¿A grandes rasgos de qué trata Noche Mapuche?
-Es una obra difícil de entender a la primera. Es como un viaje en el tiempo que parte en una noche del año 2017, en una casa del barrio alto de Santiago, donde se juntan dos matrimonios. Cuando la fiesta está un poco encendida y se han tomado sus cosas, una de las mujeres cuenta que tuvo su iniciación sexual con un mapuche. Desde ahí, algo extraño empieza a suceder, los personajes confunden la realidad con los sueños, hay cambios de sexo, la cuestión se empieza a distorsionar.

¿Y tu personaje?
-Soy uno de los invitados. Uno de los que más siente esta sensación de sentirse invadido por otras vidas, otros relatos, por gente que vivió en otra época. A través de él, hablan los pueblos oprimidos y originarios de ciertos lugares, como los pieles rojas o los mapuche. La obra, básicamente, es un sueño dirigido por una persona que se mete en la casa de esta gente bien pudiente pa cagarle la noche con sus pesadillas de abusos, maltratos, muertes crueles, exterminios de pueblos enteros.

Nada muy alejado a la realidad.
-Sí, pero concentrado en una obra de teatro es un pencazo, como un guante de boxeo y un golpe al mentón, porque viene todo junto: se empieza a venir esta pesadilla y aparecen imágenes terribles y crueles. Pero también muy bien contrastadas por la dirección de Marcelo, porque la gente asiste a un delirio pa la risa con unos personajes que están de la cabeza y empiezan a hacer cosas no muy comunes. Y la obra, así como viaja al pasado, llega al 2017. Pasamos por el 2008 cuando mataron a Matías Catrileo, luego por el 2013 cuando muere el matrimonio Luchsinger. Por eso me interesó la obra, porque es valiente, se mete en la pata de los caballos, se pone en el meollo mismo de un conflicto que aún no está resuelto. Todavía hay comuneros en huelga de hambre, quemas de iglesias. Hay gente que está sufriendo por ambas partes, pero hay un pueblo entero que quieren exterminar a todas luces. Recién estaba pensando en Violeta Parra que recolectó el folclor, escuchó la tierra, a los campesinos, y se introdujo en el pueblo araucano. Y la canción Arauco tiene una pena, cuando dice “el indio se cae muerto y el afuerino de pie”, está planteando que hay una persona de afuera, un winka, un extranjero, que ya no es el español, que los está invadiendo. Por eso también la obra tiene un nexo con Los Invasores de Egon Wolff.

¿Si?
-De hecho, el epígrafe de la obra dice: han invadido mi casa. Y eso pasa en la obra, los dueños de casa se sienten invadidos por esta gente que les aparece de repente en sus pesadillas. En el fondo, es como una venganza de este personaje que induce su sueño para decir “les voy a cagar la noche, solamente para que se enteren que hay un pueblo que hace 500 años viene luchando, que salió connotado en La Araucana, que estuvo aquí, que Violeta Parra le cantó y que dijo verdades, y nadie le ha puesto remedio pudiéndolo remediar”, ¿cachai? Todo ese cuento está resumido en la obra y los dueños de casa, por decirlo de algún modo, empiezan a cuestionarse y a sentir ¿tengo culpa en esto? La obra busca que la gente se lo cuestione, por lo menos, y diga, chuta, levántate, pues Callfull. Di algo, rebélate.

Siempre se te ha visto comprometido con las demandas del pueblo mapuche.
-No sé si sea comprometido la palabra. No me he comprometido con ninguna persona. Pero siempre he entendido la historia del pueblo mapuche, como la de un pueblo al que le fueron usurpadas sus tierras, y que ellos quieren ser nación, vivir como mapuche y es fundamental para eso recuperar sus tierras. Urge sentarse a conversar y deponer el Estado de sitio, la violencia, la ley antiterrorista, la tortura, la humillación con que quieren someterlos. Siempre nos hacen sentir que los mapuche son nuestro pueblo, son como un chiche del Estado, casi un llavero que podemos vender pa fuera como artesanía, pero se les criminaliza, se les acusa a priori, se les tortura, no tienen juicios justos, no se les apuran sus causas, como la de estos comuneros que ahora están en huelga de hambre.

¿Cuál es tu lectura, por ejemplo, del caso Luchsinger?
-Lo extraño es que fuera exactamente en la misma fecha en que se cumplían cinco años de la muerte de Matías Catrileo. Al final, el tema es la recuperación de las tierras. Yo creo que llega un momento en que el conflicto se agudiza y, bueno, la violencia hace erupción y el fuego o nos ilumina o nos quema como país.

