Daamaris-Carrimam

“Yo no pensé que mi estado en Facebook llegaría tan lejos. Sabía que lo estaban compartiendo y que la gente me apoyaba, pero cuando me desperté al otro día y vi que hasta existía un hashtag en twitter con mi nombre ¡quedé impactada!, pero después entendí: a la gente le llegó mi mensaje porque lo que me pasó a mí, es un abuso que en Chile se da todos los días.

Creo que las empresas no tienen conciencia sobre sus trabajadores. Han pasado varios días desde el terremoto y en las noches tengo pesadillas por lo que pasó en mi lugar de trabajo. La pequeña cabina del peaje empezó a tiritar tan fuerte que pensé que los vidrios me iban a explotar encima. Miré el techo, pensando que quizás se podía desprender una parte y aplastarme a mí o a algún auto. Tuve mucho miedo. Ahí fue cuando decidí abrir la barrera y dejar a los autos pasar. La gente estaba desesperada, atrapada bajo ese techo con la misma preocupación que yo. ¿A quién se le habría ocurrido dejarlos ahí atrapados? realmente me parece inhumano. Por eso cuando mi jefa me retó a mí y a mis compañeras por subir la barrera, pensé que era un mal chiste. Realmente estaba siendo ingenua. La mayoría de los trabajadores tienen más miedo a sus jefes que a un terremoto.
En cada réplica la subí. Le rogué a mi jefa que me dejara ir. Le dije que tengo una hija pequeñita de menos de un año, que quería estar con mi familia. Me dio un ataque de histeria, tiritaba entera y aun así, en esas condiciones, me obligaron a quedarme en el turno hasta las 11 de la noche y gritándome cada vez que subía las barreras con las réplicas. Mi jefa insistía que tenía “órdenes de arriba”, “que ella no podía hacer nada, que tenía que dejarnos ahí”. ¡Éramos tres cajeras asustadas! Para mí fue una experiencia traumatizante, llevo varios días soñando con lo mismo.

Como dije en mi Facebook, antes de ser cajera de peaje soy una persona con conciencia, valores y principios. Eso es algo que tenemos que recordar todos los días, más en situaciones como estas. ¿Quién era yo para no permitirle a la gente ir a ver a sus seres queridos? ¿Quién era yo para ponerlos en peligro? El individualismo tan ridículo que tenemos en este país, no nos ayuda a hacernos esas preguntas cuando de verdad vale la pena. Vivimos en un país sísmico, hemos tenido mil Teletones, se supone que somos las personas más solidarias del mundo. Todas esas cosas no pueden ser de papel. La conciencia, el conmoverse con el otro, es algo que parte en la enseñanza desde la infancia y es el principio que tenemos que llevar en la práctica. La naturaleza de nuestro país no nos permite deshumanizarnos.

A las empresas en Chile les falta ética. Con todo lo que me ha pasado, me han llegado mensajes de todas partes con experiencias similares. Me indignó la historia de una cajera de un supermercado Santa Isabel en Valparaíso, tiene una guagua de 10 meses y después del terremoto la hicieron limpiar el local como si fuera personal de aseo. Con las réplicas las cosas se seguían cayendo y ella no se podía ir. Había alerta de tsunami y no se podía ir. Ella debió sentir lo mismo que yo, lo mismo que todas las personas que vivimos el terremoto. Otra compañera de universidad también me contó lo que pasó en el local de comida rápida “Juan Maestro”, las hicieron limpiar y cuadrar las cajas. Lo que ellas sentían no tenía ninguna importancia.

Con esas historias te das cuenta que lo que pasó en el Líder, no es un hecho aislado. El problema fue que en ese supermercado, fueron los mismos trabajadores quienes intentaron proteger a los jefes, proteger las ganancias, por encima de la vida de la gente. No sé quién nos metió en la cabeza que la vida de las personas vale menos que una bolsa de pan o incluso que sus propios sueldos. Los empresarios no tienen criterio, nos obligan a pensar que sus ganancias son más importantes. Pero también es cierto que todos tenemos nuestra propia forma de pensar. Como trabajadores no podemos permitir que nos laven el cerebro.

En Chile se les permite a las empresas seguir trabajando después de un terremoto, sin embargo, no pueden obligar a los trabajadores a quedarse en sus turnos en esas circunstancias. Pero las soluciones a ese problema no son mejores. Una de las propuestas que existe, según me comentó un abogado, es que las empresas estén obligadas a tener un personal de apoyo capacitado ante estas eventualidades. Pero eso solamente redirige el riesgo de un trabajador a otro. No puedo creer que nadie haga nada, que ningún parlamentario le haya puesto ojo a esta problemática.

Lo que me pasó a mí con la empresa Autopista los Libertadores fue ilegal. No me podían retener, pero lo hicieron igual. Ni siquiera ellos saben lo que pueden hacer y lo que no. No hay protocolos de emergencia que nos resguarden. Yo no quiero volver a mi trabajo y tampoco planeo hacerlo.
El domingo pasado me llamó el jefe de mi empresa y me dijo que no me descontarían los autos que dejé pasar durante las réplicas. Pero a mí no me importa la plata, yo creo que esta es una oportunidad para dejar a la vista de todos, lo peligroso que es actualmente ser un trabajador de medio pelo en Chile.

Como sociedad tenemos que pensarnos más. No seguir tolerando el descriterio de las empresas con los trabajadores, no ser parte de esa maquinaria y valorarnos más como personas. Un sueldo más, un sueldo menos, no importa. Y no lo digo desde la facilidad, porque yo también tengo una hija y todos los días llego muerta a la casa después de trabajar y estudiar para salir adelante. Pero esa es la actitud que necesitamos todos para construir un país más conectado con su naturaleza y con su gente. Y aunque la Constitución diga lo contrario, siempre la vida valdrá más que la propiedad. Que no les metan más el dedo en la boca”.