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Un Cine Arte Normandie prácticamente lleno vio este miércoles en la noche el estreno en Chile de “Las Niñas Quispe”, película de Sebastián Sepúlveda que cuenta la historia de las hermanas Quispe, tres mujeres de la etnia colla que en 1974 se ahorcaron tras la llegada de los militares al sector cordillerano cercano a Copiapó.

Las tres mujeres, interpretadas por Digna Quispe, Francisca Gavilán y Catalina Saavedra, viven el día a día en el desolado paisaje del altiplano nortino arreando cabras y haciendo queso para vender. Pero en medio de la tranquilidad, llegan las malas noticias: escuchan que Carabineros está requisando y matando a los animales, y notan que las familias vecinas abandonan progresivamente el lugar. En ese momento, la soledad, el aislamiento, las rigideces culturales y la nula comunicación con un nuevo mundo que no comprenden, desata la crisis de los personajes.

Pero contar esta historia, basada en la obra “Las Brutas” de Juan Radrigán, no fue fácil. Según cuenta Juan de Dios Larraín de Fábula –la productora-, todos estaban con paranoia con la película, que comenzó su proceso de pre producción hace más de seis años. “Fue un proceso largo porque todos le teníamos miedo a la película. Era como una paranoia bien compartida porque desde Santiago construir una película relatando el mundo colla es complejo, requiere meterse en algo que uno no conoce. Lo primero que hizo Sebastián fue irse a vivir un par de meses allá, y ahí la señora Ercilia –de la comunidad colla- nos empezó a presentar a la gente”.

Sebastián Sepúlveda, el director que también fue guionista y montajista en Joven y Alocada –de Marialy Rivas- vivió dos meses en el sector cordillerano de La Tola, a más de 3.000 metros de altura y a 190 kilómetros al interior de Copiapó. En pleno altiplano conoció a gente de la comunidad colla que lo adentró en el mundo que quería narrar, entre ellas Digna Quispe, sobrina de las hermanas Quispe, quien compone el trío de mujeres junto a Francisca Gavilán y Catalina Saavedra.

Tras el primer viaje de Sepúlveda, con el guión listo y la actuación de Digna Quispe asegurada, Francisca y Catalina se fueron a la zona quince días antes que el resto del equipo para vivir con Digna. Allí, ella que sigue viviendo como vivían sus tías hace cuarenta años, les enseñó a pastorear, hacer queso de cabra y todas las tareas de la rutina de una vida en el altiplano para poder dar vida a sus personajes.

Pero no fue tan fácil. Francisca Gavilán, que interpreta a Luciana, la más joven de las hermanas, cuenta que el rodaje fue un proceso duro. “Fue interesante, precioso, pero duro, muy duro. Me golpeó el norte fuertemente. Para mí fue bien tormentoso estar ahí. En algún momento sólo quería irme de ese lugar. Es difícil entender esa soledad”, nos cuenta recordando el rodaje realizado en 2012.

Casi dos meses duró la grabación en el norte. Instalados en un campamento base con domos y containers, hacían las escenas y volvían “a nuestro regio contenedor con aire acondicionado e internet, jajaja”, recuerda con gracia Cata Saavedra. Sin embargo, no era un chiste. A 3.800 metros de altura puede ser difícil filmar. “Eran unos domos y unos containers, una mezcla entre campamento minero y campamento extremo. Eso fue muy agradable. En otras condiciones hubiese sido el terror”.

Digna Quispe

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Digna Quispe no saber ni leer ni escribir. Vive en La Tola, el mismo lugar donde sus tres tías se suicidaron en 1974. Todavía, a pesar de sus más de 60 años, arrea las cabras y hace quesos para vender. Aunque pase el tiempo, se resigna a vivir como ha vivido.

Tanto así que ni siquiera fue a la avant premiere de la película que protagoniza, realizada en Copiapó este martes. La razón: sus cabras estaban pariendo y no podía dejarlas solas.

Con esa coherencia, como la define Saavedra, Digna Quispe, dotó a la película de una solidez que quizá no hubiera sido posible sin su presencia. Para Sebastián Sepúlveda, Digna fue vital. “Es la roca en la cual todos nos asentamos. Tanto las actrices, como el fotógrafo, como yo, giramos todos en torno a ella”, cuenta a The Clinic Online minutos después de finalizada la función en el Normandie.

Para asegurar su presencia en la película, se le pagó como a los otros actores. Para ella, fue un trabajo más, “es comercio, como el que ella misma practica hace décadas”, reflexiona el director. “Me dijeron: a Digna le encanta recibir buena paga. Y yo dije bueno, entonces vamos a decirle que va a ganar lo que ganan los otros actores, y le dije, ¿sabes qué? Los actores ganan bien. Entonces dijo bueno, ya”, recuerda entre risas.

Como la más conocedora del lugar, además actuó de juez muchas veces. Cuando el diálogo sonaba raro, medio falso o simplemente no tenía coherencia alguna con la vida que conoce desde que nació, le decía al director o a las actrices y volvían a enmendar el rumbo. “Fue un acercamiento innato que se dio rápidamente. Ella tiene una inteligencia tremenda. Entendió que había que jugar y así lo tomó. No lo tomó como una graaaan tarea de la actuación, no, ella se entregó al juego y nos entregamos las tres y nos hizo el trabajo muy fácil”, recuerda Gavilán.

Catalina Saavedra cuenta además que a pesar de conocer toda la historia de las hermanas Quispe y ser su familiar directa, nunca intervino en la historia. “Yo creo que trabajó en base a la confianza. Desde el día uno se llevó muy bien con el equipo, creyó en el proyecto a pesar de ella conocía toda la historia nunca se metió, nunca dijo ‘no, esto es así, asá’”.

Tampoco tuvo reparos cuando se ocupó para la escena del suicidio la misma roca en la que sus tías se ahorcaron hace décadas atrás. Después de conseguir la autorización de la comunidad colla y hacer una ceremonia “pidiéndoles permiso” a las hermanas Quispe, se realizó la cruda escena. A la cuarta repetición, Digna dijo: “Esta roca tiene algo malo”, y se negó a repetirla una vez más. Y así quedo.

Tras el final de “Las Niñas Quispe”, el público del Normandie aplaudió a rabiar, sobre todo cuando apareció en los créditos Juan Radrigán, inspirador de la película con su obra “Las Brutas”, y que estaba presente en la sala.

Después de un año de ser estrenada en Venecia, y a más de dos de haber sido filmada, la película llega a Chile precedida de una buena fama en festivales internacionales.
En el Festival de Venecia se llevó el premió de la crítica a la mejor fotografía –a cargo Inti Briones-; en el Festival Filmar de cine latino celebrado en Suiza ganó el premio del público como mejor ficción; y recientemente se llevó el premio de la crítica y mejor fotografía en el Festival de Lima.

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