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Ser Humano -como prefiere ser llamado- tiene 22 años, estudió Artes Plásticas, hace más de un año que se vino del Cajón del Maipo a vivir a una casa okupa de la comuna de Santiago y actualmente se alimenta de lo que encuentra en la basura.

El lugar lo comparte con otras seis personas, junto a las que día por medio -aunque la frecuencia varía según las necesidades- recolecta la comida que para otras personas, ferias y restoranes es un desecho.

Frutas y verduras principalmente, desechadas casi siempre por su aspecto pero que son perfectamente comestibles, es lo que más encuentra este grupo de personas que tiene a La Vega Central como su lugar predilecto para la recolección.

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Lo primero que se ve al llegar a la casa es una puerta completamente rayada con palabras y dibujos. Al abrirla se extiende una escalera de madera que sube al espacio común del lugar. Aquí, las paredes están repletas de murales, hay sillones, un refrigerador, bicicletas, una mesa de centro que sostiene una fuente con frutillas cocidas y gente que se pasea en distintas direcciones, mientras otros comen, descansan, trabajan o elongan. Pero todos se detienen a saludar de inmediato a toda persona que aparece en la habitación; nadie es un extraño en este lugar.

Alrededor, varias piezas se despliegan, cada una con una función especial; una vacía para hacer teatro o danza, otra llena de instrumentos para hacer música, otra con materiales para pintar, tallar, hacer serigrafía, entre otras disciplinas; y el resto cumple el rol de dormitorio.

La casa funciona como una especie de centro cultural, prestándose como un espacio libre para el que busque desarrollar cualquier tipo de arte.

“Hay talleres abiertos, puede venir cualquier persona. La idea es que nosotros ponemos un espacio y la gente viene y propone”, explica Ser Humano.

Aunque esto tampoco significa que está abierto a toda la gente. De hecho, al lugar sólo se llega por el boca a boca. “No transmitimos los eventos por Facebook ni nada, si se va a hacer algo siempre es con invitación, para no arriesgar el espacio”, aclara.

El artista plástico está listo para ser entrevistado sobre cómo se alimenta de la basura cuando es interrumpido por uno de sus compañeros. “¡Encontramos un camarote botado, ven a ayudarnos a subirlo!”, le gritan desde afuera.

Así como esto, muchas de las cosas que tienen y comen se las ha entregado la calle.

“En la basura aparece de todo. La navidad pasada recogimos un montón de cosas: sábanas, ropa, zapatos, textos de sociología; siempre están saliendo cosas”, cuenta.

¿Cómo fue que optaste por alimentarte de los desechos de otros?

La necesidad, en primera instancia. La recolección hubo que ir aprendiéndola, siempre estaba la idea de ir a la feria a recolectar, pero del dicho al hecho hay mucho trecho, entonces hubo un período que no nos escurrimos. Pero poco a poco nos fuimos permeando de ideas para suplir necesidades.

¿Cómo te ha funcionado?

Bien, igual es un chiste vivir de la basura. Salimos a huevear, pasamos a pedir a restoranes y cosas por el estilo; como el McDonald’s, aunque no soy partidario de ese tipo de comida, pero ya en la medida de que está siendo un desecho… Es chistoso, de repente comemos pizzas heladas. Hay que acostumbrar la guata también.

¿No se han enfermado?

No, eso tiene que ver con el pudor de la gente. Si viene recién salido en una bolsa. Por supuesto tampoco vas a recoger pan donde hay caca. Y la fruta nunca muere, o sea sí, cuando muere, muere brígidamente, pero siempre le puedes sacar un pedazo, cortarla, limpiarla; en otros estados la fruta también es alimenticia. Es un tema de costumbre.

¿Has pasado hambre?

No, desde que ando en estas no.

¿Dónde recolectan su comida principalmente?

Es un poco de todo, hay un montón de lugares para alimentarse en realidad. En La Vega es donde más vamos, hay mucha verdura y fruta. Tiene sus horarios, hay que ir cuando están abriendo o cuando ya están cerrando. Lo que comemos surge entre que lo pedimos y lo que recogemos por ahí, en los basureros. También tenemos nuestros caseros dateados. Un caserito aquí, don Raúl, nos entrega todos los días en la mañana lo que viene malo. Lo mismo pasa en La Vega a las 7 de la mañana.

¿Y en qué condiciones viene lo que les entregan?

