El escritor austríaco Stefan Zweig ha sido tan querido por los lectores como desdeñado por los filólogos. Ahora, por primera vez -75 años después de su muerte- una edición crítica revisa una obra cuya denuncia de la tiranía es tan actual como cuando la escribió.

Pacifista en tiempo de guerras mundiales, cosmopolita frente a la cerrazón fascista y europeísta en medio de una marea nacionalista, la obra de Zweig (1881-1942) recoge sus ideales humanistas y la memoria de una cultura judía arrasada en Centroeuropa por los nazis.

La editorial austríaca Zsolnay y el Centro Stefan Zweig de Salzburgo han presentado recientemente el primero de los siete volúmenes de una edición crítica de sus ficciones completas, con la intención de publicar un nuevo tomo cada año.

La obra de Zweig se ha traducido a unos sesenta idiomas, en vida ya fue un escritor de fama mundial, sobre todo, por sus novelas cortas y ensayos sobre personajes históricos y literarios.

El título que ha inaugurado esta edición crítica es “Momentos estelares de la Humanidad”, un conjunto de “miniaturas históricas” que se publicó en 1927 y supuso su primer gran éxito.

Aunque parezca sorprendente, nunca se hizo un estudio filológico para ordenar sus textos, pulirlos siguiendo sus interminables correcciones ni investigar a fondo su génesis.

Para Werner Michler, uno de los filólogos encargados de esta edición, ciertos prejuicios llevaron a considerar a Zweig un novelista popular pero no literario, autor de textos de divulgación cultural que no merecían el interés ni el tiempo de los germanistas.

Hubo también “envidias” de algunos autores del exilio alemán y austríaco por el éxito de Zweig, y a eso se unieron las críticas cuando se suicidó junto a su mujer Lotte en Petrópolis (Brasil) al creer que toda Europa caería en manos de los nazis.

“Su suicidio en el exilio en 1942 perjudicó a su obra porque parte de los autores en lengua alemana lo consideraron un acto de derrotismo”, explica Michler.

El novelista Thomas Mann o la filósofa Hannah Arendt criticaron que se quitara la vida siendo un referente para muchos lectores y consideraron su pacifismo una ingenuidad frente al nazismo.

Liberada su obra de la losa de ser considerada literatura menor y del debate sobre su suicidio, esta edición se pudo hacer porque los derechos de su obra quedaron libres a los 70 años de su muerte.

En este primer volumen, lo que más destaca a simple vista respecto a otras ediciones es el orden de los capítulos.

Estas 14 miniaturas sobre instantes que cambiaron la Historia aparece en muchas ediciones en orden cronológico, desde la más antigua, dedicada al orador romano Ciceron, hasta las más cercanas.

Sin embargo, en esta nueva edición los capítulos se ordenan según los fue escribiendo Zweig, ya que estas miniaturas no tenían ningún afán de unidad -muchas se publicaron antes en prensa- ni pretendían ofrecer una visión de la Historia.

Al elegir este orden, con el primer capítulo dedicado a la derrota de Napoleón en Waterloo, se aprecia la evolución de sus ideas, desde un cierto patriotismo en sus escritos antes de la Primera Guerra Mundial, hasta sus posiciones abiertamente críticas con el nacionalismo después de la contienda.

“Hemos antepuesto el criterio filológico al histórico”, resume Michler la decisión.

Lo que sigue inalterable en esta edición es la capacidad de seducción de Zweig, un maestro de la descripción psicológica que sentía predilección por los perdedores de la Historia.

“Sus grandes características son su capacidad de análisis psicológico, el suspense que crea, la construcción dramática de la obra y, por supuesto, su defensa de los perdedores, no de los héroes o los vencedores de la historia”, explica a Efe el escritor Klemens Renoldner, director del Centro Stefan Zweig.

El mariscal francés Grouchy, cuya indecisión causó la derrota de Napoléon en Waterloo, o el británico Robert Scott, que murió de frío tras perder la carrera por conquistar el Polo Sur, son dos de esos perdedores a los que homenajeó.

¿Y por qué Zweig sigue siendo tan leído y admirado tanto tiempo después? Renoldner considera que los grandes temas de sus obras son ahora más actuales que nunca.

“Ahora existen muchos paralelismos con su época del exilio. Zweig fue un refugiado. Siempre criticó con claridad el nacionalismo y era un gran europeísta”, expone.

En esta edición se puede apreciar cómo Zweig se identifica cada vez más con los personajes sobre los que escribe, y no es casualidad que una de sus últimas “miniaturas” la escribiera en 1939, en pleno nazismo, sobre la muerte de Marco Tulio Cicerón.

“Ciceron -cuenta Zweig- fue el primer humanista aplastado por una dictadura. Es uno de los nuestros”.