Cuando hace un año Europol estimó que al menos 10.000 niños refugiados desaparecieron en 2015 tras llegar a Europa, se hicieron numerosos llamamientos para protegerlos. Sin embargo, la situación no ha cambiado y cientos de menores siguen estando desamparados y caen en las redes de las mafias.

Uno de esos niños que viajan solos es Afsar, un chico afgano de 16 años que llegó a Croacia el pasado 16 de diciembre.

Entró al país escondido en una furgoneta conducida por traficantes búlgaros en la que casi muere asfixiado.

Al inspeccionar el vehículo en un control rutinario de carretera, la Policía encontró hacinados en su interior a 62 inmigrantes ilegales, la mayoría intoxicados por monóxido de carbono y en estado de hipotermia.

No habían comido desde hacía cinco días y muchos estaban ya inconscientes.

Después de pasar varios días en un hospital, Afsar fue llevado a un hogar para menores en Zagreb, destinado a delincuentes y enfermos mentales.

Este huérfano estuvo durante un mes en esa institución, sin traductores y sin que nadie atendiera su solicitud de asilo, hasta que lo contactó una activista de la organización humanitaria de ayuda a refugiados “Are You Syrious?” (AYS).

“Este niño, que viene con graves traumas, ha estado aquí durante un mes sin traductor alguno, sin que nadie hiciera algo respecto a su solicitud de asilo, sin que fuera incluido en alguna actividad o escuela, sin conversar con un psicólogo”, denuncia a Efe Magda Sindicic, de AYS.

“Quiero asilo. Quiero ir a la escuela, aprender mucho. Quiero ser periodista”, cuenta Afsar a Efe en un inglés muy rudimentario.

Abandonados y sin apoyo adecuado, estos niños suelen huir de este tipo de centros de internamiento para intentar llegar a países ricos de Europa central.

En su intento, quedan a merced de las redes criminales de traficantes de personas que, a diferencia de los sistemas estatales, se han organizado bien.

“En nuestras conversaciones con varios niños, nos dicen que su viaje se parece realmente a una película de terror. Y cuando llegan aquí, no les ofrecemos soluciones. Los traficantes les ofrecen “soluciones” más rápidas y más acordes a lo que ellos esperaban”, reconoce a Efe Valentina Odacic, de Unicef Croacia.

“No existe una base de datos de estos niños. Tampoco existe una coordinación entre los países por los que pasan estos niños. No puedo hablar de números verosímiles, pero es cierto que la gran mayoría de los niños desaparecen. Una vez que desaparecen, ya nadie en Croacia se preocupa de ellos”, confirma Odacic.

Según datos recopilados por AYS, desde el 15 de septiembre de 2015 hasta finales de 2016, en Croacia han sido registrados 217 niños, de entre 13 y 18 años, que viajaban solos.

De ellos, sólo 30 siguen en el país, mientras se desconoce qué pasó con los otros 187.

Aunque tanto Unicef como AYS afirman desconocer a dónde van a parar estos niños, Europol ha advertido de que muchos caen en manos de redes de explotación sexual y laboral.

Uno de esos niños desaparecidos es un afgano de 15 años que después de un mes de espera en Zagreb, sin traductores ni apoyo, huyó con la intención de llegar al Reino Unido, donde vive su hermano mayor.

“A nadie en el sistema se le ocurrió preguntar a este niño si tenía a alguien en un país occidental, para que pudiera organizarse una reunificación con la familia”, cuenta Magda.

Hasta el momento ninguna institución oficial croata ha registrado ni siquiera su desaparición, informa AYS.

“Estos niños son tratados como una carga y en realidad son unos campeones porque han encontrado solos el camino desde Siria, Afganistán, hasta Croacia. Tienen un potencial enorme para salir adelante”, comenta Odacic.

Que no existe un trato adecuado a estos niños, no sólo en los Balcanes sino también países más ricos, lo ilustra el hecho de que cada vez con más frecuencia estos niños son devueltos a Croacia desde países occidentales europeos.

“Según el procedimiento de Dublín, hay devoluciones de niños sin acompañamiento desde Austria o Suecia. Creo que en estos casos habría que tomar en cuenta cuál es el mejor interés de esos niños y, realmente, no veo cómo puede ser en interés de un niño que se le devuelva”, afirma Odacic.