El Valle Central de Chile está ardiendo. Los calores tienen tan seco el territorio, que basta un vidrio en la hierba para que el sol la prenda. Son cerca de 89 focos distintos los que tienen la zona más fértil del país atacada por el fuego. Cigarrillos, chispas eléctricas, pirómanos enfermos y hasta niños aburridos han sido, según dicen, los encargados de encenderlos. En estos momentos, mientras escribo, uno de los incendios avanza hacia territorios poblados de Vichuquén. Pero resulta que mientras el fuego arrasa con los bosques de pino, la zarza y el pasto convertido en paja, poniendo en peligro la vida de pobladores, cierto mundo de derecha ha decidido hacer de la desgracia una oportunidad. Así, dicen, actúan los buenos inversionistas. Hasta recién se suponía que los chilenos nos uníamos en la tragedia y postergábamos las rencillas políticas o politiqueras para cuando ya no hubiera vidas que salvar. Esta vez no ha sido así. Los seguidores de Piñera han procurado fortalecer la imagen de buen gestor con que pretenden vender a su candidato para las próximas elecciones. Como el gran logro de su gobierno fue rescatar a unos mineros atrapados al fondo de una mina, la movida es evidente. Cristián Larroulet aseguró en un tuíter que “El avión apaga fuegos más grande del mundo –Aurora Israel Digital 2- con Piñera estaría en Chile”; Andrés Chadwick, mientras la gente de los campos corría con palas y ramas a ayudar a sus vecinos, alegó “lentitud irritante”; Alberto Espina, en momentos en que los bomberos caían de cansancio, tuiteó: “Un caso + de negligencia”; Karla Rubilar, iluminada por las llamas que veía en la televisión, exclamó: “Qué vuelvan las chaquetas rojas!” Y en medio de este coro campañero que cantaba al ritmo crepitante de la desgracia, el mismísimo candidato, Sebastián Piñera, en lugar de ponerse a las órdenes de la autoridad, tendió a la sedición populachera declarando: “he llamado a alcaldes para que nos coordinemos con ayuda a zonas afectadas”. Joaquín Lavín, su lacayo, no tardó en responder “Presidente: acogido su llamado”, y lo mismo contestó su exenemiga y hoy cheerleader, Evelyn Matthei. Quizás venga bien recordarles el artículo 7mo, inciso 2do. de la Constitución que nos rige y que ellos tanto admiran: “Ninguna magistratura, ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse, ni aún a pretexto de circunstancias extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes”. Pero mejor todavía viene recordarles que si aquí van más de 200.000 hectáreas quemadas, en estos momentos, en la Argentina de Macri ya superan el millón, que el incendio de las Torres del Paine estuvo más de dos meses encendido durante su gobierno, que fue él quien vendió el mejor helicóptero de Conaf porque salía muy caro mantenerlo, que esta administración –buena, regular o mala- ha invertido más del doble que la suya en infraestructura para combatir los incendios forestales y que esa manera de hacer política al estilo Trump, es de esperar que en Chile no funcione como al magnate de la cabeza quemante sí le funcionó allá. Dicho lo anterior, es harto evidente que falta mucho por progresar en este ámbito, pero no será a punta de demagogia barata que se consiga.