Pasado el mediodía de este viernes, el juez Mario Carroza remecía a la prensa nacional y rompía los somnolientos días de febrero al confirmar la detención en París del ex frentista Ricardo Palma Salamanca, acusado como autor del asesinato del ex senador UDI, Jaime Guzmán, a poco del regreso a la democracia en nuestro país.

“Yo creo que el Negro debe estar cansado”, cuenta a The Clinic el fundador y gerente espiritual del bar Liguria, Marcelo Cicali, tras digerir la captura de quien fuera su amigo de juventud y compañero de varias marchas en época de la dictadura del tirano.

“El mundo cambió. Y nosotros lamentablemente también”, afirma el empresario gastronómico, al mismo tiempo que reflexiona que “lo de Guzmán fue un tremendo error político y militar. Él, a pesar de todo, era un civil”.

En ese sentido, Cicali recuerda que los “secuestros y asesinatos de civiles no eran el proceder del Frente histórico”.

Amistad con el “Negro”

“Lo conocí el 84 en la ‘Jota’, en algo que se llamaban unidades de combate. Algo así como las Juventudes del Frente. Éramos muy amigos. Éramos secundarios. Yo Manuel de Salas, él del Latino”, recuerda el fundador del Liguria, al mismo tiempo que asegura con fuerza que “en mi generación, en la lucha contra los ‘chanchos’, el Negro era el mejor”.

En aquella época de juventud, asegura Cicali, “el Negro cantaba Pink Floyd entremedio de las barricadas y si te agarraban los pacos, el Negro se devolvía a salvarte”. “Los Rodriguistas son ante todo intrépidos”, se apura en recordar.

Entre sus pensamientos surge un recuerdo que comparte con este pasquín: “La primera vez que hicimos algo fue escoltar el féretro de Matilde Urrutia en su funeral. Creo que fue en enero del 85. Con una bandera del PC. Después del plebiscito todo se volvió raro”.

Otra anécdota que recoge fue que “una vez nos agarraron los pacos fumando yerba en Ramón Cruz con Irarrazabal. Pasamos la noche en cana. Al día siguiente nos juntamos a hablar de que na’ que ver que nos agarraran los pacos fumando yerba. Nos sentamos en Pedro de Valdivia con Simón Bolívar en la calle. El Negro se cagó de la risa y sacó un pito. Lo fumamos. Era domingo. Terminamos de fumar. Empezó el terremoto del 85”.

En esa línea sostiene que “la transición del 89 al 94 fue muy dura para una izquierda que fue derrotada y marginada, sobre todo por otra izquierda que fue vencedora y acaparó gran parte del estado para engordar”.

Al ser consultado por la relación que pudo mantener con Palma Salamanca con el paso del tiempo, detalla que “la última vez que lo vi fue en la Cárcel de San Miguel, antes de que lo trasladaran a la Cárcel de Alta Seguridad (CAS). Cuando fue lo del helicóptero sentí una felicidad inmensa”.

“Al Negro no lo veo desde el 95 o 96. Nadie ha estado con él. Yo supongo. Nadie ha tenido contacto con él en estos 25 años supongo”, cierra.