesinos tenían una rabia que incluía la homofobia, pero también otras cosas. Hay un descontrol generalizado. A eso me refiero, yo no digo que a Daniel no lo mataron por ser gay, digo que el problema de fondo es mucho más profundo que eso.

Hay gente que incluso dice que con el libro queda la impresión que “él se la buscó”.

No, obviamente nadie busca morir de esa forma. Es absurdo. A mi lo que también me ha molestado es que da la impresión, sobre todo en las críticas iniciales, es que es una tragedia sólo si se dio bajo los parámetros de un crimen estrictamente homofóbico. Ahí es una tragedia que nos tiene que conmover. Si no, no importa. Tiene que ser de esta forma porque si no nos sirve o no nos conmueve. Encuentro súper violento que la muerte de Daniel sirva sólo de una forma. Eso es lo que más me ha molestado y es bien inaceptable, pero ha sido más con las críticas iniciales. Después han sido mucho más informadas y todas llegan a la conclusión de que hay un tema más complejo. Algunos tienen dudas sobre cuál fue el móvil exacto del crimen. Yo digo que hay pulsaciones homofóbicas, obvio, y el libro las relata.

¿Como qué cosas?

Como el caso por el que estaba preso Ahumada (Pato Core) y recibió los beneficios, cuando asaltó y golpeó a un homosexual también, yo hablé con esta persona y yo le dije, con la imagen que tenía de los asesinos, si le había dicho algo por ser homosexual y no le dijo nada. En cambio le dijo un discurso que sale en el libro y que es algo como ‘los cuicos son los dueños del país’ y mientras me iba contando en el camino, yo iba pensando que el problema era mucho más complejo y de mucha más difícil solución.

También depende desde donde se lea el libro.

Claro. Hay gente que lo lee desde el activismo total que encuentra que es negacionista y gente que lo lee desde la ultra derecha que cree que es un tratado pro familia. Y no es ninguna de las dos cosas. Es la historia de cinco jóvenes que no son la excepción en este país, que son parte representativa de cierta juventud.

Tú tratas con harto cariño a Daniel. Me sorprendió que te refirieras a él como un niño siendo que ya era mayor de edad, contrario a sus asesinos, que son susodichos.

Sí, hay una cuestión de tono que se pensó harto antes de escribir el libro y que es lo que repito majadéramente, pero a la gente que no lee el libro no se lo puedo explicar, que es que el crimen no es justificable bajo ningún punto de vista y eso está expresado narrativamente. La historia de Daniel se narra así porque él es la víctima y la historia de los otros se narran casi con un tono de informe perito judicial psicológico. Encontré que era una forma súper fría pero explicativa de abordarlo. Fue adrede, por eso están tratados como susodichos, como sujetos, que son como los lugares comunes del periodismo con los que se trata a los delincuentes. Por eso parto con los detalles de la matanza ‘al chancho’, con detalles súper duros. ¿Cómo alguien puede decir que yo empatizo o comparto la tesis de los victimarios cuando relato que le tomaban el pulso para seguir pegándole o no? Más distancia con ellos no se puede.

Dentro de las historias de los victimarios también hay conclusiones psicológicas. Algunas dan mucha pena incluso, tratando de no repetir lo que vivieron.

Sí, pero es muy raro porque al final como que se eterniza en los mismos problemas. Por ejemplo, Angulo tiene dos hijos reconocidos pero tiene más. Es un círculo vicioso del mismo problema. Pero claro, hay cosas que dan pena de la vida de ellos y es lo que te digo de encontrar explicaciones. Las conclusiones psicológicas que están en un informe de perito tampoco son mías y las incluí hablando con ellos. En el libro no hay nada mío. Lo que incluí es parte del reporteo.

La vida de Daniel

De acuerdo a tú investigación, cuándo crees que comienza la condena de Daniel Zamudio? ¿Es cuando su familia consciente una relación homosexual entre él y alguien 20 años mayor o en los últimos dos años de su vida, donde aparece más perdido?

Yo creo que hay varios puntos. Hay un punto que está súper pasado por alto y que es que en algún momento la familia Zamudio tuvo un súper buen pasar. Tenían una empresa de baldosas que iba súper bien y que de repente comienza a irle mal. Eso demuestra un poco de Chile, de la fragilidad de la clase media, que se va para abajo y comienza el desastre total.

Se derrumba.

