No de ayer, sino que desde hace rato que los libros del tenis indican que el suizo Roger Federer es el mejor representante de ese deporte en toda la historia. El asunto en cuestión es dilucidar si es o no también el más grande deportista de todos los tiempos. Categoría donde están Michael Jordan y Muhammad Ali.

Pero bien, ese asunto será resolverá más adelante, acaso cuando el oriundo de Basilea dé paso al retiro. Por lo pronto, y luego de volver a coronarse este domingo en Wimbledon después de cinco años, Federer rompió nuevas marcas con esa raqueta que a ratos parece un violín. Acá vamos.

8 coronas en Wimbledon: Roger timbró su nombre como el tenista que más veces levantó la copa en el torneo donde se inventó el tenis. Los ocho títulos, de paso, lo distancian de la marca anterior que compartía con el estadounidense Pete Sampras y el británico William Renshaw

11 finales en el mismo Major: De no haber vencido a Marin Cilic, igual Federer habría quedado registrado como el tenista que más veces disputó la final de un mismo Grand Slam. Antes de ganar la semi, compartía el récord de 10 con Nadal (Roland Garros) y Bill Tilden (US Open).

19 títulos de Grand Slam: Aquí no espacio para las dudas, pues sólo compite consigo mismo. Ayer, el helvético no hizo más que acrecentar su propio récord. Le sigue Nadal, con cuatro menos.

Podríamos seguir enumerando y enumerando, pero baste agregar que Federer también inscribió su nombre como el tenista que más partidos ganó en Grand Slams con 321 victorias.

Ad portas de cumplir 36 años y en plena vigencia, lo que le queda a Federer en términos de números absolutos para instalarse en otra dimensión son sólo tres cosas: Los 108 títulos que alcanzó Jimmy Connors (le faltan 15), los seis años de Sampras terminando como número uno (tiene cinco), y las coronas de Masters 1000 (tiene 26 ante las 30 de Nadal y Djokovic).

Aun cuando no le alcance, se ve difícil imaginar que alguien juegue al tenis mejor que él, que lo superen en el circuito masculino en coronas de Grand Slams, o que algún jugador logre pasar esas 302 semanas al tope la clasificación de la ATP.