¿Qué te parece las quemas de iglesias y camiones?
-La iglesia llegó con la espada y exterminó al pueblo mapuche. Y los camiones se llevan la madera. Creo que el sabotaje es una forma de lucha.

¿Crees que hubo montaje en la detención de los líderes de la CAM?
-La detención de diferentes líderes mapuche, más allá de ser un burdo montaje, me parece preocupante y alarmante, porque significa y simboliza la nula capacidad de dimensionar y comprender las demandas del pueblo mapuche por parte del Estado. Se le denomina “conflicto mapuche” cuando fue una invasión y exterminio sanguinario por parte de España y luego del Estado de Chile. Hoy se criminaliza a Llaitul, cuando debiera ser ejemplo de dignidad y lucha.

IR AL CERRO

Leí que no votas hace mucho tiempo y que tampoco pensabas votar en estas elecciones.
-No. En realidad, ningún candidato me entusiasma.

¿Por Guillier?
-No creo. Tampoco me siento amarrado. Capaz que lo termine decidiendo de guata, así como que en el día D te des cuenta que se viene Piñera… Ahí, claro, si me ponen una pistola en el pecho entre Piñera y Guillier prefiero a
Guillier, pero tampoco me simpatiza.

¿Desde cuándo no votas?
-Voté por la Gladys Marín y después nunca más. Bueno, hasta estas primarias en que voté por Mayol. Su análisis me gustaba, pero lo que proponía no era mucho. Y no pasó nada con él.

¿Y la Bea?
-La Bea no me gusta, no me llega lo que dice, todos esos exabruptos, que después sale a justificar, como cuando dijo que Allende valía hongo. Sería bueno que no se justificara tanto. Creo que sus exabruptos hablan de lo que ella realmente piensa.

¿Qué te parece que no haya querido ir al programa donde Sergio Melnick es panelista?
-Está en su derecho de hacer lo que quiera. MEO le contestó que cómo no iba a ir a un porgrama con Melnick, si trabajó en La Red, un canal fundado por él, le pagaba Melnick, por decirlo de algún modo, y el marido trabaja en El Mercurio, que es plata con sangre también. Es que este país se resume en eso, son poquitos los dueños de Chile. Si te limpiai el poto, la plata va para la misma persona. Nos pisamos un poco la cola. Como candidata, la deja como intolerante, no le hace bien, y cuestiona también a sus colegas que han ido al programa. Distinto sería si ella tuviera antecedentes de algún delito por el que imputarlo, pero todos sabemos que es un personaje siniestro, amigo de Corbalán, ministro de Educación de Pinochet cuando la educación estaba enterrada.

¿Qúé te parece que Melnick esté en la tele?
-Un poco asqueroso que tenga tanta palestra. Me encantaría que estuviera otra persona. Prefiero a Baradit o a Hernán Rivera Letelier, por último. Cuando veo a Melnick se me revuelve la guata, me viene como un asquito, es como ver a una rata.

Más allá de tus críticas hacia Bea Sánchez, ¿tienes alguna cercanía con el FA?
-Ninguna. Tampoco con Mayol. Solamente me levanté, me pegué en la cabeza, me ahueoné y fui a votar por él. Y no me cuestioné. No tengo que ser consecuente con nadie. Llega un momento en que uno también se ahueona y dice “ya, hay que trabajar, no se puede de otra manera” y creen que van a ser elegidos, y diputadito por aquí y allá, y van a ganar ocho palos, y al final la misma huevá. Lo que se ha visto, más que política en el FA, es pura pelea interna, y ambiciones grandes de querer agarrar distritos. Pero no es un viento del pueblo. No es ese viento de Recabarren ni de El Aparecido. Tampoco hay una efervescencia, no es un cuento que está creciendo, no es el PODEMOS, no es Iglesias, no siento ese remezón. Solo meten bulla por redes sociales, pero termina siendo como un zumbido cuico por teléfono. Y taquillan, y se van a vivir al Cerro Alegre…

¿Lo dices por Giorgio Jackson y Gabriel Boric?
-Sí, es mala estrategia. No veo a los dirigentes, no los veo en la verdad, los veo como en un intelectualismo de lucirse, de nombrar a los nuevos pensadores, citando gente…

¿Dónde deberían estar ellos?
-No sé. Que hagan lo que quieran. Que se presenten, mientras no cambian la Constitución, que jueguen este juego de Pinochet, que yo no compro. Hubo un momento cuando Camila tenía el 88% de la razón, hasta las encuestas de derecha lo decían, y toda la gente estaba caminando con ellos. Pero en un momento dijeron es del PC, y este otro cabro del colegio del Confederación Suiza es socialista, y el guatón del Lastarria es de la UDI. Ah, chao, estos monos son los mismos hueones que crecen, los engordan y se quedan viviendo en la misma clase política y Cachagua y después el chiste en el sur… lo mismo.

