Carlos Larraín RN
“Cree que estamos a un paso de ser Venezuela. Le hemos dicho que no es así, que hay un mal Gobierno, pero que el país funciona. Él cree que no”, detalla un dirigente de Renovación Nacional al ser consultado sobre el retorno de Carlos Larraín a la directiva del partido tras el autoexilio que el mismo político se había impuesto luego de que uno de sus hijos, Martín, atropella a Hernán Canales en las Fiestas Patrias del año 2013, provocándole la muerte.

Larraín, explican, quedó espantado por el supuesto maltrato de los medios con el entonces estudiante de Agronomía, que huyó luego del accidente dejando sólo, en la berma del camino, a Canales. Pero el episodio que más lo marcó, aseguran, es cuando se convocó a una funa por twitter tras conocerse la sentencia que absolvió a Martín. Fue en ese minuto cuando decidió recluirse en Magallanes, en su hacienda de 96 mil hectáreas, y olvidarse por un tiempo de RN.

Sin embargo, para el supernumerario del Opus Dei, la discusión de la ley de aborto en tres causales y la decisión de Sebastián Piñera de postular nuevamente a La Moneda gatillaron en Larraín el deseo de volver a manejar el partido. Eso y la sospecha alentada por sus cercanos de que Chile podría llegar a tener su propia revolución chavista si la derecha pierde los próximos comicios presidenciales.

“A diferencia de lo que se ha querido instalar públicamente, de que nunca se fue del todo, la verdad es que Larraín estuvo muy ausente del partido y volvió porque Allamand, que tiene una visión crítica de la construcción de Cristián Monckeberg, lo alertó de que se precisaba un partido fuerte para enfrentar a la Nueva Mayoría y frenar a Piñera si es que llega a ganar”, afirma una fuente partidaria consultada por este medio.

MUMM-RA
Fue en el parlamento donde se apodó a Larraín como Mumm-Ra, el inmortal. Ello luego de que se hizo pública la decisión del abogado de la UC de tomar una de las vicepresidencias de Monckeberg en la lista de unidad de la próxima elección interna. Tal como la momia que oficia de villano de los Thundercats y cuya frase más repetida es “¡Donde quiera que exista el mal, Mumm-Ra vivirá!”, Larraín, dicen, sólo es débil en apariencia. A sus 74 años, y pese a ser muy delgado, es capaz de doblegar a sus enemigos. O al menos de hacer que las batallas sean largas y desgastantes. Lo padeció Joaquín Lavín cuando fue alcalde de Las Condes y Piñera durante su mandato.

Con todo, en esta ocasión partió con el pie izquierdo. Su primera intención era disputar la presidencia a Monckeberg en dupla con Mario Desbordes, el actual secretario general de la tienda. Éste se negó por considerar que habría sido un acto de deslealtad competir con quien trabajó estos últimos dos años. Además, la actual mesa celebró el haberse convertido en la última elección en el partido más votado de Chile con casi 450 concejales.

En ese escenario, Larraín optó por una alternativa menos invasiva, pero útil: buscar un asiento para él y para el senador Baldo Prokurica en la dirigencia de la tienda.

En la colectividad, recalcan que “es complicado pensar en un rol pasivo de Larraín, si asume el costo de volver, es porque quiere influir” y aseguran que su primer logro es que el senador Manuel José Ossandón aceptara ir a primarias, porque su misión principal es que el sector compita unido por la presidencial. Y si gana Piñera, hacer el contrapeso al Gobierno y evitar la “aplanadora” que, cree, usó en su mandato anterior para Gobernar.

“No va a luchar contra Piñera. Sólo le va a hacer sentir que el partido importa. Él no volvió para perjudicar al mejor candidato, volvió porque cree que es necesario defender las ideas de la derecha y evitar el populismo”, recalcan en Renovación.