Somos Fuerza Fech 2015

Valentina Saavedra (24) dice estar preparada para un año agitado. Después de trabajar como delegada de bienestar de la Fech, la estudiante de Arquitectura de la Universidad de Chile es ahora la encargada de liderar Somos Fuerza, la alianza política que componen la Izquierda Autónoma (IA), el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL) y la Unión Nacional Estudiantil (UNE), en la Casa de Bello.

Junto a Vicente Valle (FEL) y Diego Fuentealba (Une), Saavedra señala que la necesidad de construir un país distinto y de avanzar en los derechos sociales, particularmente en el derecho de la educación, llevó a los tres colectivos -que además integran el llamado “Bloque de conducción” de la Confech- a generar este proyecto común para enfrentar la coyuntura del país, donde además comparten con los colectivos Romanescu y Convergencia de Izquierdas.

“Nos une la necesidad de construir un país distinto, de avanzar en nuestros derechos y particularmente en el derecho de la educación. Creemos que es necesario avanzar y avanzar con unidad, y por eso hemos superado nuestras diferencias en pos de un desafío más importante que es la ampliación de la democracia en Chile, que los movimientos sociales vuelvan a ser escuchados y la política vuelva a tener sentido para la sociedad”, dice la ahora candidata a la presidencia de la Fech 2015.

Esta es una Alianza que debuta en la Universidad de Chile, pero que es fruto de un análisis compartido del estado actual del movimiento estudiantil frente al proceso de reformas que impulsa el actual Gobierno.

Bueno, sí. Con el FEL y la UNE llevamos un trabajo de más tiempo, sobre todo durante este año hemos, pudiendo acercar posiciones y tener más coordinación en qué hacer concretamente. Este año particularmente hemos podido trabajar en superar las diferencias que también nos separaban en la universidad de Chile, que es una de las federaciones más importantes. Pero hoy lo que nos une es la convicción de avanzar por la conquista del derecho a la educación, avanzar en una construcción de una reforma transformadora con el movimiento social y que de hecho, hoy, en la democracia actual, son cuestiones que no se permiten. También un desafío que nos hemos puesto y nos hace converger es la necesidad de ampliar la democracia y los movimientos sociales sean parte de la política y no solamente diagnosticadores de problemas que después se delegan en la misma vieja política que sigue legislando bajo intereses particulares.

Desde 2011 en adelante la Fech se ha ido “izquierdizando”, tomando en cuenta los colectivos que la han conducido desde entonces. Ahora tenemos una tríada, que ya ha funcionado en otra federación. ¿Esto ocurre por la maduración del movimiento estudiantil o específicamente por la coyuntura de reformas impulsadas desde el Gobierno?

Creo que son ambas cosas. Las organizaciones políticas avanzan, van madurando y sufren algunas transformaciones según los desafíos que tienen que ir enfrentando. Claro, en un 2011 donde había un gobierno de derecha, era muy fácil encontrar una conducción de la izquierda, había como un enemigo común. Yo creo que tiene que ver con la maduración de las organizaciones que vemos la necesidad de unidad para enfrentar los desafíos que hoy se presentan. O sea, hoy hay algo más grande que nuestras diferencias y hemos sabido poder converger en esta apuesta, tomando en cuenta que solos nos bastamos. Y no bastamos solo estos tres colectivos o solamente por ganar una federación, también es una apuesta por ampliar el debate, los horizontes del movimiento estudiantil.

Eso es parte de la declaración conjunta que hicieron en septiembre. Ahora, también hay grupos que no comparten eso. En público aparecen unidos, pero hay diferencias diametrales. Este año lo hemos visto muy claramente entre las organizaciones grandes de secundarios. ¿Ustedes dan un paso adelante en pos de un objetivo común? Más allá de los matices y diferencias.

