Tencha, la muchacha llegada de Valparaíso ha echado raíces en Santiago, la gran ciudad. No hay juego de párpados ni languidez en su mirada, sino intensidad. Intensidad e inteligencia. Inteligencia y ansiedad de saber y de vivir. Ha venido a conquistar un destino. Su ímpetu, amalgamado con su inexperiencia, la torna vulnerable.

Tiene 23 años cuando en su existencia arremolinada aparece Alberto Rentería Arriagada, un médico brillante y de izquierda que la supera en edad, colega y amigo de Salvador Allende. Alberto domina los secretos de la ciudad y despliega frente a Tencha sus encantos. Pero Alberto no está solo en la vida. Se halla casado con Paula Alvarado, maestra que sabe hacerle frente. Tencha y el matrimonio se cruzan a menudo en las asambleas y actividades de un mundo turbulento. Paula y Alberto añoran tener hijos, pero una intervención quirúrgica desafortunada, de la que Alberto se siente culpable, ha privado a Paula de esa posibilidad.

Entre Alberto y Tencha estalla una pasión en llamarada. Cuando percibe que Alberto ha sucumbido a la atracción de los ojos de Tencha, Paula toma distancia y lo deja correr. Fiel a su tiempo, Alberto se considera a sí mismo un hombre superior y presiente que Hortensia Bussi, bella entre las bellas, inteligente entre las inteligentes, es digna de prolongar su estirpe. Cuando ella finaliza los estudios de pedagogía al término del año universitario de 1937, la relación entre Alberto y Tencha se consuma en un viaje en barco a lo largo de la costa del país hacia los hielos del Sur. Al regreso los ojos de la muchacha traen brillos de maternidad. Existe una zona opaca en ese período de la vida de Tencha y se habla vagamente de un alejamiento de la joven egresada para “estudiar bibliotecología en Nueva York”… De vuelta en Santiago, ella y Alberto se siguen encontrando, pero la relación sufre interferencias: la esposa de Alberto Rentería, Paula Alvarado, mujer fuerte, ha entrado en acción. Alberto se vuelve esquivo, Tencha le habla del compromiso contraído, él responde con evasivas.

Tencha se hunde en la angustia, el embarazo avanza, una de sus amigas invita a Renato, su hermano menor, a conversar en un parque. Tanteando el terreno, la amiga le pregunta qué pasaría si Tencha estuviese embarazada y finalmente le revela la verdad. Renato toma una decisión: se presenta en la clínica del doctor Alberto Rentería en el centro de Santiago para exigirle que se case con su hermana. Alberto responde con una burla y la escena se torna violenta: vuelan las amenazas, se produce un forcejeo y Renato, más alto que Alberto y poseído por la furia, impone su fuerza en el cuerpo a cuerpo. Los cristales de la mampara estallan con estruendo, el médico desenfunda una pistola. Inmovilizado por varios enfermeros y encañonado por el arma de fuego, Renato se retira. El médico hace una denuncia y mueve sus contactos, y a la casa de la familia Bussi llegan policías de civil a buscar a Renato y en el cuartel le advierten que no debe acercarse a la consulta del doctor Rentería. A raíz del incidente, don Ciro se entera de la situación y en la casa se instala el drama: Renato defiende a Tencha, el padre vacila, pero finalmente, a instancias de Amelia, su esposa y madrastra de sus hijos, da un golpe de puño en la mesa y expulsa a Hortensia. A los pocos minutos, arrastrando una maleta hecha a las apuradas, Tencha se marcha de la casa de Maruri, esa calle a la que Pablo Neruda dedicó un poema triste.

