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Vinculado al dinero, endogámico, abusivo e impune. Esas son sólo unas de las ideas que más se repitieron en la investigación “Poderosos y poderosas: quién tiene el poder en la sociedad según dirigentas y dirigentes sociales de Chile”, realizado por la Alianza Comunicación y Pobreza.

Un estudio que reunió a líderes sociales y pobladores en 18 puntos a lo largo de todo Chile, y que viene a continuar el trabajo de un informe del PNUD del año 2004 “El poder: ¿para qué y para quién?”. El análisis revela cómo es vista la tenencia y ejercicio del poder en la sociedad chilena, en la voz de hombres y mujeres de sectores directamente afectados por conflictos comunitarios en los últimos años como Freirina, Puchuncaví y Tortel.

Y el resultado es categórico. Según el informe, que será presentado esta mañana a las 11 AM en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales, las primeras asociaciones al ejercicio de poder son predominantemente negativas, vinculándolo a personas con mucho dinero o autoridades del poder político, desde la presidenta hasta concejales.

Las respuestas reflejaron que la palabra más repetida sobre la imagen de poder fuera justamente “dinero”, seguida de cerca por otras como “política”, “desigualdad” o “abuso”. Y sobre ellas, la primera interpretación es que la percepción proviene directamente de la experiencia de profunda desigualdad que ha provocado una fractura estructural en la sociedad chilena.

“En esa posición, el poder con mayúsculas (externo) se saborea amargamente como abuso, postergación, humillación, maltrato. En estos casos, el poder político y económico estarían corrompidos, al servicio de la avaricia o la ambición”, dice el texto.

En ese ítem, la posición de inferioridad además provoca que las acepciones negativas se vean amplificadas cuando se hace referencia a la estructura social, acumulando más elementos negativos a mayor acumulación de poder.

“La intención que hemos tenido con esta investigación es complementar una visión comprensiva de la pobreza, de la exclusión social, de la desigualdad que hay en Chile. Estos tres fenómenos son multidimensionales. La verdad es que no tenemos sólo desigualdad por ingreso, sino que en muchas dimensiones de la vida cotidiana de las personas, y entre ellas, sin lugar a dudas, está el ejercicio del poder. ¿Quiénes lo ejercen? ¿Quiénes son los que toman decisiones? ¿Qué grados de control sobre nuestras propias vida tenemos las personas que habitamos Chile? Por lo tanto, el ejercicio de poder y la participación, la representación y otros elementos vinculados están íntimamente relacionados con nuestros problemas sociales más graves. Nosotros no entendemos ni la pobreza, ni la exclusión, ni la desigualdad sino va de la mano también de quiénes son los grupos y personas que toman las decisiones en el país”, dice Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación Superación de la Pobreza.

La investigación recoge diversos testimonios de los dirigentes y dirigentas sociales que reflejan la relación con el poder en cada uno de sus roles y elabora un cuadro comparativo entre los actores con poder, el tipo de poder que tienen, la intensidad de ese poder y su origen.

Tabla Actores con poder

Además, la percepción de cambio que dejan entrever a nivel comunitario, se pierde a medida que se comienzan a abordar temas globales o supracomunitarios. En ese contexto, la sensación es de estancamiento y reproduccion del poder establecido e incluso de profundización. De esa manera, se refuerza la idea de que el poder en la sociedad está controlado por la política y el dinero, quienes mantendrían “una relación de colusión y exhibirían prácticas de reproducción endogámicas”.

Incluso, los dirigentes lo asocian a redes familiares -apellidos- y de camaradería partidista -camarillas- que mantienen una especie de “membresía vitalicia” para desarrollar negocios, acceder a cargos públicos y acumular riqueza y prestigio.

En ese sentido, para los autores del informe llamó la atención que la radiografía de poder resulta infranqueable y resultan incongruentes con el imaginario del ejercicio democrático en un Estado de derecho.

De esta forma, para los dirigentes el Estado no sólo es incapaz de nivelar la cancha, sino que además se mueve al servicio de proteger y amplificar la disparidad. Una especie de círculo vicioso en el que los más poderosos acumulan más poder y los que tienen menos, van perdiendo aún más control.

Así, el poder se ve cada vez más lejano y con mayor relación a la imposición de una elite, que además es descrito como impune, con sanciones no aplicadas o “ridículas” a la luz de las faltas cometidas.

La transformación: el poder comunitario y el rol público de la mujer

A pesar de la generalizada percepción negativa, el estudio también revela cómo los dirigentes se consideran actores con poder en sus comunidades y con cierta influencia en asuntos locales o municipales. Es ese el lugar con más interacción, aunque es considerado como el actor que suele tener la última palabra.

Este poder, el comunitario, es algo reconocido como un bien común que nace del compromiso personal, apoyado en la colaboración y que, a pesar de tratarse de una labor de alto sacrificio y con diversos costos personales y familiares, tiene una alta retribución emocional.

