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Más que sorprendidos, varios senadores oficialistas están “indignados” por la decisión de la Presidenta Michelle Bachelet de designar a Jorge Abbott, director ejecutivo nacional del Ministerio Público, para Fiscal Nacional, nombramiento que debe ser ratificado por dos tercios de la Cámara Alta.

Durante esta semana, legisladores habían advertido a este medio que el brazo derecho del actual Fiscal Sabas Chahuán estaba nuevamente en carrera para el Ejecutivo, por dos razones: 1) la “máquina” montada contra los dos postulantes con mayor respaldo entre los parlamentarios, José Morales y Raúl Guzmán, de quienes se filtraron antecedentes; y 2) porque la Presidenta “detesta” aparecer pauteada por el poder legislativo por lo que podría elegir “la tercera vía”.

Esto último, plantea un senador PPD, habría sido clave a la hora de designación, al punto de que la jefa de Estado, dice, se está arriesgando a sufrir una nueva derrota importante en el Congreso -ya perdió la designación del Contralor, Enrique Rajevic-, por “no escuchar a sus bancadas”. “Es una agresión para el Senado, uno no tiene por qué votar ahora por su candidato si ella no respetó en nada nuestra opinión”, adujo.

El argumento se sustenta en que, asegura, los ministros de Justicia, Javiera Blanco, y Jorge Burgos, de Interior, se comprometieron a transmitirle a la Presidenta que se requería un candidato de consenso y en eso se trabajó en estos días. En el sondeo de los secretarios de Estado, los con mayor apoyo fueron Morales y Guzmán; y el con menos, Abbott, el elegido.

Fuentes de Gobierno argumentan que Bachelet durante los primeros días de esta semana barajó de hecho los nombres de Morales y Guzmán, aunque no eran de su preferencia personal, y transmitió que uno de ellos, dado el parecer de los legisladores, sería nombrado en una determinación pragmática. “Abbott nunca fue opción”, plantean estos personeros.

No obstante, y por una razón que no se ha hecho pública, cambió de opinión. El negociador clave para este giro fue Sabas Chahuán. Desde el Ejecutivo aseveran que sostuvo una conversación telefónica con Bachelet antes de este martes y que “convenció” a la Presidenta de que Abbott era el indicado. Ayer en la mañana -en lo que fue leído como una “señal”-, Chahuán confirmó a El Mercurio que se estaban realizando gestiones para el cierre alternativo de causas de políticos implicados en el caso Penta-Soquimich.

Como sea, el golpe presidencial descolocó a sus parlamentarios y dejó en mal pie a sus ministros.

“Entonces uno se pregunta a qué vienen los ministros al Congreso si no tienen poder para zanjar nada, para qué va a conversar uno con ellos si uno dice A, y la Presidenta nomina a un burócrata”, recalca una fuente PPD.

Otro senador del mismo partido, refuta esta afirmación y asegura que en esta fase la decisión era de la Presidenta y “la ejecutó” y que el Senado debe ahora hacer lo suyo “como corresponde”.

Ambos, en todo caso, admiten que conseguir los sufragios necesarios -25- será una tarea difícil: Se abstendrán Fulvio Rossi e Iván Moreira; Carlos Bianchi está inhabilitado; Jorge Pizarro analiza qué hacer; se prevé que Jaime Orpis no estará en la votación; la Alianza aún no ha dicho qué hará, y la Nueva Mayoría está dividida porque si el PPD está en crisis, también lo está la DC.

En la Democracia Cristiana, dicen fuentes informadas, hay dos bandos: el de Andrés Zaldívar y el de Pedro Araya.

El primero estaría operando porque se rechazara el nombre de Abbott, pese al golpe que ello podría significar para Burgos, ya debilitado; el segundo, en tanto, estaría por conseguir los respaldos en esta bancada para la designación de la jefa de Estado.

Ninguno de los dos se refirió a su rol en este debate, pero Zaldívar dijo a The Clinic Online que “hay que tomar nota de lo que nos dijo la Presidenta y tomar en los próximos días una decisión de si la apoyamos”; y Araya que “Abbott es un buen nombre”. También aseveró que Blanco transmitió a tiempo que más allá de los recados de los parlamentarios, la decisión era de Bachelet.

El PS, se presume, se cuadrará.

Un factor decisivo para el proceder de la Nueva Mayoría es lo que hará la derecha, en particular RN.

Los senadores Manuel José Ossandón y Francisco Chahuán mostraron las cartas y se declararon dispuesto a apoyar Abbott, mientras que el negociador, Alberto Espina, adujo que se iba a reflexionar sobre la decisión, pero que Abbott no era un nombre incómodo. En la interna, se dijo que no había razones para rechazar el nombramiento y que ya se había hecho un punto político con Rajevic. Y la senadora Lily Pérez, de Amplitud, ya comprometió su sufragio. “Entonces la Nueva Mayoría, más allá de la diferencias, va a tener que tragarse el sapo y votarlo a favor, no hay razones reales para no hacerlo”, comenta un dirigente de Renovación.

En la UDI, en tanto, están descolocados por todas las conversaciones que no tuvieron efecto alguno en Bachelet.

Abbott es cercano a la DC y el MAPU -en ambos militó-, y amigo por más de 30 años del diputado Aldo Cornejo, cercano a Bachelet y su entorno. Además es familiar de rostros asociados a la Alianza: primo del excanciller de Sebastián Piñera, y del director del Servel, el abogado Eduardo Charme Aguirre, ligado al gremialismo. Por razones geográficas -Abbott se radicó en Valparaíso-, y de diferencia de edad, la relación con ambos es cordial, pero distante.