Ni siquiera tan malas. Piensa que entregan una plusvalía con la imagen del producto que venden, entonces si tiene un machucón o un raspado, la desechan. Que esté un poquito más fea no significa que está mala; está madura no más de repente. Se ha perdido la costumbre de comer la fruta madura producto de este elitismo, todo eso se va a la basura, ni a un compost ni a nada por el estilo, entonces ahí aparece gente como nosotros: recolectores.

¿Se alimentan de alguna otra forma?

Sí, hay un huerto acá, que ahora estamos en proceso de prepararlo para sembrar. También está el tema del compost; como trabajamos con comida a punto de echarse a perder, siempre se pudre. Además, de repente nos hacemos cargo de mucha comida, como somos muchos, no se come y queda ahí. Estamos en la parada de poder conservarlo, de repente hacer mermelada, cosas en escabeche o compost, algo más allá de cocinarlas, porque también cocinarla significa un gasto.

¿Ustedes son no son vegetarianos?

No, yo como todo, mucha verdura sí porque es lo que más se saca. No voy a recoger carne de un basurero, eso es un poquito “hardcore”.

¿Ha habido veces en que no consiguen nada en la recolección?

No, siempre sale algo.

¿Se encuentran con más gente que hace lo mismo cuando van a buscar comida?

Claro, está lleno de vagos, de pecheras. No se hace mucho lo de recolectar, pero los vagos siempre recolectan. Igual hay otros cabros, los veganos, los punketas. Es una práctica media marginal.

¿Qué ha sido lo difícil de vivir de la recolección?

Hay que lograr mantenerse no más. Y la convivencia con los otros, no es por ser etnocentrista, pero de repente la gente juzga, tiende a criticar, y eso ya no es grato.

¿Te ha pasado?

Sí po’, mucho.

VIVIR EN UNA OKUPA

Luego de que Ser Humano dejara su casa del Cajón del Maipo, encontró en esta okupa un grupo de gente afín con quienes pretende seguir viviendo. “Si a nosotros nos sacan de aquí, iremos a otro lado”, asegura, criticando el apego a la cosas materiales que tiene la gente en general.

¿Cómo fue que se instalaron en esta casa?

Esa es una larguísima historia.

Pero un resumen.

Un resumen…esta casa lleva botada 10 años y estamos en conversaciones con los dueños del lugar, hay una tregua. Porque aquí no estamos dejando la cagada, que es lo que pasaba años anteriores; cuando era territorio punketa estaba todo muy botado.

Qué raro que los dueños les dejen estar aquí y no vendan la casa.

Es que no hay recursos para trabajarla. Esto está declarado como inhabitable, porque quedó con daños estructurales después del terremoto.

¿Qué problemas trae vivir en una casa okupa?

Los choques de cultura, ese sería el gran problema. De repente también hay atados con los punkies que vienen a dar jugo, que antes vivían acá, entonces ahí hay un rollo súper subterráneo. A la conclusión que he llegado es que son diferentes culturas; se concibe el mundo de otra manera.

¿Por qué decidiste seguir este estilo de vida?

Hay un tema de circunstancias, por supuesto siempre hay ciertas predisposiciones, pero fue el contexto.

¿Piensas mantenerte así por ahora?

Sí, todo el rato. Por supuesto que pueden pasar cosas que cambien los planes.

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¿Qué haces acá?

De todo un poquito: máscaras de látex, serigrafía, y ahora estamos haciendo títeres. Hacemos máscaras a pedido también.

¿Cuál es tu opinión sobre el sistema en el que estamos insertos los chilenos?

Hay mucha pretensión por ser, por ostentar; de repente eres recibido por tu ropa. La típica de siempre, es casi un cliché lo que te estoy diciendo, pero es verdad. Por lo que tienes, te juzgan. También hay un rollo de sumisión; el chileno aguanta mucho, es cómodo, se acostumbra a que lo lleven de la mano. No todos, también está la contraparte extrema, el parado en la hilacha. Pero sigue bajo esta lógica. El mercado nos ha comido completamente, entonces no estamos pensando humanamente; que la tarjeta, que la tele, que la farándula, que los celulares; son tantas las necesidades creadas que terminamos agarrados de los cocos. Hay una desinformación porque estás saturado de medios y publicidad. Es inhumano no darse cuenta de los problemas que vivimos. El mismo show del abuso y la colusión; somos la sangre que corre por esas empresas. Hay que hacer la del mono porfiado, porque es descaradísima la situación. Yo no voy al supermercado si no es para recuperar algo. Han robado, han robado y siguen robando. Lo he escuchado 7 mil veces, y no sé si se vaya a revertir esta situación, porque va en aumento.