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La versión online de la revista Soho, publicó un decálogo con consejos para que los hombres no fallen en la cama. Más allá del tamaño, están las sutilezas que pueden hacer la diferencia a la hora de un buen polvo, según Débora Dora.

“Todo entra por los ojos: ustedes, como nosotras, entran por los ojos. Y en ese primer juicio la vanidad masculina es fundamental. Un hombre gordo, que no se cuide, que tenga los zapatos sucios (¡no se imaginan cuánto nos fijamos en los zapatos!), que use tanga narigona de colores, ¡horror! El que huela bien, se afeite, se vista con gusto, use boxers (se admiten calzoncillos Jockey blancos), ande con las uñas limpias y cuidadas, empieza la seducción con el pie derecho”, recomiendan en el primer punto.

Segundo: “besos, más besos por favor. Demórense todo lo que quieran besándonos. Extrañamos esos besos de adolescencia frente a la puerta de la casa. Extrañamos los vidrios empañados por tanto besar. Extrañamos el mirarse a los ojos mientras nos besan en el cuello, en la boca, en las orejas. El que sabe besar y sabe bailar —sin que besar sea sinónimo de tocar por todas partes— llegará rápido a su meta”.

La tercera regla, durar más de 15 minutos: “los hombres máquina, tipo taladro, frenéticos y animalescos, que demoran los quince minutos que puede tomarles llegar a un orgasmo (hemos cronometrado, sí señores), suelen ser catalogados de sonsos, egoístas, básicos. Háganse desear. No lo den todo tan rápido. ¡Que veamos estrellas antes del taladro, por favor!”, aconseja Débora Dora.

Para ella la variedad es fundamental, “la posición del misionero, no está mal. Pero para nosotras suele ser interesante, por eso de los estímulos entre los pliegues femeninos, estar encima o agarradas a ustedes como si fueran el tronco de un árbol. Variedad, señores. Déjenos de tanto en tanto tomar la iniciativa en posiciones más interesantes”.

La quinta, no hacer preguntas, “¿celos añejos? Vaya uno a saber. Pero el hombre que en pleno acto pregunta ¿dónde aprendiste? ¿Quién te enseñó? ¿Por qué tan enteradita? ¿Cuántos componen tu lista?, mata todo. El pasado es pasado. Nada de indagar sobre el cómo se aprendió”.

Sean sutiles: “ojo con las manos acaricien, no amasen. No sean tan rápidos con las manos. No sean tan genitalistas. Utilícenlas para una caricia en el cuello, en la mejilla, en el pelo, en los pies. Y cuando lleguen a la intimidad, ya saben: no se trata de amasar”, recomienda la bloguera.

Séptimo, no maten la magia, “dejen actuar: si nos compramos un brasier sexy, no lo arranquen. Disfrútenlo. Si encendemos chimenea, compramos vino, calentamos el jacuzzi y los recibimos desnudas, sean lentos con el romanticismo. ¡No sean tan rápidos!”.

Siguiente, el clítoris está en los oídos: “Que les gustamos, que somos bellas, que están excitados, que fascinamos, que nos quieren (¡cómo nos gusta que nos digan que nos quieren!). Ojo con volverse mandones: “hágame esto, hágalo así, quiero esto”. Hay que saber decirlo”, afirma.

No se apresure, regla número 9: “Dos seguidos, no: calidad en vez de cantidad. Una vez se acaba, un vinito, un cigarrillo. El que vuelve y ataca, ¡uf! A veces es pesadilla”.

Quedarse dormido, la peor señal: “adiós ronquidos: por buen polvo que sea, el que acaba y se duerme de inmediato es, en argot femenino, un perfecto guache. Así que a mantenerse despiertos una horita por lo menos”, aconseja Soho.