Vamos a partir con lo mismo que preguntamos a Branislav Marelic: ¿Hubo un golpe blanco en el INDH?
-No, lo desmiento rotundamente. El Consejo, de acuerdo a la ley, es el órgano máximo de autoridad en el Instituto. Dentro de los 11 consejeros se elige un director o directora para que administre la institución y sea el vocero del Consejo, pero la autoridad nacional de DD.HH. es el Consejo. Y Marelic sigue siendo miembro de éste. Un golpe es cuando tú cambias la autoridad.

Pero Marelic ya no es el director…
-No está de director, estoy yo, pero yo no soy la autoridad nacional de DD.HH., la autoridad nacional es el Consejo. Este país no tiene “defensor del pueblo” y ese es el gran desafío de tener esta institucionalidad donde hay 11 personas, un grupo plural, que viene de distintas vertientes políticas e ideológicas, de distintas trayectorias, que en el fondo son la autoridad.

¿Fue adecuado el mecanismo de salida del exdirector?
-Se aplicaron los instrumentos que tiene el Consejo, de acuerdo a la ley, al estatuto y el reglamento. Yo no soy abogada, pero lo que se señala es que el director puede ser destituido de su cargo, en una sesión extraordinaria convocada especialmente para eso y por razones fundadas.

¿Por qué, entonces, la Corte de Apelaciones estimó que la remoción fue “ilegal y arbitraria”?
-Porque lo que pide la Corte de Apelaciones es la existencia de un sumario para que él se pueda defender, pero este no es un proceso sancionatorio. Se trata de una remoción, pero no del cargo de consejero, que es la autoridad. Por lo tanto, no correspondía hacer sumario porque la autoridad máxima es el Consejo. En ese espacio somos todos iguales, no hay superior jerárquico. Y para instruir sumario tiene que instruirlo el superior jerárquico, que aquí no existe.

Si no se hizo sumario, ¿tampoco hubo un informe de estudio respecto a las supuestas irregularidades?
-No, tampoco. La verdad es que eso tuvo que ver con la falta de transparencia en la entrega de información al Consejo.

Pero si no hay informe, ni sumario ¿cuáles son las evidencias para la destitución?
-Una de las cosas que al principio noté fueron los errores en la gestión, en la presentación del presupuesto. Él hizo entrega de un primer informe cuatrimestral de gestión, y luego el segundo informe cuatrimestral, que son informes gorditos, tiene las dos primeras páginas distintas, y el resto era exactamente igual. Copiado. Hubo ocultamiento de cómo se estaba ejecutando el presupuesto. Se desconoció la autoridad del órgano superior y eso se lo hicimos notar en muchas reuniones. Las discusiones fueron fuertes. La verdad es que hay muchas cosas que no quedan en actas…

Pero si tampoco aparecen en actas, se trata más bien de interpretaciones sobre la gestión.
-Cuando nosotros hicimos la sesión de remoción del director, eso sí está en actas, fundamentamos nuestra acción. Por ejemplo, el exdirector hizo una presentación ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas sin informar al Consejo del Instituto. En otra sesión, él propuso que un consejero fuese a Honduras, se le dijo que no, porque el Instituto no tiene potestad fuera de los límites del país, pero lo hizo de todos modos. Me cuesta calificar personas, él puede ser un buen abogado defensor de DD.HH., pero es un muy mal administrador.

¿Hubo despilfarro de recursos?
-Cuando ves que en un programa hay un 18% de ejecución de presupuesto, y que el resto se ha gastado en cosas superfluas como zapatillas y parcas para los funcionarios, además de 40 millones de pesos en pendrives. Él no ejecutó el presupuesto adecuadamente y no informó al Consejo de acuerdo al desarrollo de la ejecución presupuestaria.

