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Esa misma iglesia cobijó al cabrerío para el tiempo de los milicos. En ese mismo auditorio –al lado– se hicieron peñas para juntar plata y eventos culturales para camuflar lo que era la resistencia. De esa misma iglesia –y de la antigua biblioteca Belarmino, hoy Universidad Alberto Hurtado– salían todos con los bolsos pasados a molotov para cerrar la Alameda con fuego y llenarla de migueles y panfletos. En esa iglesia también hizo un Te Deum la Junta, porque la iglesia es como los peronistas: hay de todo ahí adentro.

No sé de quién habrá sido la idea, pero me parece un acto de intolerancia muy grave lo del Cristo todo roto y dejado ahí tirado como esos lanzas que la gente lincha. Ok, las tomas y las medidas agresivas son mejores que los paros, en donde sólo se pierden clases y la demanda guatea y el gobierno no pesca. Lo mismo en el amor: o se invierte con todo en una relación o mejor cortar por lo sano de una. Parar no sirve, el marasmo no sirve y fue por eso que la parte no anestesiada de la ciudadanía y los estudiantes –la metonimia de ese todo que es el país: un campo de experimentación para ver hasta dónde aguantan el charqueo y la humillación diaria– anunció una ofensiva que empezó con lo del ingreso a La Moneda en una performance audaz y efectiva. Estaba cantado que se venía más fuerte.

Pero el gobierno no escucha ni con paros ni con tomas, ni con mesas de diálogo ni con mesas de pupitres con las patas apuntando a la calle. No hay que ser adivino; en las próximas manifestaciones van a morir uno o dos estudiantes, quizás algún guardia o un inocente con sueldo mínimo, o un paco sureño con una hija bebé. La cosa se va de las manos.

Hubiera sido el auto de un cura colaboracionista al que se le conocen yayas, vaya y pase, por último. No, no es la manera. Los chicos sabían que la presidenta había puesto a un Opus en Interior, balanceando sólo dios sabe qué movida de ajedrez. ¿Fue por eso? Fernández visita la iglesia y parte de la peor manera: pendejeando al cabrerío en vez de tratarlos de tú a tú. La típica actitud de inspector de colegio con alma de paco.

De cualquier manera, la educación entendida tradicionalmente no sirve casi para nada, y eso lo saben el gobierno y los estudiantes. El gobierno juega como equipo perdiendo por goleada y hace cualquier cosa, sin brújula. ¿Cómo los comunistas y los sectores más progres defienden este bartoleo? ¿De dónde sacan convicción, para ir a buscar un poco de convicción yo también? ¿Cuál es la línea editorial de este gobierno, si tuviera alguna?

La patria está huérfana, inestable, pero hay que alegrarse. Hoy son las imágenes las que comienzan a hablar: un búho enorme en el Paseo Ahumada, un Cristo roto, una inundación. Los pachamámicos postean cabezas de pescado creyendo que viene no sé qué cosa. Ya no es como en los años 80, cuando las instalaciones del Cada eran intencionadas, planificadas, pedorramente políticas. Hoy las imágenes son brígidas de verdad y hablan: hay que estar infinitamente alegres. Vi por tercera vez “Adiós al lenguaje” de Godard, y dice que ya no hay imágenes ni gente que las descifre. Imágenes hay, gente que las descifre no. La única performance es una especie de ataque de epilepsia social, no el arte premeditado. Estas últimas imágenes dejan obsoleto gran parte del arte y de la poesía escapista, pajera, encuevada en la academia. Las imágenes se expresan y revientan los conductos acuíferos y las válvulas de escape social.

Camino en vez de tomar micro, y paso a la iglesia. Probablemente hay pocos actos más íntimos que el de entrar a un templo. En el de San Francisco vi el Cristo más horrible, perturbador y fascinante que me ha tocado ver: una mezcla de Cristo y Trauko que tienen en el Museo. Pasen a verlo. Ese podría hacer el relevo, es tan real como el Cristo hecho trizas. Porque el Cristo hecho trizas, charqueado y humillado es el Cristo de verdad.