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Por casi tres horas declaró el arzobispo de Santiago Ricardo Ezatti, ante el ministro de fuero Juan Manuel Muñoz, en el marco de la demanda interpuesta por las víctimas del sacerdote Fernando Karadima en contra de la iglesia por $ 450 millones.

En nueve páginas, Ezatti respondió a las preguntas formuladas por los demandantes, representados por el abogado Juan Pablo Hermosilla, las que giraron en torno a la responsabilidad que tuvo el arzobispado en la tardanza para investigar y sancionar a Karadima, incluso conociendo de las denuncias en su contra.

Inquirido respecto de si el obispo tiene control y responsabilidad sobre los sacerdotes, Ezatti respondió: “Insisto, la función es netamente pastoral. Los sacerdotes gozan de plena autonomía y por lo tanto, cada uno de ellos es responsable de su conducta”.

El clero indicó que la primera denuncia que llegó a sus manos le pareció seria y que sin conocer detalles del proceso eclesiástico que se seguía en contra de Karadima, “tenía una postura muy diferente en lo pastoral, porque estimaba por los estudios que he hecho en sicología, que poder, dinero y sexo mal orientado ordinariamente van juntos”.

Insistió en que antes de las denuncias formuladas por las víctimas, hasta fines de 2006 nunca pudo conocerlas, ya que era sólo el obispo auxiliar de Santiago. “Por lo tanto mal pude conocer el contenido de una investigación que no conocía”, declaró.

El magistrado, a partir de las preguntas de los demandantes interrogó a Ezatti: “Para que diga el absolvente si recuerda que algunos obispos cercanos al señor Karadima y algunos empresarios como el señor (Eliodoro) Matte, hayan tildado por la prensa de mentirosos y que en realidad existía una conspiración para dañar a la Iglesia Católica”.

Al respecto, Ezatti explicó: “En esa época yo era arzobispo de Concepción, porsupuesto tenía temáticas de la zona y por lo tanto toda mi concentración estuvo en la mediación entre el gobierno y el pueblo Mapuche (fines de 2010) y por lo tanto, tratándose de Santiago, que no era mi jurisdicción, no podía intervenir y no le daba más atención que cualquier otra persona”.

Ezatti indicó que por el daño causado por Karadima hay que pedir perdón las veces que sea necesaria. Sin embargo fue contrainterrogado: “¿Por qué estima que hay que pedir perdón si al mismo tiempo desconoce cualquier responsabilidad como Arzobispado en el tema?”.

El clero insistió: “Lo que el Arzobispado no reconoce es que haya encubierto situaciones delictuales, nunca hemos dicho que no hayan sufrió (sic) un abuso, al contrario, la iglesia fue la primera que, a través de un decreto que había abuso”.

Respecto al “acompañamiento a las víctimas”, uno de los acentos que han puesto los requirentes para tratar de demostrar la responsabilidad del arzobispado, Ezatti indicó que la iglesia respondió correctamente.

“Yo considero en primer lugar la publicación del Decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe que condena a Karadima, es un acto de acompañamiento a las víctimas, es dar a conocer que ellos son víctimas. Además después de dar a conocer ese decreto, invité a mi casa a las víctimas en el año 2011. Lastimosamente dos de ellos estaban de vacaciones y dijeron que no podían. Sí concurrió el señor (James) Hamilton con su abogado el sr. (Juan Pablo) Hermosilla. En esa ocasión le pedí disculpas, perdón y también le ofrecí la ayuda que podía ofrecerle”.

En torno a la ayuda que le pidió James Hamilton para que “acompañaran” a sus hijos porque “estaban pasando un momento muy duro, reveló: “Ese detalle sí lo recuerdo y especialmente para que pudieran ser tratados en sus colegios en forma adecuada y como cualquier niño. Yo no recuerdo en qué colegio estaban”.

Hermosilla preguntó por qué los intentos de conciliación con la iglesia no fructificaron, respondiendo Ezatti que eso deberían “contestarlo los abogados”.

“Lo que yo puedo decir desde mi punto de vista, como pastor, conozco el dolor que han sufrido las víctimas y lo que quisiera es que ese dolor se pueda sanar”, insistió

Sobre si “acompañó” a Karadima, Ezatti dijo que lo primero que hizo “fue ir donde él para avisarle del decreto condenatorio de la Santa Sede”.

“A mi me correspondió buscar un lugar donde Karadima cumpliera la pena, esa no fue una tarea fácil. Al final de toda la búsqueda, las Hermanas Siervas de Jesús aceptaron acogerlo en el hogar de ancianos y desde la perspectiva de la tarea espiritual, esa tarea les corresponde más a las personas que el mismo escoge. El obispo no tiene la atribución de imponerle a nadie un director espiritual”, apuntó.

Requerido si le llevó chocolates a Karadima, Ezatti reconoció el hecho.