Siempre se ha creído que tienes simpatía con el PC.
-Se me asocia porque en algún momento participé en actos. Aparecí vestido de Che Guevara en una Fiesta de los Abrazos, por ejemplo. Pero no he militado nunca.

¿Por qué no?
-No tengo partido, no represento a nadie, no soy líder de opinión de ninguna huevá. No creo que tenga que saludar a Norcorea, porque hay que agachar la cabeza y eso se acordó en la mesa central. No me gusta el rebaño. Y el PC tiene ese discurso de que la huevá se defiende hasta morir. Es como Oda a Stalin de Neruda. Igual debe ser un tema que les complica a los más jóvenes y los avergüenza un poco, como los cabros chicos cuando dicen “puta, mi papá todavía escupe en la calle y le mira el poto a las minas.” Complicado. Por eso tampoco me quiero meter en eso. La cabecita no me da para tanto.

Siempre has sido crítico tanto con la derecha como con la izquierda. Disparas para todos lados.
-No, no. Ese es el personaje de Yerko que ha tenido una popularidad, donde para algunos soy el bufón de Luksic y para otros el hueón que quiere ser de izquierda pero gana millones de pesos en el canal de Luksic. Un burgués de mierda.
Pero la confusión es pa los otros.

¿Y esa confusión que te genera?
-Nada. Me divierte. La otra vez hasta Checho Hirane decía que yo era anarquista, poh. Pero la gente es libre de opinar respecto a mi trabajo o a lo que ven de mí. Yo siempre cuando puedo me voy a meter a Quinta Normal, a los mismos lugares que he ido desde niño, voy al cerro y me siento durante horas. Eso me importa más.

¿A qué vas?
-A leer. Me gusta ir a la cancha Catamarca, a ver los partidos del Obispo Villarroel con Yerba Seca, a saludar la gente. O al cementerio a ver a mi abueli. Ahí se me cargan las pilas. Por eso entiendo un poco al pueblo mapuche, porque soy muy de repetir el día, siempre vuelvo al lugar del delito, a mi tierra, a caminar por las mismas calles.

¿Por qué vuelves?
-Soy un nostálgico, pero no es un ejercicio para no olvidar ni planeado. Hay gente que no lo entiende mucho. Yo creo que es mi personalidad. Entonces, puedo ir a sentarme en la casa donde me crió mi abuela y me siento donde ella se sentaba debajo del parrón. Y mi pareja me va a decir vámonos. “Vayanse ustedes, yo estoy feliz aquí”. “Pero se fueron todos”. “No importa, quiero ver la uva, o el parrón de atrás, oh, qué rico, mira el vientecito como corre aquí…”.

Una actitud muy de tatita…
-Yo creo que tengo un alma media vieja. Y por eso me llamó la atención la obra, porque mi personaje parte diciendo “lo que les voy a contar no sé si es sueño o realidad, pero la hueá pasaba en el pasado, en una película, no sé, paisajes, bosques, ríos tormentosos, gente viviendo en buena onda, peleando de repente, pero en buena onda, hasta que llegaron estos hueones”. Y eso pasa cuando uno va al sur. La otra vez fui a Puyehue y di un paseo a caballo por el cerro. Y decía qué loco es estar en este paraíso y de repente sentir que detrás de esas montañas van a aparecer unos hueones haciendo cagar todo. Es imposible no empatizar con esa historia vista así. Por eso siempre vuelvo a los lugares porque ahí está mi abuela, la música, Víctor Jara, el canto, el vino. Salvador Gutiérrez con Neptuno. Ese era el territorio, la comarca, desde donde salíamos a caminar pal cerro Renca o íbamos a sacar pencas o paseábamos en el Noviciado.

