El muerto aún no se enfriaba cuando Alejandra Bravo, presidenta del PRI, y el secretario general Eduardo Salas, transformaron el velorio de Adolfo Zaldívar en un capítulo imperdible de House Of Cards. Era el 27 de febrero del 2013 y con todo el mundo político reunido en el ex Congreso nacional, despidiendo al histórico exmilitante DC y último líder del PRI, la pareja más poderosa del regionalismo intentaba evitar algo que parecía inminente: el giro a la izquierda de la colectividad.

Jaime Mulet, exmilitante del PRI, ya lo daba por hecho. “A Zaldívar le habría gustado volver a la Democracia Cristiana”, comentó a la prensa en la ocasión. Ese titular le bastó a Alejandra Bravo para encender las alarmas. Era año de elecciones presidenciales y no podía permitir un golpe interno en el PRI, luego de casi una década trabajando junto a Eduardo Salas para desligar al partido de la Concertación.

Salas planeó la estrategia de inmediato. La única forma de intervenir era hablar con el presidente Sebastián Piñera que en esos momentos estaba en el velorio. “No era fácil llegar a él porque si bien lo conocíamos, no somos políticos de primera línea”, cuenta Alejandra.

Apenas lo vieron salir junto a su esposa Cecilia Morel, Eduardo lo interceptó. “Le dijo al presidente que la izquierda se quería llevar al PRI a su sector y nosotros teníamos que impedirlo”, recuerda Bravo. Piñera le pide que se junten en La Moneda. Horas más tarde, Andrés Chadwick llamó a Salas, para invitarlo a tomar té con el presidente.

-Nosotros operamos políticamente en el velatorio de Zaldívar porque vimos como se venía la máquina. Había muerto el líder. En el día del funeral, ya habíamos hecho toda la operación política con Sebastián Piñera. Le entregamos la señal que el PRI quería colaborar- cuenta Alejandra.

Así, tal como habían planeado por años, pavimentaron el camino del PRI a Chile Vamos. Al otro día enterraron el cuerpo del colorín Zaldívar en el cementerio Parque del Recuerdo.

EL EXPEDIENTE

“Sin el PRI en la coalición es muy difícil que el ex presidente Piñera gane”, sostuvo Alejandra Bravo en su discurso el 1 de abril pasado, durante el acto de proclamación de Sebastián Piñera en el Consejo General de su partido.

Para nadie fue una sorpresa que el Partido Regionalista de los Independientes se posicionara firme, al igual que la UDI, tras Sebastián Piñera como candidato presidencial. Desde que la presidenta del PRI asumió como portavoz del pacto Chile Vamos, dos objetivos marcaron su agenda: destacar la importancia del centro político dentro de la coalición y “piñerizar” la vocería. Cueste lo que cueste.

Las instrucciones a Bravo venían desde la directiva de su partido. No solo pretendían demostrar lealtad a Piñera, sino también blindar su alianza con la UDI, RN y Evópoli. “Este es el juego del todo o nada. Cualquier otro candidato nos puede hacer perder la posición que por tantos años hemos luchado. Por eso, todo suma”, afirmó un dirigente del PRI el día de la proclamación.

Para el PRI, ese día se cumplía una promesa histórica: ser el único representante de centro dentro de una coalición de centroderecha. Pero para importantes personeros de la UDI y RN, fue “un acto de inocencia”.

– Hay voluntad, pero la verdad es que la proclamación pasó sin pena ni gloria. Para muchos de nosotros el PRI es una mala versión del PPD, un partido instrumental. Creer que ellos representan el centro, es vivir en el mundo de Bilz y Pap- asegura un cercano al comando de Sebastián Piñera.

A pesar de los ninguneos, en el regionalismo están felices. Saben que el camino para llegar donde están ahora fue largo y difícil.

El PRI se conformó por la fusión entre dos partidos que, a principios de los 2000, representaban al extremo norte y sur del país: el Partido de Acción Regionalista (PAR), del mítico alcalde de Iquique, Jorge “Choro” Soria, y la Alianza Nacional de los Independientes (ANI).

Bajo la bandera regionalista, el 2004 unieron fuerzas en el pacto “Fuerza Regional Independiente” y sacaron electa a Marta Isasi, por la región de Tarapacá, condenada años más tarde en el caso Corpesca. Pero al año siguiente, de cara a las presidenciales, volvieron a dividir aguas: El PAR se la jugaba por Piñera y la ANI por Bachelet.

