La vida de los grandes ejecutivos es paradojal. A algunos los nombran ministros con conflictos de interés y a otros los ascienden por cada desastre que dejan. Es una vida dura, propia de los círculos de poder. Los dilemas de ellos son del siguiente tipo: “¿me despedirán por haber puesto en riesgo a la compañía en un desenfrenado carrete que generó una crisis nacional o me darán un bono de desempeño millonario, como cada año, aunque lo haya hecho tan mediocre o más que siempre? La respuesta es simple. Al igual que el código civil evita que los millonarios vayan presos, los directorios impiden que sus ejecutivos sean despedidos y, aún más, evitan que les quiten un bono. Un gerente molesto produce malos momentos. Y si además el Gerente General y el Presidente de la compañía son amigos, bueno, ya sabemos; y si además son una trenza de ejecutivos que se protegen, no habrá mucho que hacer. Por eso debe ser que al llamado “lobo de Sanhattan”, el señor Eduardo Vildósola, le dieron un premio por su horroroso año 2017. Debe ser por eso que le entregaron un premio de más de doscientos millones por los favores concedidos.
El año pasado fue un año movido en AFP Capital. Al ritmo de insinuantes melodías festivas se celebró en el Caribe una fiesta que costó entre $100 y $200 millones de pesos de nuestras cotizaciones, donde el Gerente General Eduardo Vildósola, supuesto adalid del ahorro y la inversión, dilapidó personalmente ese dinero con sus mejores funcionarios de ventas, oficiando literalmente de rey de la fiesta. La selección de los premiados con el viaje no parece haber sido demasiado prolija, porque poco después a algunos de los premiados los despidieron de la compañía. Es decir, un mensaje incomprensible: te llevan al Caribe por buen vendedor, te despiden por incompetente al regreso. Los videos de la fiesta tuvieron cerca de un millón de visualizaciones en las redes sociales y aparecieron en todos los canales, haciendo furor en noticieros y matinales. Vildósola se hizo famoso. Dicen que en la Universidad de los Andes, donde hace clases, fue recibido como una celebridad. Su magnífico estado físico fue conocido por todo Chile y su espíritu juerguista ha de haber sorprendido en el Opus Dei, congregación a la que se honra en pertenecer, donde la distancia objetiva entre el cilicio mortificatorio y el tema de Danny Ocean “Me rehuso”, bailado competentemente por el gerente en un yate sobre aguas cálidas y recibiendo alcohol desde una botella sostenido por un hombre travestido, causaron objetiva extrañeza y más de alguna oración sobre el destino de su alma.

En semanas recientes, la cuenta corriente de Eduardo Vildósola recibió $215 millones de pesos como bono de desempeño por su gestión en el año 2017. Es extraño. Muchos suponían en la industria que en AFP Capital lo despedirían luego del escándalo en el Caribe, que situaba a la compañía en un estilo “Lobo de Wall Street”, en vez de parecer una empresa que desde metódicos análisis econométricos logra invertir del mejor modo el dinero de los trabajadores de Chile. La crisis reputacional que generó Vildósola al aprobar la fiesta y, para colmo, asistir a ella; fue gigante. Y en la mesa de la Asociación de AFP muchos no esconden su malestar con un error no forzado que recordaba las declaraciones de José Piñera en agosto del año anterior. Vildósola parecía tener sus días contados. Pero no lo castigaron. En vez de eso, lo premiaron. Y aunque Juan Carlos Jobet, superior jerárquico de Vildósola, dijo en su momento, durante el año pasado, que en esa situación la compañía no había estado a la altura; no es menos cierto que en ese mismo instante lo defendió completamente: dijo que no era un error personal, que era una crisis que reflejaba los problemas de una cultura equivocada sobre cómo proceder y que esa forma de gestión nada perjudicaba a nuestros fondos de pensiones. Añadió tempranamente que no lo despedirían. La razón que esgrimió es muy del estilo del piñerismo (del que fue ministro): Vildósola no sería despedido porque no había cometido delito. El año pasado fueron despedidos alrededor de 100 trabajadores en AFP Capital. Sería bueno que la empresa aclarara, pero aun cuando no he logrado arribar a esos antecedentes, me cuesta creer que todos ellos hayan cometido delitos.
La preservación del cargo por parte de Vildósola generó extrañeza en el sistema financiero en su totalidad. Y eso que no es un sistema muy exigente con sus ejecutivos. Pero es que se consideraba un acto mínimo la retirada silenciosa de Vildósola, que había emporcado todo el sistema con la falta de tino de su visita al Caribe en una fiesta de la empresa. En medio de la crisis de legitimidad del sistema de pensiones en Chile, el error de Vildósola era visto como una tragedia. Pero Jobet (Presidente de AFP Capital) no solo no lo despidió, sino que fue más allá. Y en medio de la evaluación de la pertinencia de los bonos para sus ejecutivos, tomó la decisión que sus altos funcionarios sí merecían una bonificación importante por las labores realizadas en 2017, no obstante el error cometido y haber dejado con sus decisiones en vilo a su empresa y al sistema. Y decidió además que Vildósola no debía ser excluido de esa bonificación. Y fue así como al gerente general se le pagó un excedente de $215 millones de pesos por su espantosa gestión, en un año donde después de su fiesta los vendedores prácticamente no podían conseguir nuevos clientes y en un año donde los cotizantes no pudieron disfrutar de la misma suerte que la compañía y menos gozaron de la suerte de Vildósola.

La rentabilidad de los fondos de pensiones administrados por AFP Capital fue, desde el fondo A al fondo E, inferior a la rentabilidad de la compañía. De hecho, los dos fondos más conservadores, D y E, tuvieron un rendimiento espantoso el último año, con rentas de 3% y 1,2% respectivamente. Ese rendimiento da una utilidad falsa, porque si consideramos que la AFP Capital cobra una comisión carísima (que nunca se calcula como factor para medir la rentabilidad de los fondos), la verdad es que los cotizantes de AFP Capital, entre el dinero que le descontaron de su sueldo en 2017 y el que terminaron por tener en el fondo, la verdad es que perdieron dinero. Pero esto es peor si pensamos que prácticamente cualquier inversión que los cotizantes de AFP Capital hicieran con su dinero, sin importar lo conservadora que fuera, sería mejor que ese vergonzoso rendimiento. Pero a Vildósola lo premian. Ha hecho una gran gestión: dejó peor al sistema en su totalidad, afectó su compañía y perjudicó a sus cotizantes. Alto rendimiento le llaman. Claudio Bravo pedía que le sacaran un entrenador de arqueros por gordo. Pero en AFP Capital son más compasivos: un imprudente puede llegar a gerente general y conservar su cargo con
Vildósola puede darse a las fiestas de alto nivel estilo Lobo de Wall Street, pero evidentemente la rentabilidad de sus inversiones es infinitamente más modesta. Su genialidad no está en las inversiones, al menos no en las de AFP Capital. Lo que sí sabemos es que el hombre no se pierde: las fiestas las pagamos los cotizantes, los bonos van a su bolsillo.

Aquí el comentado video del carrete: