La despolitización orquestada en el pacto de la transición propició tres décadas de saqueo institucional. Por una parte, las cúpulas de los partidos políticos crearon su paraíso en la tierra; la política sin el pueblo. Utilizaron el aparataje público como bolsas de empleos para intercambiar favores. En tanto los empresarios, dentro y fuera del congreso profundizaron el modelo económico que mercantiliza derechos sociales y trata a las personas como empresas que compiten entre sí.

Así, mientras nos alejábamos de los asuntos políticos, tanto mejor para ellos; la casta político/empresarial que se forró vendiendo la Patria y desmantelando sistemáticamente el Estado.

Edgardo Boeninger, ministro de Aylwin e ideólogo de la transición, sostiene que una de las claves del éxito transicional, fue mantener bajo control las movilizaciones sociales. Orgulloso, afirma que neutralizaron los conflictos mediante sus relaciones de militancia partidista con dirigentes gremiales. (Boeninger, 2014: 500). Esto en medio de privatizaciones de empresas del Estado, (Enacar, Empresa Portuaria, Ferrocarriles).

Boeninger, va más allá y se adelanta como menos tres décadas a su época bajando las cortinas de la transición en mayo de 1991. (Boeninger, 2014: 487).

La descomposición del antiguo régimen hede desde el ex palacio de gobierno, hoy, corazón del mundo empresarial. El sistema neoliberal implementado con bala dictatorial se consolidó en los gobiernos del pacto que administraron la miseria. Bajo la promesa de “progreso” condenaron al endeudamiento -el nuevo rostro de la precariedad social- a las capas bajas de la sociedad.

En este ciclo político post dictatorial, los derechos fundamentales para el desarrollo de la vida humana se abrieron al mercado como objetos de intercambio en la transacción de bienes y servicios. Así, gozan de salud, vivienda, jubilación y educación digna, tan sólo quienes pueden pagar al contado o en cuotas. El modelo les quedó perfecto, cual Mercedes Benz, toda vez que la bencina son los pulmones del pueblo.  

Repoliticemos para recuperar la dignidad

La única fórmula eficiente para romper las cadenas de la anomia societal, -esa nociva idea de libertad en el metro cuadrado que rompe los circuitos del tejido social-,  es que la sociedad civil recupere el poder.

El recorrido de las ideas no acaba en el congreso de la República ni en las instituciones del Estado. Ellas se respiran en poblaciones, liceos, sindicatos, universidades y los múltiples espacios de organización colectiva.

Las transformaciones sociales ocurrirán cuando el sistema político sea impactado por las necesidades del Chile que más necesita de la política; las mujeres precarizadas, los endeudados, las que no pueden decidir sobre su cuerpo, las familias que viven hacinadas, los que compran la canasta mensual en cuotas, las criminalizados por raza,
etnia o barrio; Nuestro país cambiará cuando en lugar de legislar para las familias de las páginas sociales de El Mercurio, se haga en favor de las personas comunes de nuestro país.

Las fuerzas transformadoras de izquierdas deben socavar las estructuras que sostienen el antiguo régimen desde sus bases culturales e ideológicas. Sólo de ese modo se logrará cambiar el sentido el común que hoy está en manos de las derechas.

El avance táctico en la disputa hegemónica inicia con la recuperación del diccionario. El campo de batalla se libra en el terreno cultural. La casta capturó el significado de las palabras y se tomaron los medios de comunicación. Hoy, por dar tres ejemplos, democracia significa sólo votar cada cuatro años; seguridad significa tapizar las calles con carabineros y progreso significa capacidad de endeudamiento.

La senda de la repolitización en el nuevo ciclo político inició en Pedro Aguirre Cerda y se continúa en otros territorios frenteamplistas de la República. Militantes de Revolución Democrática marcaron el punto de la recuperación del poder popular, superando el eje clientelar/electoral de la política. Luego de un diagnóstico co-
construido con la comunidad, se construyó el Primer Ciclo Abierto de Formación Política Popular realizado en la plaza de la Población Dávila. Sus jornadas han generado conciencia crítica respecto del rol de las instituciones, la precarización laboral de mujeres y la sindicalización. Más de 100 pobladores han participado de estas jornadas de análisis y discusión política.

Esta recuperación del sentido político resquebraja las lógicas tradicionales del poder (pensado en pequeños espacios para privilegiados) y lo difumina –en voz de Foucault-situándolo en nuestro entorno, ejerciéndolo desde las entrañas del pueblo, en ferias, plazas y poblaciones.

La formación política popular con arraigo periférico, provincial y regional es esencial en la generación de conciencias y construcción del nuevo sujeto político colectivo. Su objetivo central es la búsqueda incansable del bien común.

Esto implica redefinir las actuales fórmulas del Estado, el Mercado y la Sociedad, y avanzar hacia una ecuación adecuada que ponga en el centro de la ocupación política la dignidad de los pueblos.

* Politólogo y Consejero Político Nacional de Revolución Democrática.