En la sesión del consejo donde fue destituido Marelic, uno de los miembros dijo que no iba a apoyar una destitución basada en “tres argumentos anotados en un pedacito de papel”. Luego de la decisión de la Corte adjuntaron más antecedentes, ¿por qué no lo hicieron antes?
-Nosotros teníamos algunos antecedentes. Por ejemplo, en el informe del Sename, yo intuía que se había gastado más de lo que el Consejo había aprobado.

¿Cuánto se gastó en ese informe?
-El director no quiso licitarlo. Dijo que se aprobó un estudio por 90 millones, que terminó costando más de 220 millones. Pero al momento de la destitución se contaba sólo con algunos antecedentes y con los titulares de otros. Lo que pasa es que ahora pudimos acceder a los recibos y facturas. Uno siempre parte del principio de buena fe. El problema es cuando empezamos a recabar la información no tuvimos la posibilidad de ingresar al Instituto y ver qué es lo que estaba pasando.

¿Reconoces que hubo ingenuidad en el orden de las acciones tomadas?
-Puede que, a juicio público, haya existido desprolijidad. Pero lo hicimos de la mejor forma que el acceso a la información nos permitió. Ahora, respecto de la defensa y del debido proceso, esto no fue un juicio, fue algo entre pares que le dice a uno “ya, tú hazte cargo de la administración” y, cuando te das cuenta que lo hizo mal, “¿sabís qué? no sigas, seguirá otro”. No es dramático. O no debiera serlo.

Marelic dijo que cuando asumió hubo un grupo, que te incluía a tí, que le quitó la “sal y el agua”. O sea, que le hicieron la guerra.
-Cuatro de once en el consejo no es mayoría.


Sename

¿El conflicto que generó el informe sobre el Sename fue la gota que rebasó el vaso?
-La misión de Sename se hizo a partir de una exposición que hice sobre la situación de los niños en Chile. Yo llevo 30 años siendo defensora de DD.HH. de niños, niñas y adolescentes. Tengo experiencia aquí y en ámbitos internacionales, esa mi mayor fortaleza en términos de conocimiento. Dicho eso, tuve serias críticas al informe de Sename.

La crítica que hizo Marelic es que no querías profundizar en el tema y que proponías hacer un informe más liviano.
-Eso es falso, no es verdad. Muchas cosas que dice no se ajustan a la verdad, y los datos lo comprueban. En todas las actas yo apoyé la acción que se hizo. El instituto tiene dos herramientas en el área social para proteger los DD.HH., una de ellas son las misiones de observación constituidas in situ donde levantas información y realizas las acciones de protección inmediata que se requieren. Por otro lado, y esto está en acta, propuse que licitáramos un estudio más largo y profundo a una universidad. Yo no estaba de acuerdo en contratar un grupo externo al instituto para que hiciera un estudio y que se licitara.

Lo que trascendió públicamente, sin embargo, fue lo primero: que tú eras directora de una OCA, y que no querías ahondar en una investigación más profunda.
-Sí, ese es el discurso que ha levantado el exdirector.

¿Qué piensas de eso?
-Me parece absolutamente falso. Yo fui directora de una organización no gubernamental que trabaja en el campo de derechos humanos de niños, niñas y adolescentes. La Corporación Opción no tiene residencia, que era la materia de estudio. Si hubiese tenido residencia, obviamente que me habría abstenido de opinar al respecto.

Pero es una institución que recibe dineros del Estado…
-Recibe dineros del Estado como todas las organizaciones no gubernamentales de este país.

¿No consideraste que era un elemento que podía jugarte en contra?
-Nunca lo pensé así. Cuando Opción partió, lo hizo con ayuda y cooperaciones internacionales, fondos holandeses, de Unicef, etc. Pero pronto dijimos “no puede ser que los programas de reparación a los niños tengan que pagarlo los europeos, esto tiene que ser pagado por el Estado chileno”.

