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El miércoles de la semana pasada, Carlos Javier Soto, más conocido como el Pastor Soto, estaba ansioso de hablar sobre “la otra parte” de su trabajo. En un café de Viña del Mar criticaba que los medios “trabajan con la polémica, la primicia, el rating. Entonces no ha habido un espacio para analizar otros antecedentes que nosotros manejamos como iglesia”. Por eso cuenta de la vez que visitó a siete pacientes en la UCI “con el veredicto de muerte”. Jóvenes que habían sufrido graves accidentes y un amigo al que le habían disparado en la cabeza, dice: “Y bueno, yo no digo que por oración mía dios hizo los milagros, no me voy a atribuir la gloria de dios a mí”. Luego relata cómo los siete se salvaron. Cuenta que luego se encontró con el doctor y le dijo: “Cuando usted tenga problemas, en que alguien se le va a ir, ahí tiene mi tarjeta. Llámeme para orar por usted y por el paciente. Y tenga por seguro que otra va a ser la noticia”. Cuenta también sobre los dos meses que pasó en el campamento Esperanza orando por los 33 mineros, y sobre cómo el equipo del gobierno, preocupado por que la mina había comenzado a “crujir”, lo fue a buscar para que interviniera. Cuenta de sus viajes misioneros al sur y a San Martín de Los Andes, Bariloche, Villa la Angostura y Comallo. Se lamenta de que sea la polémica lo que lo tiene en pantalla.

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Todo cambia al día siguiente cuando se entera que se estaba indagando una denuncia por amenazas en su contra de 2012 y decide llamar para decir, en el tono que tantas veces se le ha visto predicar: “¡Dígale a The Clinic que tenga mucho cuidado!” Vocifera luego sobre abogados, y recursos de protección. Sucede que el Pastor, con su formación militar en la Armada de Chile, considera que es hora de que la iglesia cambie su estrategia: “Los discípulos seguían al maestro cuando veían que hacía milagros, sanidades, y mensajes muy lindos, pero también empezaron a ver la otra parte del maestro. Cuando se enojaba, cuando entraba al templo y vio a los mercaderes y los echó a todos para afuera. Eso no es falta de humildad, eso es autoridad. Y el maestro la tenía”.

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Por eso el Pastor se siente con el deber de llevar con rigor la palabra de dios, por el medio que sea: “Hoy día estamos llevando el otro contraste del maestro, la otra parte. El amor, el cariño y la bondad, pero también la autoridad, la reprensión, la corrección. Eso no está gustando. Para el gobierno ha sido chocante, pero yo no puedo cambiar el mensaje”.

Soto, como buen soldado, tiene clara su misión. Por eso llega todos los lunes desde su casa en Viña del Mar a predicar en la Plaza de la Constitución, frente a La Moneda. Los martes, al mediodía, se para afuera del Congreso en Valparaíso, donde tiene prohibida la entrada luego de que ingresara a la Comisión de Constitución cuando se aprobó en general el Acuerdo de Vida en Pareja (hoy Pacto de Unión Civil), y donde tuvo un forcejeo con el diputado Cristián Monckeberg. Mientras pasea por ambas ciudades, reparte insistentemente folletos con la cara de Guido Girardi, Fulvio Rossi, la imagen de la DC y la Biblia por un lado, y alusiones nazis por el otro. El resto de la semana se le va entre acosos rutinarios a diferentes figuras públicas de la diversidad sexual: Rolando Jiménez, Oscar Rementería, Luis Larraín y, si tiene suerte, algún diputado que apoye la “perversidad”. También se preocupa de estar al tanto de las actualizaciones en redes sociales y de llenar las bandejas de entrada de los mails del concejal Jaime Parada y la Fundación Iguales.

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El despido de la Armada
“Yo quería ser empresario”, dice Soto. Nació en Coyhaique y tenía grandes expectativas de vida: una familia “bien constituida, una buena situación económica”. Dice que su padre quería que fuera oficial del Ejército, pero él “no lo pescaba”. Aunque eligió la Armada, dice que nunca le puso empeño al colegio: “Era como decir que me la farrié y me toca estar aquí no más con los marineros”. Dice que él soñaba con otros estatus, aunque advierte que eso no significa mirar en menos a la gente porque la principal razón por la que se retiró, y como ha repetido en varios medios, fue “ver la injusticia y la diferencia que había entre personal de oficiales y personal de gente de mar”. Sus intenciones, en cambio, tenían que ver con tener logros: “Siempre tengo esa mentalidad, quiero ser el mejor en todo. Quiero ser el mejor predicador, quiero ser un ejemplo, dejar una marca, una huella, obviamente de bien”.

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Ante las declaraciones de Emiliano Soto, presidente de la Mesa Ampliada de Iglesias Evangélicas de que fue expulsado de la institución, Javier Soto dice: “Yo puedo ir a la dirección general del personal de la Armada y pedir un certificado. Yo pedí mi retiro voluntario. De hecho lo firmé después porque el comandante no quería que me fuera, yo estaba muy bien calificado, me gustaba lo que hacía en la marina. Pero a mí no me gusta ver la injusticia. No me gusta ver que pasen a avasallar al otro, y no sirvo para callarme. Entonces preferí pedir mi retiro”.

