“La constructora lo arreglaba todo pagando. Repartía comisiones al funcionario más bajo de la Administración y al jefe de Estado”.

Bastaría leer esas dos oraciones, esas 20 palabras del abogado Rodrigo Tacla, para hacerse una idea de cómo es que operaba Odebrecht, la mega constructora brasileña que coimeó por doquier en la región y que tiene trémulo al mundo político de América Latina.

En entrevista con el diario El País de España, Tacla, cuya labor era la hermética unidad de negocios especializada en comprar voluntades. Campañas electorales, regalos, fiestas, prostituta, dice este medio, explica que “el primer contacto se establecía en la campaña electoral. Odebrecht corría con los gastos del marketing político de los candidatos. Tenía un acuerdo con el publicitario João Santana. La constructora sugería después las obras que se incluían en los planes de gobierno”.

Entonces, tras ese pago de favores, lo que venía es que “el dirigente incluía en su plan de Gobierno las obras que le interesaban a Odebrecht. “La constructora, en algunos casos, asesoraba a los países sobre cómo conseguir financiación a través de organismos como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)”, dice.

Tacla afirma que Odebrecht, que viene de para una multa de 2.231 millones de euros, sobornó a  más de 1.000 entre funcionarios y presidentes. “Cobraron desde gerentes de empresas públicas a jefes de Estado”.

Por año, agrega, la compañía gastaba en sobornos “cerca de 260 millones de euros. El dinero se movía en efectivo, a través de cuentas en paraísos fiscales y transferencias internacionales. La constructora, por seguridad, nunca pagaba en los países de origen del beneficiario. Y usaba el Meinl Bank para enviar fondos a Personas Políticamente Expuestas (PEP), que es como se denominan los cargos públicos susceptibles de cometer blanqueo”.

Fiestas, regalo, mujeres

Tacla cuenta que además de sobornos en billetes, la constructora organizaba fiestas y enviaba mujeres desde Brasil.

El hombre de nacionalidad hispano, y que será juzgado en España después de que se rechazara su extradición, dice que ha recibido amenazas por distintos medios. “A través del teléfono y las redes sociales. Me exigían que me callara. Mi madre también ha sido amenazada. He denunciado esta situación ante las autoridades de España y de EE. UU”. “Mi testimonio puede afectar a muchas personas poderosas en el mundo”, asegura.