– Siempre hubieron dos posturas muy opuestas, sólo por el regionalismo nos tolerábamos (…) éramos personalistas, el color político no importaba. Llegar al Congreso era la meta – cuenta un exmilitante de la ANI.

En un esfuerzo por superar sus diferencias, el 4 de julio del 2006 se funda el PRI. Isasi era la única diputada del conglomerado, pero un año después renunció por problemas con Soria y terminó militando en la UDI. “Soria era gurú. El partido con él era una dictadura”, explicó en ese tiempo el primer presidente nacional, Juan Carlos Moraga, antes de romper filas definitivamente con el partido sorista.

Pero en diciembre del 2007 todo cambió. Tras 40 años de militancia, Adolfo Zaldívar fue expulsado de la DC por hacer pactos políticos con la Alianza. Con él, renuncian cinco diputados colorines: Jaime Mulet, Alejandra Sepúlveda, Pedro Araya, Carlos Olivares y Eduardo Díaz. También le siguieron dirigentes y sus colaboradores cercanos, como Eduardo Salas, actual secretario general del PRI y Alejandra Bravo.

Uno de los diputados de la época, cuenta que Zaldívar tuvo reuniones con diferentes colectividades, pero el PRI le pareció más manejable: “estábamos muy cerca de las municipales y necesitábamos una colectividad”. Y agrega: “Un año antes, Adolfo celebraba el triunfo de Bachelet y al año siguiente, se acercó a la Alianza. Ese vaivén ideológico cuadraba perfecto en el PRI”.

Por petición de Zaldívar, Jaime Mulet asumió la presidencia. A pesar de que existía una tensión palpable entre históricos y colorines, la idea del exlíder DC de constituir un centro político social cristiano, con defensa a la clase media y una corrección profunda al modelo, unieron al partido.

El 2009, Adolfo Zaldívar se aventura como presidenciable del PRI. Sin embargo, la candidatura jamás prendió y al colorín no le quedó otra que bajarse. “Quedamos en libertad de acción y Mulet apoyó a MEO. Zaldívar se enfureció, se sintió traicionado”, comenta un cercano al difunto senador. En segunda vuelta, todo empeoró. Jaime Mulet y otros militantes del PRI, apostaron por Eduardo Frei. Un par de meses después, fueron expulsados del partido.

“Jaime Mulet y sus cercanos olieron el inminente giro a la derecha y prefirieron quedarse en el lado correcto de la historia”, afirma un ex presidente del PRI. Con ellos fuera del panorama, los colaboradores cercanos de Adolfo Zaldívar, Eduardo Salas y Alejandra Bravo, tomaron las riendas del partido.

LA DUPLA VIRA A LA DERECHA

Eduardo Salas, alias “el negro”, es el hombre clave para entender el desembarco del PRI a Chile Vamos. Su historia dentro del regionalismo, es la misma que el resto de los descolgados DC: tras 30 años de militancia, renunció para seguir a Adolfo Zaldívar.

Nacido y criado en Arica, Salas creció en una familia demócrata cristiana. “Me formé con Radomiro Tomic, de hecho tomaba once con él muy seguido junto a mi familia. Lo mismo con Frei Montalva, con quien compartí pocos meses antes que muriera”, cuenta Salas.

En los 80, mientras estudiaba derecho en la U. de Chile, fue presidente de la DC universitaria y consejero nacional de la Juventud. Siempre perteneció a los chascones, el sector más progresista del partido. En los últimos años de dictadura, dejó los puestos políticos para dedicarse a ser abogado de la Vicaría de la Solidaridad.

Su entrada a las grandes ligas fue en el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle, como Seremi de Transportes y Telecomunicaciones y luego de Minería, en su ciudad natal. Luego, en el gobierno de Ricardo Lagos, fue asesor de la Secretaría General de la Presidencia. Fue ahí donde empezó a cuestionar su militancia en la DC y decidió unirse al PRI junto a Zaldívar.

Pero Eduardo tenía planes. Pocos días después de renunciar, se encontró en la calle con Alejandra Bravo, a quien conocía por ser una de las colaboradoras más cercanas de Adolfo. “Me dijo que podíamos contribuir con nuestras ideas de centro en la derecha o centro derecha. Yo casi me morí porque ambos teníamos una historia muy alejada de ese mundo”, cuenta la presidenta del PRI, Alejandra Bravo.