Sí, ahí hay una frase donde dice que el confort y el amor se parecen harto. Tú queris a la gente con la que estay bien. Y ahí comienzan los problemas económicos y pasa el episodio ese con el instructor de scout, que es algo consignado por el OS9, que llegaron a esa conclusión con datos que le dio la familia de Daniel. Ellos no llegaron por otro lado. Y yo creo que la peor etapa de Daniel es cuando terminó con su pololo, el ejecutivo de banco. La relación con él fue su etapa más feliz porque vivió como siempre había querido. Y después de eso se quedó sin piso totalmente y acostumbrado a un nivel de gastos que no podía solventar. El pololo le ayudó después, pero él no quería volver a San Bernardo. Te diría que ese quiebre coincide la peor época de Daniel, cuando se fue a la pensión donde ya vivió una vida sin control. Después ya no hubo más reglas y era súper tarde para volver a estudiar. Tampoco tuvo ganas reales, tenía proyectos como fantasiosos, como ser modelo, entrar a la tele. Pero ninguno de sus proyectos tenía un mínimo de base. El drama comenzó mucho antes en San Bernardo, pero la cuesta abajo de Daniel tuvo mucho que ver cuando terminó con su pololo.

Lo digo porque leyendo el libro, al parecer el primer gran problema, la primera atrocidad que le ocurre es cuando la familia permite esa relación, que hace a través de favores y a cambio de útiles escolares.

Bueno, como es un tema tan delicado yo opté en ese caso por parafrasear el informe policial. Porque efectivamente es un tema súper delicado y marcador. Cuando digo que Daniel venía marcado desde mucho antes, me refiero a eso. Porque un niño de 9 años no puede tener un pololo de 31. No se puede. Igual yo soy súper respetuoso ni culpo a la familia de nada, pero como es el tono de todo el libro expongo ese hecho, que viene del expediente de la causa. Era cosa de consultarlo.

¿No te molesta que la familia, la mamá específicamente, ahora salga a criticar el libro?

No, no me molesta porque también son un poco víctimas de este tema. Y yo creo que ellos tienen reflexiones al respecto. Al papá lo he escuchado hablar incluso después del libro y es súper consciente de los problemas, del drama que vivía. Y el hermano es súper inteligente también. Las reflexiones más inteligentes del libro salen de la boca de él también. A mi no me da rabia. Lo entiendo y creo que ellos tampoco eligieron que su hijo fuera un póster. Ahí las culpas que tenga cada uno no me corresponde a mi juzgarlas. El libro tampoco lo hace. Están los hechos y están reporteados.

Hay un tema con respecto a si el crimen es un crimen de odio o no. En Chile es súper difícil probarlo.

Sí, los casos son súper pocos y condenas son menos. También es un problema de la ley porque es solo reparatoria.

¿A eso te referías tú cuando decías que no era un crimen de odio?

No, a lo que yo me refiero es que el crimen tiene pulsaciones homofóbicas, pero las cosas que impulsan a los asesinos a hacer esto tiene otras explicaciones. De eso te hablaba, de las bombas de odio que están dando vueltas y de la pregunta, si es que hubiera pasado eso con un otaku o con un peruano. Yo digo que reducirlo a un crimen de odio uno se queda corto. Es mucho más que un crimen homofóbico. Tiene pulsaciones, y el libro no las esconde. Pero claro, el ‘gay lacra, ensucias mi patria’ sirve como atenuante para darles más o menos condena. Pero es bueno que se dé el debate. Tampoco quiero ser tajante, porque las declaraciones importantes son de quienes trabajaron en el caso. Y lo valioso es que gente activista como (Jaime) Parada o (Luis) Larraín lo hayan entendido.

Cuando lanzaste el libro y explicas lo que ha pasado con la polémica hay una crítica al periodismo, que ayudó mucho a construir una imagen simplista del crimen y de estos personajes.

O sea, si la pega se hubiera hecho bien desde el comienzo el libro no existiría. Yo no sé por qué se hizo así ni soy quién para juzgarlo, porque también soy parte del problema: estaba trabajando cuando pasó el crimen y demoré mucho tiempo en darme cuenta que había una complejidad mayor. Yo siempre pongo el caso de si esto fuera en Francia o Estados Unidos el libro tampoco hubiera existido, si el caso y su vida hubieran estado reporteados a fondo. Habrían salido todos estos defectos que tenía, que yo tampoco los condeno, sino que los abrazo y hacen a Daniel un ser más querible, no lo hacen menos ícono de nada. Otra gente tiene problemas con eso, que es la gente que no quiere que se hable de ellos, y que por el bien de ellos ojalá estas cosas no hubieran existido, que Daniel mejor hubiera sido de otra forma. Pero Daniel no era de otra forma, tenía defectos como tiene todo el mundo y lo que dijo Cristóbal Peña en el lanzamiento tiene razón, que se le trató como un humano nomás. Los humanos tienen complejidades y aunque trataba de mostrarse más simple, tenía hartas más capas que tenían que ver también con sus heridas de fondo.