Eso sí, ese rasgo positivo igualmente es aplacado por los otros poderes, que resultan más eficaces e influyentes. Por ese motivo, el tejido social se sigue debilitando y provoca otros fenómenos como el de escasa participación ciudadana y poco recambio entre las autoridades sociales-comunitarias porque pocos quieren asumir el rol y los costos que lleva la dirección de organizaciones, clubes y juntas de vecinos.

Sin embargo, es en ese lugar también donde la mujer ha comenzado a ejercer ese poder con un rol mucho más presente, lo que es considerado un reflejo de la transformación social del país en los últimos años.

El apartado número 2 del estudio revela la transformación en los roles de género, donde la asimetría del poder en el espacio doméstico todavía es latente, pero comienza a tener cambios significativos con respecto a la la responsabilidad en torno a la crianza, la representación pública y legal de la familia y la provisión de medios económicos, puntos que han sido tradicionalmente asumidos por los hombres.

Estos cambios, que están hoy en pleno proceso, se dan en espacios de vanguardia social y cultural, pero también en los sectores más vulnerables, aunque ahí son empujados principalmente por la presión y estrés económica.

Y dichos cambios son asumidos por las dirigentas como algo conquistados por ellas y por los hombres como un producto del mayor espacio que “ellos” les han otorgado, denotando que aún cuando se acortan las distancias, todavía prevalecen estructuras tradicionales patriarcales.

Esto se intensifica al ahondar en una tensión constante que provoca la participación de la mujer en el ámbito público, porque aún no tiene una resolución adecuada. De hecho, el estudio señala que a pesar del poder atribuido a las mujeres, este aún no se equipara con el masculino, lo que significa que deben reproducir y mantener un arreglo de roles domésticos parcialmente modificado.

Es decir, las mujeres han ampliado los ámbitos de decisión, pero sin un espacio que les permita dejar aspectos tradicionalmente asignados a ellas como la crianza y las labores hogareñas. Esto contradice la nueva posición de la mujer como líder popular, pero además fue reflejado en los grupos focales del estudio con nuevas tensiones como la erosión de poder de padres sobre los hijos y crisis de autoridad sobre los menores.

“En la familia y la comunidad se están gestando transformaciones en las relaciones de poder, y son importantes, no son menores, y son positivas. Por ejemplo, con un rol distinto de la mujer en su familia y mayor visibilidad en el rol comunitario como dirigente social. En cambio, cuando hablamos de la sociedad en su conjunto sólo encontramos reproducción del poder. De una elite endogámica, que hace que sus propios hijos, parientes, colegionarios de partido, tomen las oportunidades para establecer negocios, heredar fortunas, cargos de representación política y eso se va repitiendo. Es ahí donde el relato de transformación del ejercicio de poder se quiebra. Ahí no hay atisbo de cambio, no hay una conversación”, dice María José Rubio, una de las autoras de la investigación.

El poder de los medios: positivo al informar, negativo al manipular

En cuanto a los medios de comunicación, los dirigentes encuestados señalan que existe una alta cuota de poder en ellos debido principalmente a su propiedad, influencia y editoriales. Pero su percepción es tanto positiva como negativa, así como la disyuntiva entre los medios tradicionales y los electrónicos y las redes sociales.

De lo positivo, valoran que sin ellos no se conocería la verdad y cuando logran investigar, informar y develar temas sensibles para la ciudadanía, su rol como cuarto poder es visto como una especie de aliado de los procesos de transformación social. Además, también valoran el espacio para posicionar a dirigentes y la capacidad de amplificar la información, llegando hasta a los sectores más aislados.

Sin embargo, también critican fuertemente el que exista “una sola versión de los hechos”, con ribetes de manipulación u omisión de información. Y también, cómo el tratamiento de las noticias es influido para defender ciertos intereses de grupos determinados.

“Una de las principales respuestas compartidas es que los medios de comunicación sí tienen un importante poder en la sociedad, pero que ese poder tiene una doble cara: es positivo porque destapan la olla y si no fuera por los medios, no nos hubiéramos enterado de los casos de abuso de poder, la colusion, la corrupción; sin embargo, también tiene un poder negativo que tiene que ver con la manipulación, en que ejercen una influencia manipuladora cuando nos muestran lo que ellos quieren que nosotros veamos y cuando los dueños de los medios pertenecen a este ámbito del poder negativo de los empresarios”, dice Rubio.

En este panorama, las nuevas plataformas, medios electrónicos y redes sociales son vistas como una gran herramienta de poder otorgado a la ciudadanía. Destacan de ellos su fácil acceso y su despliegue con mayores matices y participación más activa, en directa contraposición a las prácticas “poco virtuosas” de los medios tradicionales que además pertenecen a actores con mucho poder, dinero e influencias.

*El informe completo será presentado esta mañana en el Seminario “Poderosos & Poderosas – Quién tiene el poder en la sociedad, según dirigentas y dirigentes sociales en Chile” a las 11:00 AM en la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales (Vergara 324, Santiago).