Salas empezó a generar documentos sobre un nuevo centro político, que tenía como uno de sus fines no permitir que la Concertación volviera a gobernar. En octubre del 2008, buscando alianzas, Eduardo decide mostrarle esos documentos a Juan Antonio Coloma.

– Hasta el 2009, Eduardo no fue importante en el PRI. Eso sí, era un operador de Zaldívar. Un hombre agudo, inteligente. Tocaba la música que Adolfo quería escuchar. Lo comparaba con Julio César, le decía que con él cruzaríamos el Rubicón. Adolfo con sus adulaciones se volvía loco- afirma un ex presidente del PRI.

Si bien Adolfo Zaldívar era el líder natural, Eduardo se transformó en el ideólogo del partido. “Adolfo nunca estuvo tan convencido de acercarse a la derecha más allá de un acuerdo electoral, porque era muy DC. Pero no me cabe duda que ambos se influían mutuamente”, relata Alejandra Bravo.

El primer pacto oficial del PRI con la alianza fue el año 2010. Eduardo Salas logró junto a Zaldívar, y los RN Carlos Larraín y Bruno Baranda, que Alejandra Sepúlveda, diputada en ese momento del PRI, fuera electa presidenta de la Cámara con los votos de la derecha.

– A los colorines del PRI nos asombró la actitud de Salas. Es un hombre pragmático, que le da lo mismo el método mientras alcance el poder- comenta uno de los descolgados DC.

Eduardo Salas y Alejandra Bravo, ya emparejados, se transformaron en la dupla política más fuerte del partido. Ambos estaban convencidos que su camino estaba junto a la centro-derecha y, específicamente, al lado de Sebastián Piñera. Solo había que pavimentar la senda.

En junio del 2010, en una reunión con la directiva del partido, Eduardo le comenta a Adolfo que el embajador de Piñera en Argentina, Miguel Otero, había renunciado. La oportunidad parecía perfecta para seguir ampliando los lazos con el gobierno. Por eso, le preguntó directamente: “Adolfo, ¿te parecería pertinente ser embajador en Buenos Aires?”. Zaldívar dudó, pero finalmente aceptó. Eduardo, que ya era el enlace del partido con la alianza, llamó a Cristián Larroulet y coordinaron una reunión con Rodrigo Hinzpeter. Pocos días después, Adolfo Zaldívar se transformó en el nuevo y flamante embajador.

Por esa gestión, Larroulet le ofreció a Eduardo Salas ser asesor en la Secretaría General de la Presidencia, con un sueldo de un poco más de $1.600.000. “Yo no soy un operador político, porque han desprestigiado mucho la palabra. Eso sí, me gusta mucho la estrategia porque de eso se trata la política”, dice Eduardo Salas.

Para el 2011, “el negro” ya estaba instalado en el gobierno de Piñera. Todo salía según el plan trazado.

LAS ESTRATEGIAS

A pesar de su cercanía con el gobierno de Sebastián Piñera, Adolfo Zaldívar siempre se resistió a formar parte de la derecha. “Se sentía un traidor y como vio que su partido estaba tomando un giro a ese sector político, tenía que hacer algo”, relata uno de sus amigos.

Es por eso que el 2011, en plenas votaciones de directiva del PRI, decide apoyar al diputado colorín Carlos Olivares en vez de Eduardo Salas, por su cercanía con la centro-izquierda. Pese a eso, no se quedó tranquilo. Ya enfermo de cáncer al páncreas, le planteó sus preocupaciones a su amigo y militante del PRI, Humberto de la Maza. “Le pidió que no le entregara el PRI a Salas. El no quería que el PRI pactara un acuerdo político con la derecha”, afirma un cercano de Zaldívar. Y agrega: “Humberto intentó cumplir ese deseo, pero ya no era posible”.

En el 2013, meses después de la operación política en el velatorio de Adolfo Zaldívar, Carlos Olivares propone en un Consejo General del PRI, un acuerdo parlamentario con la Nueva Mayoría. Pero Bravo y Salas ya se habían preparado para esa arremetida. “Eduardo Salas y Bravo, con el respaldo de Piñera, fueron añadiendo personas a su postura. Finalmente estábamos cuadrados”, aseguran exmilitantes del partido. Olivares fue censurado y eligieron una nueva directiva, esta vez dirigida por Humberto de la Maza y Eduardo Salas.

