Erika Lust es hoy por hoy la mujer que produce las películas pornográficas más demandadas del planeta. A diferencia de lo que habitualmente se ve, de lo clásico, es sus films hay más erotismo y no tanto pene y vagina a cada rato. En entrevista con Soho habla del porno feminista y de por qué decidió dedicarse a esta industria.

“Es otra manera de referirse al porno alternativo, independiente y ético, que tiene un punto de partida muy claro: la igualdad entre hombres y mujeres en cuanto a la representación del placer y los roles de género. Es por eso que ‘feminista‘ es una etiqueta que lo define bien, pero eso no quiere decir, como algunos creen, que este sea un tipo de porno para mujeres, o que muestre el sexo de una manera muy ‘soft‘ o blanda. Al contrario: esta nueva ola de cine adulto busca el riesgo y la diversidad en todas sus formas inimaginables”, cuenta en la entrevista.

Dice que esta idea nace por el porno que vio en su adolescencia y que entonces la hizo sentir incómoda. “No era una cuestión cultural: yo nací y crecí en Suecia, donde la educación sexual es bastante buena y hay un diálogo abierto sobre estos temas”, explica. El punto entonces -agrega- es que se dio cuenta del porqué cuando gracias a Linda Williams y su libro “Hard Core: Power, Pleasure, and the “Frenzy of the Visible””.

“Nunca había leído nada parecido. Williams realizó el primer trabajo que realmente estudiaba la pornografía como un género con su propia historia, como una forma cinematográfica en sí misma y como una parte muy importante del discurso contemporáneo sobre la sexualidad. No se dedicaba a juzgar o censurar el porno, sino que analizaba la narrativa de la pornografía convencional”, dice.

A partir de ese momento -cuenta- su mente hizo click y entendió por qué no la interpretaba el porno que todos estaban acostumbrados a ver. “Además, como cinéfila, sentí la necesidad de realizar un tipo de cine adulto con valores cinematográficos y estéticos”.

Yendo al porqué de que tantas veces el porno a diferencia de otro tipo de cine sea mal visto, admite que seguramente hay algo en lo que se ha hecho tradicionalmente, cuando “nos muestra mujeres sobreactuadas, artificiales y subidas en tacones kilométricos posando constantemente para la cámara mientras su pareja (habitualmente masculina) la utiliza como una muñeca para generarse placer a sí mismo. Es un porno centrado en el pene, egoísta y, en muchas ocasiones, preocupantemente violento. Esto es lo que se define como porno ‘mainstream‘, y no debemos colocarlo como un representante fiel de lo que este género puede ofrecer”.

Erika reconoce que en todo caso es difícil competir con una industria que genera 100 billones de dólares en el mundo, pero que por esa misma razón lo que ella busca es que sus películas sean una alternativa “teniendo en cuenta el placer femenino, no como una herramienta para conseguir la eyaculación masculina (que parece ser el fin último de la pornografía ‘mainstream‘), sino como un fin autónomo en sí mismo y en armonía con el placer del hombre (si hablamos de un porno heterosexual, claro)”.

“Mi filosofía particular para un nuevo cine adulto se basa en cuatro ideas principales: el placer femenino también importa, el cine adulto puede tener valores cinematográficos y artísticos, debe haber variedad en la representación de cuerpos, razas y edades, y el proceso de producción debe ser ético. Esta es la base sobre la que se construyen mis películas, y las de otros cineastas que comparten la filosofía de este nuevo cine adulto alternativo”, sintetiza.