Claro, nosotros vemos que hay desafíos particularmente en cómo se hace política en Chile. Hay un desafío porque la política tenga sentido para la mayoría del país, que no sea el espacio donde se arreglan los bigotes los mismos políticos y, a través de ellos, los mismos empresarios de siempre. Y creemos que hay un desafío más importante en que hoy se puedan ampliar los estrechos márgenes de la democracia en Chile. Acá está súper naturalizado que la política sea una cuestión muy técnica y solo de quienes son parte de los partidos de la transición. No hay una visión de que efectivamente la política es para todos y por lo tanto debiese ser construida con todos. La participación de las organizaciones sociales es parte de ello, y eso es efectivamente lo que hoy nos hace converger entre estas tres fuerzas, que somos colectivos importantes a nivel de Chile, pero también es un desafío importante esta convergencia. Esto no significa que sólo porque estamos nosotros es suficiente, sino que efectivamente se necesita ampliar el debate y las discusiones.

¿Cuáles son los desafíos que enfrentará la Fech como principal referente del movimiento estudiantil en 2015? Este año fue de instalación del nuevo Gobierno y muchos de ustedes dicen que el próximo, con harto trabajo legislativo, será mucho más importante.

En el 2015 nosotros nos planteamos el desafío, que todos los años existe, que sea un año movilizado. Es un año en donde hay una vinculación directa de lo que está pasando a nivel nacional con lo que ocurre a nivel de la universidad. Y claro, va a ser un año de mucha discusión legislativa, pero tampoco se trata de parlamentarizar totalmente el debate sino que de cómo efectivamente incidimos en él. Hoy, por ejemplo, vemos que existe un debate por educación escolar y no por eso los movimientos sociales son necesariamente escuchados. Un desafío importante para el próximo año es efectivamente participar de la construcción de la reforma, incidir desde los movimientos sociales con opinión de todos nuestros compañeros y al mismo tiempo avanzar. Si bien entendemos que puede ser un avance paulatino, tiene que ir en la dirección de desmercantilizar la educación. Hoy, en cambio, vemos un primer proyecto de ley que intenta regular el sector privado, pero en ningún caso se ataca al negocio que se hace dentro de la educación. Nosotros creemos que el próximo año hay que incidir, pero incidir para avanzar en la dirección correcta.

Sobre ese mismo tema, cuál es la opinión que tienen de los instrumentos de participación impulsados por el Gobierno y con lo que les tocó enfrentar en este primer proyecto de la reforma, donde no fueron consideradas las indicaciones que presentaron.

Ahora, a final de año es una sensación que se podría decir de decepción con un Gobierno que se plantó con las banderas del movimiento estudiantil, que prometió escuchar a los movimientos sociales. Sin embargo, el Plan de Participación Ciudadana, fue un espacio en donde no había un debate político de por medio, sino que era un espacio con discusiones técnicas con actores que políticamente no tienen acuerdo. Por lo tanto, vemos que fue un espacio para decir que había participación, pero finalmente no fue vinculante. De hecho el mismo Gobierno deslegitimó ese espacio llegando a acuerdo con otros actores de la educación fuera de él. No era un espacio donde uno podía incidir en la dirección de la reforma, sino que un espacio un poco para maquillar la participación y además reflejó que el Gobierno no tomó la decisión de con quién construía la reforma.

¿Fue un error?

Creo que fue un error importante de la estrategia del Gobierno este año intentar llegar a acuerdo con actores que tienen intereses contradictorios. O sea, uno no puede llegar a acuerdo con un sostenedor de colegios particulares subvencionados que persigue fines de lucro y al mismo tiempo con estudiantes secundarios que demandan que se acabe el lucro. Entonces, ese tipo de contradicciones tiene que ver con que el Gobierno no ha tomado la decisión de con quién construir la reforma. Y el tema del proyecto de ley y las indicaciones que se presentaron desde la Fech, era una iniciativa importante. Nunca se había visto que un miembro del movimiento estudiantil tuviera iniciativa por incidir en lo que pasa en el tema legislativo directamente y se inhabilitaron por secretaría. O sea, las razones por las que se inhabilitaron eran “no va con el fondo de la reforma”. Entonces, hay intereses  del movimiento estudiantil que no son parte del corazón de la reforma y eso es el grave error que se está cometiendo. O sea, se dice que se nos escucha pero al momento en que uno quiere plantear cuáles son las demandas ‘pasa la vieja’. Y vemos que se empieza a reeditar una misma forma de hacer política. Cada vez nos acercamos más a una política del 2000, con acuerdo entre las dos coaliciones grandes y muy lejos de estar escuchando a los movimientos sociales. Ese es el desafío para el próximo año: nosotros no creemos que esté cerrado el tema, creemos que el conflicto sigue abierto y es importante movilizarse y construir condiciones para que efectivamente el movimiento social por la educación sean parte de una transformación importante.