De ahí saltaste al teatro…
-Sí, porque no me alcanzó para Derecho. En cuarta opción tenía a Teatro en la Chile. Fui a dar las pruebas y solo habían 16 vacantes de 160 preseleccionados. Esa semana fue muy angustiosa, porque di una entrevista, tuve que hacer mil cosas, imitaciones, gracias, bailar cosas rítmicas, y después vi a mis compañeros que tenían mi edad, 17 o 18 años, muy vestidos de artistas, muy engrupidos, que venían llegando del exilio algunos y habían visto el mundo. Te hablaban del Louvre, del Reina Sofía…Mi prejuicio fue no voy a quedar, me van a discriminar, pero quedé.

¿Habías actuado antes?
-Sí, al lado de mis primos yo siempre era el que salía a bailar, a recitar una poesía, me paraba arriba de una mesa. No tenía ningún cuento con eso. Y quería estudiar Derecho, obviamente, porque estaba en un curso humanista, en el Liceo Cervantes, y con mis compañeros hablábamos de política, de derechos humanos, del caso Degollados, de personas quemadas vivas, de muertes, de injusticias. Y, como era memorión, pensaba que me aprendería todos los códigos y como tenía la causa, la consecuencia, los defendería. Pero no me alcanzó el puntaje. Y así es que ahora, como actor, trato de hacerle el empeño de filtrarme como agua, como humo, meterme por acá, dar vuelta un chiste para que parezca otro, y si se confunden ya, chucha, no soy Woody Allen, no puedo hacer más, compadre, no me da la cabeza pa contar chistes de poto y teta. De repente, igual hay que alargar la cazuela con unas papas que terminan siendo re malas.

¿Si?
-Sí, porque es un canal. Tenís que ir jugando. Esa negociación es agotadora, pero a veces uno siente que metís tus goles, aunque ellos también te meten los suyos.

LA MONGA

Metiste el medio gol con el chiste de La Monga.
-Claro. Ellos mismos pisaron el palito ahí.

Cecilia Pérez terminó dando jugo con el tema.
-Cuando pidió indemnización se le cayó un poco el cuento. La gente empezó a reírse. Y pasó de ser una ofensa a una mujer al tema de las peticiones. Y nos agarramos de eso: “Te fuiste al chancho, tómate un armonyl, ni en Venezuela, hueón, ni en tiempos de Pinochet nos cerraron el canal…”. Después quería que yo le pidiera disculpas y pa qué si no soy Bigote Arrocet cantándole al general en el festival de Viña. No tengo por qué. En todo caso, fue un tema que se nos fue de las manos, se armó tremendo escándalo. Teníamos a todos los matinales informando desde el Consejo Nacional de Televisión y tú no puedes ir al CNTV a reunirte con el director, nadie hace eso, tú le mandai una carta y te responden. Pero dieron conferencia de prensa, sospechosamente la misma semana del fideicomiso ciego, sordo y mudo de Piñera, de que no mostraba los correos y de infinidad de temas de Corpbanc y no sé que mierda más….Yo encuentro que fue como un cometa Halley diseñado por Hinzpeter, ja, ja. Por no echarle la culpa a Francisco Javier Cuadra. Le pusieron cualquier color.

Dices que uno tiene que hacer sus negociaciones, ¿has tenido que negociar con el dueño del canal?
-¿Atracar con Luksic? No. ¿Saludarlo de la mano? Sí. ja, ja, ja. En realidad, nunca he estado con él, no lo conozco ni hemos hablado por teléfono.

¿Le compras su faceta de tuitero?
-Es que no si él lo hace pa que le crean, aunque tener tuíter es pa que te crean, no sé cuáles serán sus intenciones. Ahora, yo creo que él también entiende que su imagen genera anticuerpos, lo han apedreado en tribunales, por el tema del agua en el norte, por Alto Maipo…

Yerko Puchento no lo huevea tanto…
-O sea, como dueño del canal, antes le decíamos papito y todo el cuento.

¿Podrían igual huevearlo en mala?
-Sí, se podría huevear en mala, pero hay que transarlo. Pero eso no lo hago yo, sino que el libretista.

¿Te reirías de la Loreto Aravena que está pololeando con el hijo de Luksic?
-Obvio. Es una noticia de pololeo, como el de Alexis Sánchez con la Maite, y se pueden hacer juegos ahí. Sería fantástico que viniera la boda, porque obviamente este país le daría mucha rimbombancia a eso.

¿Te pones límites?
-No, pero a veces hay cosas que me avergüenzan.