¿Nadie te solicitó que te inhabilitaras?
-No, yo no tengo problemas en inhabilitarme cuando tengo intereses creados. El tema es que la experta en materias de DD.HH. en niños y niñas en el Consejo soy yo. Yo sé que hay niños que se descompensaron luego de que se les aplicara la encuesta. Eso es lo que me preocupaba a mí, que el encuestador se vaya y luego ellos entren y se corten en el baño.

¿Crees que la constitución del Consejo, de tipo binominal, genera bloques o bandos?
-A mí me gusta la idea que sea un ente plural, un órgano colegiado, porque lo hace más democrático. Pero eso no tiene que ver con la gestión. Lo que ocurrió es que los grandes temas no se llevaron a debate al Consejo o se hizo tardíamente. Hay minutas de seguimiento legislativo que nunca pasaron por nuestras manos, que fueron trabajadas por los abogados pero que quedaron guardadas en los cajones. Y estoy hablando de temas urgentes, por ejemplo, la ley antiterrorista. Y eso era responsabilidad del director.

¿Marelic guardó informes en su escritorio?
-Evidentemente. Si no, ¿cómo te explicas que el informe de función policial, que el INDH entregaba todos los años, no saliera el 2016 ni el 2017? Cuando yo asumí, di la orden de que se imprimieran inmediatamente porque habían sido aprobados por el Consejo.

¿Hubo presiones de políticos, entonces, como dijo Marelic?
-A mí me gustaría saber quién lo llamó porque a mí no me ha llamado nadie. O sea, hay debates políticos al interior del Consejo porque los DD.HH. tienen un componente político sustantivo. Él tendrá que responder por qué guardó los informes y qué políticos lo llamaron.

Machismo

¿Compartes el diagnóstico de Marelic, sobre la disputa generacional entre abogados jóvenes de DD.HH y la vieja guardia del consejo?
-No estoy para nada de acuerdo, en el Consejo hay gente de 40, 80 y 30 años, como los tiene él. Entonces, aquí no puede haber una disputa entre viejos y jóvenes. Si él cree que un defensor de DD.HH. tiene que partir siendo el director del ente autónomo… Yo partí siendo defensora de los DD.HH. a los 16 años, en la calle. La mayoría de defensores y defensoras de derechos humanos parten desarrollando esta tarea en los territorios. Otra cosa es si estás plateando posturas más personalistas en pos de tu carrera, o tus intereses de poder, de fama o lo que sea.

Problemas de ego…
-Lo que pasa es que aquí hubo una cuestión que se mezcló entre ese pensamiento de que uno lo sabe todo y las diferencias de género que aparecen al no aceptar otras visiones.

¿Crees que en el trasfondo de esta disputa también hay un tema de género?
-Yo creo que hubo un problema de género contra las cuatro consejeras.

¿Cómo se traducía esto?
-En no dejarnos hablar. A mí se me interrumpió siempre. A las otras consejeras también.

¿El director te interrumpía?
-Sí.

¿Y los demás consejeros?
-Menos, mucho menos.

¿Es machista el consejo?
-Son seis hombres y cuatro mujeres. No puedo meterlos a todos en el mismo saco. Hay diversidad, pero también hay machismo en el mundo de los DD.HH..

¿En qué más se notaba ese machismo?
-En la descalificación permanente a nuestras opiniones. Puedes llamar a cualquiera de las demás consejeras y te va a contestar lo mismo.

¿Existe un temor por el daño a la imagen del Instituto?
-Los defensores de DD.HH. tenemos un solo capital que es la verdad. El día que un defensor de DD.HH. deja de ser creíble, pierde todo su poder. Y me preocupa el prestigio del Instituto en esa materia. Porque así como hoy uno puede mentir en algo, mañana uno puede hacerlo en temas de tortura. Entonces, me preocupa que se tire al suelo un capital que es esencial para la protección de los DD.HH., especialmente en un país que tiene una historia que nos hizo aprender a golpes durísimos. Y el exdirector ha señalado cosas donde la evidencia demuestra lo contrario.