Este año tuvo marchas estratégicas y eso levantó muchas críticas, de desmovilización y la pérdida de conducción. ¿Compartes esa crítica?

Sobre lo primero, efectivamente fue un año distinto. Existieron marchas en momentos estratégicos, marchas que muestran aún el respaldo masivo de la sociedad con los movimientos sociales. Esto de la poca masividad, pocas marchas, yo creo que es más una intención por no incorporar este malestar más que efectivamente estar cuantificando. Junto a eso, este año, a pesar de lo distinto que ha sido el escenario, el movimiento estudiantil ha sabido tener iniciativa en los distintos momentos y oportunidades que se les presentaron. Por ejemplo, por un lado pudimos apostar por una incidencia en el plano legislativo, estuvimos en las calles movilizándonos y al mismo tiempo pudimos concretar el proyecto para derogar el DFL2, que es una demanda histórica del movimiento estudiantil. Y eso es un gran avance. Entonces, esto del mito que no hay fuerza o no hay iniciativa no es tan real cuando uno ve los pasos que dio el movimiento estudiantil ante un escenario complejo de la política, donde tuvimos flexibilidad de aprovechar los distintos momentos que se nos presentaron.

¿No fue un año perdido?

No, en ningún caso. Pudimos ganar eso, tuvimos discusiones distintas, hoy existe una propuesta de un Plan Nacional de Educación elaborado desde la Confech, cuestión que demuestra la maduración del movimiento estudiantil. Hay que estar movilizándose, pero también hay que avanzar en nuestras propuestas si es que efectivamente queremos que estas sean en nuestros términos.

¿Qué te ha parecido la conducción del ministro Eyzaguirre hasta este momento?

El proyecto de Educación del Gobierno es uno de los más importantes, y yo creo que uno de los determinantes del triunfo de la Nueva Mayoría. Ellos ganan prometiendo soluciones a las demandas, apropiándose de las banderas del movimiento estudiantil, pero vemos un primer semestre de poca claridad, donde vimos al ministro prometiéndole acuerdos a todos los actores de la educación, independiente de que tengan intereses contradictorios, y con ese tipo de ambigüedades lo vemos difícil de desarrollar. Eso refleja de alguna manera que el programa tenía hartas consignas, pero tiene poco sustento y no tiene claro con quiénes lo va hacer. Yo creo que sobre todo el ‘con quiénes’ es importante. Claro, se ve al ministro cuestionado, pero es una decisión del Gobierno ver con quién efectivamente va a llevar a cabo la reforma educacional. O se lleva con la derecha y los sectores conservadores que están por defender el lucro en la educación, por no concebir la educación como un derecho social, que es un espacio de negocio y mercantilización, o lo decide con el movimiento social que son quienes han instalado las demandas por una reforma profunda al sistema educativo. No sirve, por ejemplo hacer ajustes al exceso de lucro o regular el sistema privado, sirve replantearnos el modelo, que es lo que prometió también la Nueva Mayoría. Entonces, yo creo que la agenda del ministro se enmarca en decisiones del Gobierno y en saber con quién avanzar. No se puede avanzar con todos cuando no hay acuerdos políticos entre ellos.

Bueno, esos acuerdos parece que no existen tampoco dentro de la misma coalición gobernante.

La Nueva Mayoría converge por un programa supuestamente transformador e incluso se sabía que habían algunos sectores que querían tensionar el programa, pero de a poco vamos viendo que quienes ponen los puntos sobre las íes también quieren tensionar hacia sectores más conservadores y quieren llevar a la Nueva Mayoría hacia la antigua Concertación. Se decía que iban a gobernar con nuevas caras, nuevas intenciones, nuevos desafíos, pero de a poco vemos que en la medida que haya algo que no cuadre con los intereses de lo que era la Concertación, de lo que defienden los viejos partidos, vemos que llegan también los viejos políticos a rayar la cancha. El primer semestre, con la llegada de la Nueva Mayoría, el movimiento estudiantil también había puesto las condiciones para llevar la reforma y esas condiciones no se aprovecharon y de hecho se dieron espacios para construir enemigos a la reforma por un mal manejo político, por creer que lo primero era regular el sistema privado y no fortalecer el sistema público. Entonces, vamos viendo ciertas confusiones y vemos qué es lo que efectivamente unifica a la Nueva Mayoría.