Ingresó en 1993 a la Escuela de Grumetes en Talcahuano y egresó como marinero, orientándose hacia el área de maniobra. Se embarcó en el buque petrolero Almirante Montt, pero su carrera terminó al año siguiente cuando fue calificado en Lista 3 y debió irse de la institución. La Lista 1 aquella en la que se encuentran los funcionarios sin amonestaciones y siguiéndole la Lista 2. Según el Reglamento de la Armada, se califica en la tercera lista con dos amonestaciones severas o con una amonestación grado C que “consiste en una sanción escrita, severísima, que se aplica por resolución”. Además, con un arresto mayor de 15 días, ya no puede clasificarse en Lista 2. Aunque Soto insiste en la prepotente actitud de los oficiales, según las fuentes del Ministerio de Defensa señalaron a este medio que la razón de la calificación de Soto fue “insurrección con un suboficial”.

El templo
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Durante casi dos horas de conversación, Soto se las arregla para cambiar el tema cuando se le pregunta por su congregación. Durante estos dos años se ha negado a dar detalles de quiénes lo respaldan. Dice que sí hace misa en iglesias, pero que no quiere involucrarlas. En vez de nombrarlas cuenta que se dio cuenta que debían expandirse, por lo que crearon la Agrupación Nacional de Redes Pastorales Evangélicas en Chile. “Nos estamos agrupando, independiente de la Mesas Ampliada, de estos grupos que estaban limosneando para entrar al Congreso. La palabra en el Libro del apocalipsis habla de la gran ramera que es una iglesia de líderes religiosos que fornican con los reyes de la tierra, que son los gobernantes. Aquí en Chile sabemos muy bien cuál es la iglesia que se prostituye con los gobernantes”.

El nombre de esta agrupación, sin embargo, no aparece en el Listado de entidades religiosas del Ministerio de Justicia. En Chile todas estas organizaciones deben tener personalidad jurídica y haber sido publicadas en el Diario Oficial. Soto, además, relata en su cuenta de Facebook que gracias a un “regalo del señor de $1.000 (dólares)” pudieron construir, por fin, la iglesia misionera. Según confiesa, así se financia su trabajo misionero: con donaciones y aportes, aunque niega vivir del famoso diezmo. Dice que tienen una buena situación económica gracias a otros trabajos: “Yo igual hago un trabajo bien rápido, no tan extenso en… mi esposa es contador auditor, entonces igual ella es profesora, en la parte económica somos bendecidos”.

El templo es una casa de tres pisos en Viña del Mar. Se ingresa por el segundo piso donde un cartel de madera dice: “Iglesia misionera pentecostés ríos de agua viva”. Este nombre tampoco aparece en los registros del Ministerio. Los vecinos además señalan que nunca han visto realizarse una misa ahí y que es, en realidad, la casa donde Soto vive junto a su esposa y dos hijos.

Su congregación, al parecer, está formada por los seis fieles que lo siguen. Se hacen llamar “Los sin gloria” y lo acompañan a las prédicas y las funas, todo lo que luego es subido a su canal de YouTube. Lo que pasa, dice, es que son pocos porque su trabajo “es más afuera, en la calle”. Uno de los vecinos del barrio señala que el Pastor “se aprovecha de la gente que es débil emocionalmente y los manipula”.

Él, que llegó hace nueve años al barrio, dice que su prédica y la iglesia cambiaron el sector: “La primera vez que llegué puse seis parlantes arriba del techo, les mandé todo el mensaje. Les chocó. Pero por ejemplo en el barrio vimos el cambio. Yo veía mujeres que tomaban y quedaban en la calle botadas. Y comenzamos a ver un cambio. Y hemos visto la bendición, hay muchos vecinos que son evangélicos. Cuando una persona intentó traficar drogas le mandé el puro mensaje. Aquí drogas, no”.

Al preguntar por el Pastor, sin embargo, algunos vecinos hablan de “el loco” o “el que sale en la tele”. Algunos dicen que “nadie lo pesca”, y otros lo llaman “mentiroso. Insulta a la gente, se ha tirado contra personas que cree que son drogadictos y no son”. Otros son más categóricos y lo tratan de “chanta, es chanta pero extremo. Yo llevo más de 15 viviendo acá y siempre ha sido un barrio tranquilo”.

La denuncia por amenazas
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En el sistema judicial figuran dos causas contra Soto. Una es del año pasado por “falta de respeto a autoridad pública” y la realizó el Capitán de Carabineros Manuel Martínez. En julio de ese año Soto fue detenido cerca de La Moneda y acusó al funcionario de sacarle la madre. Como mucho de lo que el Pastor hace, la situación quedó grabada:

Soto dice que graba todo para tener registro y porque trabaja con claridad: “Soy una persona abierta, trasparente, no tengo nada que esconder”. Sobre la otra denuncia, sin embargo, no hay más registro que el oficial. Fue hecha de 2012 por “amenazas simples contra personas y propiedades”. Se trata de una pareja que pidió reserva de su identidad. Tampoco quisieron entregar más antecedentes, pero por lo que este medio pudo recabar, se habrían dado temas de violencia y amenazas.

El Pastor, sin embargo, niega saber de cualquier denuncia: “¿Amenazas? ¿Amenazas a quién? ¿Amenazas? Nooo. No, es mentira. ¿Quién le dijo eso? Noo, no. No, en ese sentido, no”.