Tras el desastroso resultado del PRI en las elecciones del 2013 con Ricardo Israel como candidato, el partido perdió su legalidad. Pero Eduardo Salas vio en esa caída, una nueva oportunidad para refundar el partido a la pinta de sus intereses. En enero del 2014, invitó a dirigentes de todo el país a un asado en su casa en Paine.

-Le pregunté a todos los camaradas que estaban ahí si estaban de acuerdo con reinscribirse. Todos estaban comprometidos. Definimos, por fin, que todos queríamos construir una alianza centro más centro-derecha-, cuenta Salas.

Durante el 2014 y el 2015, el PRI recorrió Chile juntando firmas para lograr constituir el partido. Hoy ese trabajo en terreno los tiene liderando la reinscripción, superando a la UDI y RN. Sin ni un peso para arrendar una sede, el PRI se reunía en el Mall de Patio de Comidas en Morandé, frente a la Moneda, para reunir firmas y organizar el partido. “Todos los militantes se sacaron la mugre, yo tengo hijos de izquierda e igual los hice firmar por el PRI”, asegura Salas.

Ya no habían obstáculos. El regionalismo tenía el camino despejado en Chile Vamos.

EXPECTATIVAS VS REALIDAD

En enero del 2015, el lugar del PRI en la centro derecha ya estaba saldado. Javier Macaya (UDI), Mario Desbordes (RN), Jorge Saint-Jean (Evópoli) y Eduardo Salas, lanzaron en un acto a Chile Vamos como una coalición política de “centro, centro derecha y derecha”.

– Ha sido genial ser parte del pacto, pero no es fácil. Somos un partido nuevo y hay que saber ganarse los espacios- afirma la presidenta del PRI.

Alejandra Bravo fue elegida como la primera vocera. “Yo creo que me eligieron por ser un rostro nuevo, una mujer de clase media. También espero que sea porque valoran el centro político”, se pregunta la presidenta del PRI. Sin embargo a raíz de sus polémicas declaraciones, los primeros meses del 2017 no han estado exentos de tensiones.

El 15 de febrero de este año, en entrevista con El Dínamo, Alejandra Bravo aseguró que un homosexual era “alguien que nace con cuerpo de hombre pero se siente como mujer” y que no apoyaba el matrimonio igualitario, porque no entendía por qué los heterosexuales debían ceder su lugar en la sociedad. La reacción ciudadana fue inmediata y en Chile Vamos se desmarcaron de Bravo. “Yo de verdad creo que los homosexuales están sobre representados y me duele que otros tipos de familias, como mujeres solas con hijos u otros problemas no tengan representación”, aclaró la vocera a este pasquín.

Las elecciones de fin de año también han sido motivo de polémica. El 18 de marzo, el PRI suspendió su participación en el Comité Electoral de Chile Vamos, luego que Pablo Terrazas (UDI), les pidiera junto a Evópoli, renunciar a sus candidaturas en distritos complejos. “Esas tensiones ya están superadas”, aclara Alejandra Bravo.

Pero dentro del pacto, cercanos al comando de Sebastián Piñera, afirman que el PRI no tiene el poder ni la influencia que dice tener: “no tienen capacidad, son estructuralmente débiles, no tienen nada que ofrecer”. Al interior de la UDI son mucho más duros: “El PRI es el típico gallo invitado a un cumpleaños, que nadie conoce, pero igual le das piscolas. No aporta, pero tampoco molesta”.

Alejandra Bravo asegura que el ninguneo dentro de la coalición al PRI no tiene grandes fundamentos: “a veces puede que cueste hablar con la UDI porque para ellos casi somos de izquierda. Pero hay que avanzar juntos, esperamos que nos vaya bien en estas parlamentarias. Tenemos todo el respaldo del presidente Piñera”.

“El PRI lleva 10 minutos en política y les falta aprender. La ambición es buena, pero tampoco sean patudos. No pueden compararse con la UDI o RN. Somos nosotros quienes manejamos Chile Vamos y eso no va a cambiar”, afirma un miembro del partido popular. El fuego amigo le manda un mensaje al PRI: a veces las expectativas, no se ajustan a la realidad.