Uno de los puntos relevantes de este año ha sido la demanda por un Fortalecimiento de la Educación Pública.

Claro, nosotros creemos que debió ser una prioridad para el Gobierno el fortalecimiento de la Educación Pública y eso no supone solamente más plata. Eso sigue de alguna manera pagando la demanda y no fortaleciendo a las instituciones que entregan educación pública. Nosotros creemos que un aumento de presupuesto en educación debe ser destinado para avanzar en la gratuidad de la educación y en eso los rectores demandan más presupuesto, pero ese presupuesto también debe destinarlo a cómo construimos la universidad pública. Nosotros somos de la Universidad de Chile y no por ser estatal está siendo directamente pública. Es decir, quién es propietario no define cuál el sentido de la misma. Igual sigue siendo una universidad que produce para el mercado y el autofinanciamiento la obliga a prestar servicios a empresas. Cuestiones que, por ejemplo, si hubiera financiamiento basal para la institución no tendrían que estar buscando oxígeno por varias partes. Es que finalmente son los privados la que la entregan. Y eso no pasa solamente en la Chile; de hecho, las universidades regionales están en peores condiciones.

Algo de eso decían los rectores al revelar que más del 40% de los recursos en educación superior se van a Crédito con Aval del Estado.

Por eso nosotros hablamos tanto de cuál es el sentido de la reforma, porque no por regular excesos significa que uno está dejando de concebir la educación como un negocio. O sea, hoy creer que la solución es más subsidio a los privados, como lo del CAE, es entregar un negocio redondo a los bancos. Pero los bancos pueden tener ese negocio debido a que la educación en Chile está concebida como negocio. O sea, si efectivamente el financiamiento que el Estado gasta en subsidiarlos fuera a las instituciones, estaría mucho más en la línea de concebir la educación como un derecho. Es decir, no porque pongamos más plata en el ítem educación es que estamos apostando por su desmercantilización, sino qué es lo que queremos fortalecer con ese tipo de presupuesto.

Tú hablas de la relación entre universidades públicas y privados. Hemos visto cosas muy graves como las amenazas de muerte a un investigador de la Universidad de Chile que sacó un informe que perjudicaba el negocio de una empresa.

Es lo mismo: que el Estado posea instituciones estatales debiese ser con el objetivo de fortalecer a la sociedad. La educación también tiene que ver con cuál es el proyecto de sociedad que uno tiene. Y si uno no plantea cuáles son los desafíos de las instituciones, las prioridades al final las estás dejando a lo que los privados quieren para la sociedad. Eso ha sido una desregulación que se ha visto en todos los ámbitos de la vida. También eso lo ve en la salud, la vivienda, en la ciudad lo ve proyectado. Por ejemplo, el desmantelamiento que se ha hecho con la educación pública, el abandono del Estado hace que estas instituciones tengan que autofinaciarse con aranceles millonarios, que se conciba la extensión como una venta de servicios. Esa venta de servicios quiénes son las que las compran y con qué intenciones. Que una empresa vaya a invertir en una investigación en una universidad probablemente no lo haga con intenciones filantrópicas. Lo hacen con las intenciones de beneficiar a su empresarios. Incluso pasan cuestiones contradictorias. Por ejemplo, en la Facultad de Ingeniería se hacían investigaciones en contra de Hidroaysén, pero al mismo tiempo se asesoraba a Hidroaysén. Entonces, no hay ningún sentido, no se sabe cuál es el proyecto que está defendiendo y pasan situaciones como, por ejemplo, cuando hay académicos que por voluntad, intereses de un sentido más público de la investigación, terminan en esto que tú dices. Entonces, hay una cuestión que raya en el hostigamiento. Por lo tanto, el sentido de la investigación y extensión debiese estar volcado en la sociedad, bien público y no en quién pone las lucas. Es responsabilidad del Gobierno hacerlo. Y nuestro proyecto va en pos de dirigirnos hacia allá.