Los incendios forestales registrados en la zona centro-sur del país han golpeado en lo más hondo a chilenas y chilenos, incluso con la pérdida de valiosas vidas humanas. Todavía resta mucho por hacer para ganarle al fuego. Los incendios persisten y, como Estado no bajaremos los brazos.

Declarada la emergencia, en materia de conectividad la acción gubernamental clave fue salvaguardar la infraestructura de telecomunicaciones en riesgo y asegurar su continuidad operacional. Ello en el entendido de que es fundamental mantener comunicada a la gente y a las instituciones, porque eso facilita la batalla contra el fuego, pese a la magnitud de la catástrofe y de que la red no sería inmune a su impacto.

Comprendido aquello, se activaron protocolos para asegurar las telecomunicaciones en las zonas golpeadas, en especial las más aisladas y remotas, incluso, aquellas que jamás antes contaron con acceso a conectividad digital. Allí fue clave el rol que jugaron las operadoras de los servicios. Convocadas por el Gobierno éstas respondieron en forma efectiva para recuperar la operatividad de la infraestructura.

Sin embargo, la emergencia por los incendios forestales ha dejado al descubierto una realidad que nos pone un gran desafío por delante. El fuego que asoló a pueblos, caseríos y comunidades casi desconocidas como San Pedro de Alcántara, en la Región de O’Higgins, Portezuelo en Biobío, o Santa Olga y Putú, en el Maule, dejó al desnudo la profunda desigualdad digital que aún padecemos como país. El grito de auxilio por las llamas que arrasaron con forestación y viviendas, traía consigo el reclamo de conectividad que, desde la urbe, nos habíamos negado a oír.

Ciertamente hemos avanzado en materia de contraprestaciones para la banda de 700 MHz, iniciativa que hoy presenta un 70% de avance y, justamente, forma parte de un plan estratégico para llevar conectividad de calidad a las zonas más aisladas del país. La propia tragedia, sin ir más lejos, reforzó la urgencia de implementar el roaming automático interempresa para situaciones como las vividas. No obstante, tenemos que avanzar con acciones más robustas que equiparen la cancha en el uso y acceso a la conectividad. Porque en las ciudades la infraestructura de telecomunicaciones ha logrado resistir emergencias. Pero en la ruralidad siniestrada de O’Higgins, Maule y Biobío, están las chilenas y chilenos que reclaman esa igualdad digital tan esquiva para ellos. Por ello, allí entre el paisaje ceniciento en que se convirtieron varias comunidades rurales amagadas por los incendios, habrá que seguir desplegando esfuerzos para acompañar a los que lo perdieron todo y ayudarlos a reconstruir sus vidas. Pero, también, tendremos que echar mano a las lecciones que la tragedia ha dejado, para derrotar la inequidad digital en el Chile recóndito.

*Rodrigo Ramírez Pino, subsecretario de Telecomunicaciones.