felicidad

Con el ejemplo del pequeño reino de Bután, pionero desde hace varias décadas en evaluar la “Felicidad Interna Bruta” de su población, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Venezuela discuten hoy cómo medir el “vivir bien” o el “buen vivir” como alternativa a la mera cuantificación de la riqueza material.

Los representantes de los gobiernos y varias organizaciones sociales de Bután y las cinco naciones discutieron durante dos días en la ciudad boliviana de La Paz las ideas y propuestas orientadas a ese propósito en el “Encuentro internacional para la métrica del vivir bien, felicidad y el buen vivir”.

El presidente del Centro de Estudios de Bután, Dasho Karma Ura, explicó hoy en este foro que las mediciones hechas en su país han detectado varios grados de felicidad, entre los “no felices, mas no desesperados” y “los profundamente felices”.

“Cuando una persona tiene mucho tiempo no cuenta con recursos y no tiene energía para ser feliz y, por otro lado, cuando se tiene tiempo, ya no cuenta con los recursos, ni la energía para serlo”, comentó el investigador como una lección de las mediciones hechas.

Los “intensamente felices” lograron hacer su mente inmune a las influencias externas, independientemente de sus condiciones de vida, apuntó Karma Ura, al postular como una necesidad la habilidad de una “fluctuación de la mente” para buscar la felicidad.

En 2011, la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución que reconoce la felicidad como un “objetivo humano fundamental”, a instancias de Bután, que mide la Felicidad Interna Bruta (FIB) para conocer cuán satisfecha está su población, tras considerar que para ello es insuficiente el tradicional Producto Interior Bruto (PIB).

Karma Ura recomendó reformular las preguntas de un cuestionario que el Gobierno de Bolivia está diseñando para evaluar el “vivir bien” de sus ciudadanos y que, en principio, tiene hasta 72 preguntas que, a su juicio, podrían ser combinadas.

Algunas ideas básicas que deben tomarse en cuenta son la calidad de vivienda o el número de días de felicidad, pero con una escala de valoración por ejemplo del 0 al 10, como se hace en Bután, en lugar de una simple diferenciación entre el “sí” y el “no”, agregó.

La frecuencia de la consulta sobre la felicidad podría ser cada cinco años, el mismo período para elecciones nacionales, dijo.

“Es importante la métrica del ‘vivir bien’. Es como la nueva marca de Bolivia”, agregó, al señalar que esa podría ser una nueva referencia internacional en la región.

Para el secretario del Buen Vivir del Gobierno de Ecuador, Freddy Ehlers, el ejemplo de Bután, que mide la felicidad de su población en lugar del tradicional Producto Interior Bruto (PIB), supone un cambio “fundamental” e “histórico” para la vida de las naciones.

A su juicio, es un tema de “profundas implicaciones filosóficas, espirituales, culturales, es una verdadera revolución lo que se está proponiendo. Una revolución de la paz, de la amistad, del amor”.

Ehlers relató que en Ecuador se inspiran en una frase de los sabios del pueblo aimara: “Que todos vayamos juntos, que nadie se quede atrás, que todo alcance para todos y que a nadie le falte nada”.

También destacó que se trata de un cambio individual y que el ‘buen vivir’ es una decisión de los seres humanos en armonía entre ellos y con la naturaleza, y no algo que se pueda imponer desde “los Gobiernos, los ejércitos, ni el poder económico-político”.

La viceministra venezolana de la Suprema Felicidad del Pueblo, Carolina Cestari, reconoció que no es una tarea sencilla establecer técnicamente la métrica de la felicidad en la realidad de cada pueblo, pero consideró que deben tomarse en cuenta avances como la alfabetización en las poblaciones

“Venezuela tiene 33 misiones que trabajan todos los días de lunes a domingo arduamente para llevarle a nuestros pueblos salud, educación, vivienda. Todo eso forma parte del bienestar de un pueblo y eso debe refundar en la felicidad del mismo”, declaró Cestari.

En la reunión, un mexicano realizó rituales con sahumerios, papel de colores, sándalo, lana y piel de serpiente para conjurar la unión de las intenciones de los países invitados que quieren avanzar hacia el objetivo de un desarrollo en plenitud de sus sociedades.

Este encuentro planteó que ante la crisis económica, ambiental, energética social, moral y espiritual, fruto del “delirio del desarrollismo”, el mundo debe tomar conciencia de que “la supervivencia de la humanidad y de la Madre Tierra será posible si retoma el equilibrio basado en valores como vivir bien, felicidad y el buen vivir”, según un documento discutido en el foro