“No sé cómo contarle, pero lo voy a hacer igual, porque firmaré con un seudónimo”.

Así comienza una carta al Doctor Cariño del diario La Cuarta, enviada por una complicada mujer que encontró nada más ni nada menos que a su marido dándose placer con el perro de la familia.

A continuación el relato afligido de la mujer:

“Me casé hace tres años con mi marido, y en ese tiempo nos compramos un perrito que se transformó en nuestro hijo. Lo sacamos a pasear, duerme con nosotros, le compramos ropa y es uno más de nuestra familia. Justo la semana pasada me dieron ganas de darle la pasada a mi marido a fierro pelado. Sin preservativos y sin pastillas”.

Añadió que “él me ha dicho hartas veces que tengamos una guagua, y justo ahora yo estaba con toda la idea de darle un ser que nacerá de nuestra sangre. Él estaba con día libre en la casa, yo me arranqué de la pega para prepararle un show de tarde. Y ahí vino la sorpresa: me bañé despacito, me puse una ropa transparente y me perfumé a morir. Sin golpear entré a nuestra pieza y me encuentro a mi hombre con mermelada en la guata y con el perro meta lenguatazos”.

“Me morí, me dio asco y arranqué. Aún no vuelvo a la casa y él me ruega”, cerró.

La respuesta del doc no tardó en llegar: “Qué fuerte lo suyo. Vivió la gran Ricki Martin ‘versión moderada’ en su propia casa. ¿Su hombre jugando a la conferencia de prensa canina? No. Fue sólo en la zona abdominal, así que no exagere. Y el animal sin saber ni leer ni escribir, no hizo más que hacerle caso a su amo y sacar su lengua para barrer la plaza en la guata del caballero con quién usted dio el sí”.

A renglón seguido aseguró que “raro, medio promiscuo, pero no tan alejado de la realidad, tomando en consideración que hay caleta de hombres calientes que quizás no le basta con una mujer de verdura o una porno en el celular”.

Agregó que “si la llama es porque la ama y tiene claro que el condoro está hecho. No lo vea tan negativamente, si piense que el aumento de los sex shops, donde hay hasta muñecas inflables y cuanta crema y lociones hediondas a “sopapo’’, no es por casualidad”.

“La modernidad también se tomó las cabezas enfermas de la gente. Y hay busca de nuevas sensaciones. Ahora, yo no lo haría ni aunque me pagaran, pero otros -de puro enfermos de califas- se tirarían el salto hasta con el perro de Lipigas. Es una cosquilla en la guata. Podría haber sido peor. Igual, piénsela”, aconsejó.