Tencha, estudiante, sin trabajo y embarazada ha quedado a la deriva. Afortunadamente existen las amigas y los amigos, y la muchacha se abraza a ellos para llorar. Lucila Delgado la acompaña y juntas se instalan en un pensionado universitario. Un día de mediados de julio de 1938, Tencha percibe los síntomas anunciadores del parto y se va acompañada por Lucy a la maternidad pública situada del lado norte del Mapocho. Para preservar el anonimato de madre soltera, se inscribe con un nombre falso: “Irene”. En la sala común, “Irene” da a luz un hombrecito saludable. “Estuve con Irene”, dice Arturo Sasse, uno de los amigos después de visitarla llevándole artículos de tocador. Alberto Rentería Arriagada, el padre del niño, llega también de visita y Tencha sueña con que el hijo volverá a unirlos. Pero la actitud de Alberto es hostil, agresiva y ya no habla de amor. Alentado por Paula, exige a Tencha que le entregue la criatura, pero la madre no cede y, por el contrario, inscribe a su hijo en el Registro Civil con dos nombres y dos apellidos: Alberto Joaquín Rentería Bussi. Tencha permanece con Lucy en la pensión, el niño duerme en una cuna bajo un hermoso cubrecama de trozos de pieles. El hijo se enferma, la madre lo abraza llorando, el padre no lo viene a ver.

Para Tencha comienzan días negros. El medio libertario del Instituto Pedagógico en que se movía es apenas una gota de agua en el océano de una sociedad tradicional y pacata. Desvalida y repudiada por su familia, debe enfrentarse al mundo despiadado del que su padre y su madrastra forman parte. Pero sus tribulaciones no terminan allí. Alberto, el hombre cuyo hijo ella carga en los brazos, acude a los tribunales con el propósito de quitárselo. Argumenta que Tencha no tiene medios para sustentarlo ni capacidad para atenderlo. Paula Alvarado escribe al juez una carta conmovedora en la que afirma que a ella y a Alberto Rentería, su marido, les sobran los recursos económicos y que ella tiene en su corazón una reserva infinita de amor que está dispuesta a brindar al hijo de Tencha, adoptándolo como si fuera propio. Alberto y Paula están seguros de que el fallo les será favorable, pero Tencha es fuerte en su dolor y no cede. Sus amigos de la universidad y del Partido Socialista concurren a prestar testimonio a su favor: aseguran que la madre biológica será capaz de salir adelante con su hijo.

El caso está en manos del famoso juez de menores Samuel Gajardo, que ha dicho que un juez de su especialidad debe ser “humano, un verdadero maestro, un psicólogo” al servicio de “la realidad de la vida, observada con criterio amplio, libre de prejuicios y de errores”, en aras del interés supremo del niño. Al interrogar a Tencha, el juez percibe que se halla frente a una muchacha excepcional, capaz de dar a su hijo los cuidados y el cariño que necesita. En un juicio oral tenso y breve, Samuel Gajardo se niega a conceder la tuición de la criatura a Alberto Rentería e impone a este la obligación de pagar a la madre una pensión alimenticia para el niño. Animada y triunfante, Tencha sale decidida a avanzar por la vida con su hijo, a reanudar su trabajo como profesora de Historia reemplazante en los Liceos 1 y 5 de Santiago, a sacar su título, a conjugar sus responsabilidades de maestra y de madre.

Transcurren algunos días, es invierno, se acerca la primavera y… ¿qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido en el corazón de Tencha? ¿Qué factor ha venido a alterar el curso de su vida?… Nadie logrará comprenderlo a cabalidad… Lo cierto es que Tencha ha adoptado en silencio una decisión inesperada. Y así, un domingo de agosto de 1938, frío pero soleado, en la plaza Vergara de Viña del Mar tiene lugar una extraña, terrible ceremonia. Tencha ha vestido a su pequeño con encajes, le ha puesto cintas flotantes y zapatitos tejidos. Mientras camina como autómata acompañada por su hermana Adriana, mira y abraza al niño con amor. Desde la esquina opuesta de la plaza se acercan dos mujeres. Una brisa suave trae un aliento de olas en rompiente y fragancia distante de mar.