¿Cómo qué?
-Como salir en colalés mostrando mi guata horrenda, claro que me avergüenza. Uno dice al menos avísame seis meses antes pa ir al gimnasio, ja, ja, ja… pero no, al final me da lo mismo y me da risa. O sea, cuando me pongo el vestido de la Bolocco y estoy que lo reviento con la guata, obvio que me va a dar risa. Con en el tema Monga, por ejemplo, yo, Daniel, no hubiese apagado el fuego con bencina como lo apagamos. Era súper riesgoso. Porque está el tema de la mujer, del Niunamenos, de que no hay que discriminar por apariencia. Es un tema súper difícil, aceitoso, pero como se había dado el juego, si dábamos el brazo a torcer, perdíamos el gallito mediático y el personaje también guateaba. Yo creo que el personaje actuó como desesperado, como cuando Robert De Niro aplastó las balas y sacó el cuchillo que tenía en la bota nomás, y si nos va bien, nos va bien, y i wanna rock, loco, vamos poh, de Monga.

Arriesgado. La gente anda más sensible con algunos chistes. Es cosa de leer tuíter.
-Sí, pero en la vida real no es tan así. La gente no anda sensible, es cosa de ver whatsapp. El chiste del negro del whatsapp se hizo famoso en Chile. Los chilenos son más racistas que la chucha. Uno ve un negro y lo único que pensai es que el negro se va a estirar como el chiste del whatsapp. Y los chat de amigos son porno porno, culo en el culo, burro con burro, ano con ano… a un gato se lo está…. nooooo, una huevá que decís esto no es chistoso, es macabro.

Obvio…
-Y la gente en vivo y en directo es otra cosa. Por decirte un chiste macabro: “¿usted sabe por qué se inventó el chocolate blanco? pa que los negros no se coman los dedos”. La gente se va a cagar de la risa igual, pero después va a escribir en tuíter “qué feo lo que Daniel Alcaíno dijo, cómo no es capaz de ser más creativo, hay tantos temas y festina con eso”.

¿Siempre hay que tener cuidado?
-No. Es complicado como humorista. Hay límites, claro: no cagar en el escenario, no mear, ja, ja. No nos gusta eso de los límites y jugamos con esos límites. Si no resultara, me gritarían chao, fea la actitud, pah, pero se cagan de la risa. Hay una efervescencia con el personaje, la gente lo espera, sobre todo cuando aparece diciendo “y va a quedar la cagá”, es una amenaza, un cierto peligro, juega con eso. Es un personaje que va a mil. Me siento como con una metralleta de cuatro cañones. Actúo sobre seguro. Yerko es un desahogo: “¡Cinco millones de gendarmería paren la hueá!. Ni la mesada que le da Tonka a Parived es tan grande”. Hay material todos los días. Si se enoja Caniulef, salimos de Caniulef. Nos hemos reído hasta de la presidenta, del hijo de la presidenta, poh. Nos da mucha lata cuando hay otros que, bajo las banderas de las minorías, quieren ser tratadas como mayorías, pero manteniendo los beneficios de las minorías. Entonces, ríamos de los guatones, pero no de los gay. Ríamonos de los políticos, pero no de los mapuche. Si un mapuche la caga, y sale un vocero y dice una barbaridad, nos vamos a cagar de la risa también.

Antes tenías un límite. Decías que no te reirías de Bolivia, por ejemplo.
-Sí, de Bolivia y su petición, que encuentro justa porque yo le daría salida al mar. Pero el personaje Evo Morales, que yo mismo fui a saludar y le di la mano en el Estadio Nacional cuando vino por primera vez, hoy día es un tarado. Es como un Maduro, hueones que pasan a ser como dibujos animados de ellos mismos y se transforman en el vecino que huevea por todo y ya, andá, Pato Yañez.

¿Qué te parece el humor feminista?
-No lo cacho. Es que no consumo humor. Soy bien triste igual pa mis cosas. Más melancólico, otra onda. Yo creo que el López, el libretista, me sube bastante. A veces me ha dicho “oye, hueón, si tú tirai tu discurso así frío, erís insoportable, compadre”.

NOCHE MAPUCHE
Compañía: La pieza oscura
Dirección y dramaturgia: Marcelo Leonart
Elenco: Daniel Alcaíno, Nona Fernández, Roxana Naranjo, Pablo Schwarz, Caro Quito, Felipe Zepeda .
Del 30 de septiembre al 28 de octubre. Miércoles a sábado, 20.30 hrs, GAM. $6.000 preventa Gral y $3.000 mil preventa estudiantes y tercera edad.