El brasileño Robinho arribó al Real Madrid a los 21 años en 2005. Provenía del Santos. Del equipo de Pelé. Ahí, en la capital española, jugaría con Zidane, Ronaldo, Roberto Carlos, Beckman. Iba a ser una de la estrellas de aquella pléyade de jugadores. Los galácticos, les decían.

Pero la cosa no fue tan así. No hubo grandes logros de los galácticos. Comenzaron a decepcionar. Igual Robinho ganaría dos ligas antes de partir a Inglaterra para luego volver a Brasil y finalmente regresar a Europa. Al Milan.

En total, Robinho, quien hoy juega en el Atlético Mineiro, exhibe siete títulos en clubes de ese periodo. No es poco, pero pudieron ser más.

“Yo era joven, tenía una personalidad diferente. Me faltaba madurez y la capacidad de parar, pensar con una mente clara y considerar las consecuencias antes de tomar decisiones”, revela ahora el jugador de 33 años en una conversación con Daily Mail.

Robinho tenía fama de fiestero. Como muchos jugadores brasileños. “Me gustó Manchester, el club, los restaurantes… pero no nos olvidemos de las discotecas. Yo tenía fama de fiestero. Y sí, me gustaba divertirme. ¡Pero los ingleses salían más que los brasileños! Joe Hart salía siempre; Micah Richards y Shaun Wright-Phillips lo mismo. Pero cuando salíamos los brasileños siempre nos pillaban”, revela.

Siempre sobre El City, el delantero cuenta que “hablé un par de veces con el dueño. Me dijo que iba a hacer un gran trabajo para fichar a Kaká y Messi. Kaká estuvo cerca, pero Messi… Era inalcanzable para ellos, pero yo creía en el proyecto. El jeque tenía la ambición de formar el mejor equipo del mundo y mírales ahora. Tienen al mejor entrenador del mundo, que es Pep Guardiola y pueden jugar cara a cara contra cualquiera”.

De su paso por el Milan, donde estuvo cuatro años, fue campeón y compartió camarín con Zlatan Ibrahimovic, relata: “Zlatan solía decir que él convenció a la directiva del Milán para que me ficharan: ‘Estás aquí por mí’. ¿Es arrogante? Sí, pero en un buen sentido. Es sólo confianza y confianza en su talento. Para mí, es todo lo que un delantero debería ser: un showman y un ganador. En un entrenamiento le dio por retar a Gattuso a una pelea de jiu-jitsu. Ahí tenías a este feroz defensor haciendo artes marciales contra Zlatan, que es cinturón negro. ¿Quién ganó? Zlatan siempre gana”.