Paula Alvarado, que cumple en esa ciudad una condena de extrañamiento por haber liderado una huelga de maestros, está acompañada por su amiga, la kinesióloga Elena Pedraza, cuya familia la ha acogido en su casa de Viña del Mar durante la relegación. El drama se juega allí. La decisión terrible de Tencha se consuma. La madre mira con ojos húmedos a su hijo de pocas semanas, le arregla el borde de un encaje, le acaricia una mejilla, lo besa. La brisa se convierte en borrasca, los árboles se pliegan bajo el viento, una nube negra oscurece el sol. El niño ha cambiado de brazos. No se necesitan despedidas, solo algunas indicaciones de Tencha sobre las comidas y cuidados que se deben a la criatura. Las mujeres parten de regreso por donde habían venido. El niño va ahora en los brazos de Paula, la mujer estéril casada con Alberto, que lo “abraza como una loba”. El niño ha comenzado a llorar. Tencha, la madre biológica, se aleja con los brazos vacíos. El sol ha vuelto a entibiar la plaza Vergara desde lo alto.

Sesenta y seis años más tarde, Elena Pedraza, con voz emocionada, recordará cada detalle de esa mañana y la arenilla de la plaza que sus pies iban pisando. Pocos días después, en una oficina del Registro Civil de Valparaíso, el niño es inscrito como Alberto Joaquín, hijo legítimo de Alberto Rentería Arriagada y de Paula Alvarado, nacido en una casa particular de una localidad de la zona. Corre el mes de agosto de 1938 y el niño se convierte en un caso único: ha sido inscrito dos veces con los mismos nombres y el mismo apellido paterno, pero con un mes de diferencia y madres y lugar de nacimiento distintos. Durante muchos años circularon rumores de que el hijo de Hortensia era un conocido músico chileno, hijo en realidad de un hermano de Alberto Rentería Arriagada, cosa que creían el propio Renato Bussi, hermano de Tencha, los Puccio, Don Miguel y otros amigos de la familia. El autor conversó con el músico, quien sabía que su primo era hijo de Tencha por habérselo revelado su abuela, pero que desconocía los rumores que lo confundían con él.

Al niño, llamado Alberto como su padre, le dirán Tito. Después de entregarlo, Tencha suele ir a verlo donde Paula Alvarado y contará que el niño la reconoce y estira hacia ella las manitos. Un día, mientras Paula y Tencha le cambian la ropa, a Tencha le tiemblan las manos y Paula la interrumpe bruscamente: “Tú no sabes”. En alguna ocasión Tencha se queja de que “Paula no me deja verlo” y Elena la acompaña y la empleada les dice que “la señora lo está bañando” y tienen que esperar en la sala a que Paula termine y las haga pasar mientras lo viste. La situación no es fácil para nadie, todos los actores del drama se conocen, pertenecen a los mismos círculos, se cruzan en diversas actividades. Un tiempo Tencha deja de visitar a su hijo y Paula cuenta a Elena Pedraza que un día, mientras ella llevaba al niño de la mano, se habían cruzado en la calle y Tencha había mirado hacia otro lado. Más adelante, cuando el niño tenga cinco y seis años, Tencha volverá de visita donde Paula y será testigo del bienestar y desarrollo de su hijo, aunque es difícil imaginar la pugna de sentimientos que experimentará cada vez que esté junto a él. Tito crecerá rodeado por el amor y la comprensión de sus padres, seguirá su camino, estudiará, formará un día una familia e imprimirá a su existencia un giro inesperado al abandonar la profesión liberal que había estudiado y lanzarse a actividades empresariales que cultivará con éxito por el resto de su vida. A esas actividades seguía dedicado cuando el autor estuvo con él y se encontró con un septuagenario reflexivo y generoso, menudo y de mirada clara como Hortensia Bussi, que conocía su origen, aunque algunos detalles los escuchó en esa ocasión por primera vez de boca de quien escribe estas líneas. Hombre sin rencores, expresó comprensión por el dolor padecido por todos los involucrados en su caso y concluyó que había sido una suerte para él haber sido criado por Alberto, su padre, y por Paula, a quien siempre consideraría su madre.


SALVADOR ALLENDE. BIOGRAFÍA SENTIMENTAL (Edición ampliada y definitiva)
Eduardo Labarca
Págs.: 564
CATALONIA
Precio $24.990