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Un grupo de académicos entregaron sus mejores tips y consejos para que los papás no repitan ni enseñen patrones de comportamiento machista a sus hijos, todo esto en una agitada semana en la que se realizó una masiva marcha internacional llamada #Niunamenos, en la que se buscaba luchar contra la violencia de género.

En conversación con LUN, por ejemplo, el sicólogo con postdoctorado en Harvard, Héctor Carvacho, explicó que no hay que repartir los roles de enseñanza según el género: “Esto significa que no por ser mujer tienes que hacer ciertas cosas y no por ser hombre tienes que hacer otras. Un buen consejo es que tanto el papá como la mamá los ayuden a hacer las tareas o los cuiden cuando estén enfermos. Los hijos tienen que ver en sus casas que la crianza no es una tarea exclusiva de las madres”.

En tanto, la orientadora y cofundadora de Matríztica, Ximena Dávila, profundizó en que “para que un niño pueda colaborar tiene que haber un papá que colabora con la mamá y una mamá que colabora con el papá, como un modo natural de relacionarse”.

Por su parte, Dávila enfatizó que hay que evitar las amenazas: “¿Cómo nos estamos relacionando con nuestros niños y niñas? Si yo mamá me relaciono con un niño o niña generando miedo, negándolo, entonces no estoy formando un niño o niña que se respete a sí mismo y por consecuencia respete a su pareja y a las otras personas”.

Precisó en este sentido que “este niño, cuando sea adulto, hará que otros le obedezcan imponiendo el mismo miedo o violencia para hacerse escuchar. O también él tendría que estar siempre obedeciendo a otros”.

En tanto, la antrópologa de la U. Austral y encargada del Archivo Mujeres y Géneros del Archivo General, Francisca Marticorena, indicó que se puede fomentar la lectura de libros que cuestionen los estereotipos de género: “Uno de estos libros, llamado “Elenita”, trata de una niña que quiere salir de las tareas tradicionales de las mujeres, como vivir una vida llena de aventuras, transgrediendo esos espacios considerados socialmente como masculinos”.

A renglón seguido sostuvo que también se puede leer “Oliver Button es una nena”, puesto que “trabaja los problemas que vive un niño al no responder a los esquemas esperados para un hombre. Oliver, el protagonista, es sensible y no le interesan los deportes ni la competencia. Este libro, por tanto, habla de los niños que, por tener otros intereses, son calificados como femeninos y son discriminados por ello”.

La historiadora de la U. Alberto Hurtado, María Eugenia Mena, destacó también que “además de la literatura también hay juguetes no sexistas como, por ejemplo, los Lego. Son juguetes que permiten construir y que no tienen tendencias a lo masculino o lo femenino”.

Carvacho explicó también que hay que terminar con ese concepto de que el hombre es el que pone la plata en la casa, por lo que “es ideal que los niños puedan ver que las cuentas de la casa las pagan tanto el papá como la mamá, es decir, que la economía de la casa no descansa en el padre”.

“También es importante que vean a mujeres en la familia que trabajen y que contribuyan económicamente en el hogar. Esto ayuda que las niñas, observando a sus madres, aprendan la importancia de la independencia económica y a que tanto niñas como niños no desarrollen el estereotipo de la mujer como persona que necesita depender de otros en su vida cotidiana”.

Otro punto que resalta Carvacho es que “si las niñas quieren jugar fútbol, por ejemplo, hay que mostrarle el caso de las chicas de la selección chilena que participaron en el mundial femenino. Hablarles de Christiane Endler y no de Gary Medel, ya que eso ayuda a salir de los estereotipos del macho recio o la niña delicada”.